Uno de cada cuatro nenes en edad escolar puede tener problemas visuales no detectados, como miopía (ver mal de lejos), hipermetropía (problemas de enfoque), astigmatismo (ver desdibujado de lejos y de cerca) o ambliopía ( llamado "ojo vago, débil o perezoso").

Es clave detectar estos problemas a tiempo, visitando al oftalmólogo. Caso contrario pueden generar una estimulación visual deficiente en el crítico período de desarrollo y plasticidad cerebral (en los primeros 8 años de vida). Esta falta de estímulo puede evolucionar hacia un ojo que no desarrolla su visión normal durante la infancia.

"La ambliopía, como se la conoce a esta patología, ocurre en el 2% de la población general y representa la causa más común de discapacidad visual en los más pequeños.Sin embargo, de ser diagnosticada de forma temprana y con el tratamiento correspondiente, se puede corregir sin dejar secuelas en los chicos", explica la doctora Betty G. Arteaga, médica oftalmóloga del Hospital Italiano de Buenos Aires (M.N. 112.149).

Visión y rendimiento

El bajo rendimiento en la escuela de uno de cada tres chicos se puede relacionar con problemas no descubiertos a tiempo.

"El 80% de la información que recibimos llega a nuestro cerebro a través del sentido de la vista. Esto puede llevarnos a creer que un chico tiene problemas de aprendizaje cuando en realidad la dificultad puede radicar en un problema de visión pasado por alto", advierte Arteaga.

La mejor forma de prevenir inconvenientes en los ojos de los niños es estar atentos a cualquier indicio de posibles problemas visuales y, de detectar algo que llame la atención, consultar inmediatamente con el médico oftalmólogo. Pero ¿cuáles son esas señales de alerta?

La especialista aconseja estar atentos a los siguientes indicios: si el niño se acerca demasiado a la televisión o a un texto al leer o escribir; si entrecierra los ojos para mirar o enfocar; si se sale de los espacios al colorear un dibujo; si tiene bajo rendimiento escolar; si sufre de mareos, náuseas, dolor de cabeza o de ojos; si tiene cansancio visual o enrojecimiento; lectura lenta o déficit de atención.

Los controles oftalmológicos recomendados para bebés y niños son estos: el primero al nacer; luego, a los 18 meses de vida, y desde los 3 años conviene realizar un control anual.

Es clave realizar una visita al oftalmólogo un mes antes del inicio de clases para que el nene se acostumbre a los anteojos en caso de que le fueran recetados. Así se evitarán problemas en la visión que puedan afectar directamente al menor en su proceso de aprendizaje e incluso en su vida social.

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