Llega el invierno y los padres se preparan para batallar los resfríos y catarros de los más chicos. Durante esta época del año, los niños son más vulnerables ya que los mecanismos de defensa del aparato respiratorio se debilitan y son más propensos a un contagio. Dado este contexto es fundamental mantener una buena alimentación para preparar su sistema inmunológico.

Gran parte de la salud pasa por la nutrición y en invierno, con el frío, los días con menos luz solar y la rutina escolar, es cuando más se debe prestar atención a las comidas para que los pequeños puedan disfrutar llenos de energía y saludablemente.

El cuerpo pide calor 

Durante estos meses hay que mantener lo más estable posible la temperatura corporal y el organismo gasta grandes cantidades de energía para equilibrarla.

Los niños tienden a pedir más carbohidratos, y es que cuando hay menos horas de luz solar, el clima frío reduce los niveles de serotonina almacenados en el cerebro. Es entonces que, para compensar los bajos niveles de esta hormona, el cerebro se encarga de pedirle al cuerpo una fuente de energía que genere un efecto similar en el organismo.

Es precisamente por esto que surge la necesidad de alimentarse con comidas ricas en grasas y carbohidratos. No sólo son beneficiosos por la sensación de confort que producen al ingerirlos, sino también porque ayudan a mantener la temperatura, con el ahorro energético que ello supone.

Nutrientes

El menú invernal adecuado para los más chicos deberá incluir vitaminas, minerales y antioxidantes. La vitamina C es la encargada de potenciar el sistema inmunológico. Actúa ayudando a las células a defenderse de los virus e infecciones. Las frutas y verduras son ricas en esta vitamina, especialmente los cítricos como las mandarinas, naranjas y limones; también tienen un alto contenido los kiwis, las espinacas, zanahorias y los pimientos.

La vitamina A protege la piel y las mucosas de las posibles infecciones. Al igual que la vitamina C, es antioxidante, y ayuda a prevenir los resfriados. Los rayos ultravioletas de la luz solar son los responsables de producir esta vitamina, por eso es importante que durante el invierno (cuando la exposición al sol es más limitada) se incluyan fuentes de vitamina D en la dieta de los niños.

Se encuentra en los productos lácteos como el queso, la manteca y yogures, también en el pescado, mariscos, zanahorias, calabazas, huevos e hígado, entre otros. Los minerales como el hierro son fundamentales para estimular la inmunidad y la resistencia física. Para cubrir su aporte, es preciso consumir carne o pescado y legumbres. El hierro es muy importante en edades tempranas ya que su deficiencia afecta el comportamiento del niño y su proceso de aprendizaje. Otros minerales como el magnesio evitan el cansancio y fortalecen el organismo. Su carencia puede provocar falta de memoria, por lo tanto, es esencial para el buen rendimiento escolar. Está presente en el cacao, las nueces, avellanas, almendras y semillas de girasol.

En términos generales, algunos platos que no pueden faltar durante la época invernal son los guisos y sopas calientes, idealmente acompañados por legumbres o pastas. Las papas y batatas son alimentos ricos en hidratos de carbono, ayudan a mantener las reservas de calor y a los chicos les encantan. El ajo y la cebolla son fundamentales debido a sus componentes protectores como la alicina, un antibiótico natural. El jengibre protege la garganta, es expectorante y antiinflamatorio, muy útil para combatir infecciones típicas del invierno.

Por último, un buen vaso de leche caliente es un remedio clásico y rápido para que los pequeños entren en calor, ya sea en el desayuno, merienda o antes de dormir. Además, es indispensable para el crecimiento y desarrollo debido a su gran aporte de calcio.