Como bien dicen que la antigüedad es un grado, me voy a tomar la licencia de usar la primera persona -algo contra lo que siempre me rebelé, aun con las notas firmadas para explicar lo que significó la cuarta edición de “Héroes y Personajes del Pueblo”, suplemento que compila todas las historias que durante el año les dieron vida a las distintas ediciones de Crónica.

Con más de 40 tacos de almanaque arrancados en esto del periodismo y mucha suela gastada en caminar redacciones, uno suele pensar que ya vio y sintió todo. Sin embargo, está claro que la experiencia no exime de vivir nuevas emociones, de esas que humedecen los ojos y estrechan al extremo la garganta.

Algo de eso me pasó al ver tanta gente reunida en el moderno y sofisticado estudio de Crónica TV, realidad que se multiplicó por mil cuando alguna mamá o algún chico con capacidad diferente me apretó en un abrazo y agradeció por la difusión que se le brindó a cada uno de sus casos. Fue como si una explosión de orgullo, producto de un sinfín de sensaciones, hiciera estallar mi pecho.

Por un lado, la alegría de poder decir “tarea cumplida”; por otro, la profunda satisfacción de saber que tengo el honor de trabajar junto a compañeros que son verdaderos profesionales, que estuvieron semanas enteras abocados a una producción donde la premisa fue no dejar nada librado al azar.

Ahora, con todo ese material volcado al papel y listo para ganar la calle, la llama del ego parece reavivarse y permite comprobar, una vez más, el compromiso que tiene Crónica con su gente, esa que la sigue desde hace más de 54 años.

Héroes... no es otra cosa que el reflejo de un grupo de gente que desde el anonimato hace Patria. El joven que arma un merendero y les da de comer a decenas de chicos; ese médico que dedica un día entero a curar a los que menos tienen; los bomberos que arriesgan su vida por la de los demás, o los que desde que se levantan luchan por incluir a los discriminados. Gente con pasión y que entiende que para ser feliz es fundamental enamorarse de lo que hace.