Existen diversas enfermedades que afectan al sistema respiratorio, algunas de ellas curables con el tratamiento debido y sin consecuencias. Pero también hay otros males de mayor gravedad si no se los trata adecuadamente y en tiempo. Entre este grupo de mayores riesgos aparece la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), que se caracteriza por un bloqueo persistente del flujo de aire, y que puede tener imprevisibles consecuencias.

El doctor Manuel Molina Pico (M.N. 111.549) sostuvo que “se trata de una enfermedad subdiagnosticada y potencialmente mortal que altera la respiración normal y no es totalmente reversible”. Cabe destacar que hay dos formas principales de EPOC: 1) la bronquitis crónica, definida clínicamente por la presencia de tos que produce expectoración durante al menos tres meses al año por más de dos años y 2) el enfisema, que está caracterizado por la pérdida de la elasticidad pulmonar, la destrucción de las estructuras que soportan el alvéolo y la destrucción de capilares que suministran sangre al alvéolo.

Opinión calificada

“La mayoría de las personas con EPOC tiene una combinación de ambas afecciones. Además, puede producir alta presión arterial en los pulmones (hipertensión pulmonar), la cual puede dar lugar a un tipo de enfermedad del corazón denominada cardiopatía pulmonar”, detalló el profesional.

Algo confirmado es que la causa principal de la EPOC es el tabaquismo y cuanto más fume la persona, mayor probabilidad tendrá de desarrollarla. Por otro lado, la deficiencia de alfa-1 antitripsina, una proteína que circula en la sangre, es un trastorno hereditario que puede causar EPOC y que afecta a entre el 1 y el 3% de los pacientes que tienen la enfermedad.

“La enfermedad se inicia, típicamente, en personas que han sido fumadoras durante más de 10 años, lapso durante el cual no existían síntomas o pasaban desapercibidos”, explicó el también director médico de Vittal. La primera de las manifestaciones es la aparición de tos crónica y productiva(con expectoración).

Con el transcurso del tiempo, las alteraciones respiratorias y las crisis de tos productiva se tornan más frecuentes y aparecen incluso en reposo. Por otra parte, la deficiencia de oxígeno y la acumulación de dióxido de carbono pueden dar lugar a dolores de cabeza, insomnio, irritación y alteraciones en el rendimiento intelectual. El diagnóstico de EPOC debe ser considerado en cualquier paciente que tenga síntomas crónicos de tos, expectoración, disnea, y/o historia de exposición a factores de riesgo para la enfermedad, como el tabaquismo.

Factores de riesgo

Los otros factores de riesgo a mencionar incluyen: componentes hereditarios, fumadores pasivos, exposición a la contaminación ambiental o laboral y antecedentes de enfermedades respiratorias en la infancia. La presencia de la EPOC se confirma con una prueba diagnóstica simple, llamada espirometría, que mide la cantidad y la velocidad del aire inspirado y espirado. Algunas veces es necesario hacer un examen de sangre para medir las cantidades de oxígeno y dióxido de carbono. Como tiene una evolución lenta, generalmente se diagnostica en personas de 40 años o más. La pérdida de la capacidad física y de la aptitud laboral que se dan como consecuencia provocan con frecuencia un cuadro de depresión o malestar psicológico.

Para detectar la presencia de la EPOC, Molina Pico enumeró algunos de los síntomas: tos con moco, dificultad respiratoria (disnea) que empeora con actividad leve, infecciones respiratorias frecuentes y sibilancias.

Los tratamientos

Por estos motivos que se enumeraron, son de importancia la prevención y el tratamiento. “El hecho de no fumar previene la mayoría de los casos de EPOC. Existen programas para dejar el hábito e incluso hay medicamentos que ayudan y son más efectivos si una persona está motivada para dejar el cigarrillo”, opinó el especialista.

Los distintos tratamientos para tratar la EPOC una vez que aparece incluyen vacunas (gripe y neumonía), tratamiento agresivo de infecciones pulmonares (antibiótico), broncodilatadores, corticosteroides, oxígeno suplementario, programa de ejercicios supervisado, apoyo psicológico/familiar para evitar el aislamiento, planificar la alimentación para evitar tanto un sobrepeso como una desnutrición, y cirugía (reducción del volumen del pulmón y trasplante de pulmón).

Por su parte, la rehabilitación cubre problemas no pulmonares que afectan a estos pacientes, como falta de acondicionamiento físico, aislamiento social, alteraciones emocionales (en especial la depresión), pérdida de masa muscular por desuso y posiblemente también por un defecto muscular particular de esta enfermedad que sería reversible con la rehabilitación respiratoria.

“Entre los objetivos de esta terapia figuran reducir los síntomas, mejorar la calidad de vida, mejorar el rendimiento físico y lograr la reinserción social del paciente”, concluyó el profesional, que agregó que el tratamiento de las manifestaciones pulmonares de la deficiencia de alfa-1 antitripsina no difiere del tratamiento estándar de la EPOC.

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