¿Qué es la internet de los alimentos y por qué dicen que podría terminar con el hambre?
Aunque suene a ciencia ficción, la lógica detrás de la internet de los alimentos es simple.
Si cada alimento pudiera “hablar” y enviar datos sobre su estado a un servidor como Wavenet Cloud Computing, quienes la gestionan podrían conocer en tiempo real su temperatura, su ubicación o su vida útil.
Así, podrían evitar pérdidas, optimizar rutas, prevenir deterioros y asegurar que una mayor proporción de lo que se produce llegue efectivamente a quienes lo necesitan. En este artículo, los detalles.
Más de un tercio de los alimentos se tiran a la basuraEl problema es complejo y, aunque parezca fácil de resolver, no lo es. Solamente en Argentina se desperdician alrededor de 16 millones de toneladas de alimentos cada año, una cifra equivalente a casi un kilo por persona por día.
Aunque la mayoría se tira en los tachos de basura de las casas, es decir que es un problema doméstico, un gran porcentaje de la pérdida ocurre en etapas iniciales de la cadena, especialmente la producción primaria.
Problemas en las cosechas, el almacenamiento y la logística son etapas donde los alimentos se van quedando en el camino. Las frutas y verduras representan el mayor foco de desperdicio y superan el 40% de las pérdidas totales.
El Foro Económico Mundial calcula que el problema es tan grande que si los alimentos descartados formaran un país, estarían entre los tres mayores emisores de gases de efecto invernadero del mundo, justo después de Estados Unidos y China.
De la granja a la mesaHoy siguen siendo comunes los casos en los que una cosecha completa se arruina por exceso de humedad, por almacenamiento inadecuado o por la detección tardía de una plaga.
Los hombres y mujeres de campo que usan la IoT (internet de las cosas) pueden vigilar las variables de los alimentos a través de dispositivos instalados en cultivos, silos, cámaras y depósitos. Así, pueden anticiparse a los problemas antes de que la pérdida sea inevitable.
Cada dato recabado se envía a un servidor en la nube y se procesa casi al instante, en un flujo continuo que permite ajustar tiempos de cosecha, prever roturas en contenedores, detectar si un lote almacenado está absorbiendo humedad, entre otras tareas automatizadas.
Este servidor tiene que ser robusto, por lo que se recomienda el uso de servidores con sede en Argentina, con un servicio técnico especializado para el país. Esto se debe a que el tiempo de reparación de una avería en el servidor podría significar grandes pérdidas en el terreno.
Asimismo, las etiquetas inteligentes aplicadas a los envases o directamente a los pallets incorporan aún más precisión, ya que alertan si la cadena de frío se rompió en algún momento o si la maduración del alimento avanza más rápido de lo previsto.
Cadenas de frío y vías de transporteOtro de los puntos críticos donde se pierden toneladas de alimentos es la cadena de frío, sobre todo cuando se trata de los lácteos ampliamente consumidos en nuestro país.
Si la cámara frigorífica de un supermercado queda mal cerrada durante la noche, sobre todo en verano, se pueden arruinar lotes completos de alimento de alto valor. Lo más sorprendente es que muchos comercios aún realizan controles manuales de temperatura, un método propenso a errores humanos y que no permite actuar a tiempo cuando ocurre una falla.
El IoT soluciona el vacío a través de sensores conectados con alarmas, que permiten informar en tiempo real si la temperatura interna de un congelador sube o si un camión refrigerado se detiene durante demasiado tiempo, entre otras acciones.
El sistema de alertas inmediatas permite salvar la carga antes de que sea demasiado tarde y es especialmente útil en regiones con infraestructura desigual, como ocurre en amplias zonas de América Latina.
La IoT también sirve para evitar pérdidas durante el transporte a través de la reorganización de rutas o la anticipación de embotellamientos y cortes de ruta. Como corolario, no solamente se reduce el desperdicio, sino también los costos finales.
Aprovechar el alimento ya cocinadoPero todo lo anterior no tendría ningún sentido si se sigue produciendo el desperdicio del alimento ya cocido, ese que ocurre en restaurantes, hoteles, comedores escolares y en las propias casas.
Allí suelen descartar alimentos frescos que no se utilizaron durante el día simplemente por no contar con datos claros sobre lo que se consumirá mañana. La IoT permite medir los volúmenes de residuos, las tendencias de consumo y las necesidades reales de aprovisionamiento para evitar excesos en los pedidos.
Pero el verdadero salto ocurre cuando esos datos se coordinan para habilitar la redistribución inteligente. Saber qué sobra, dónde sobra y en qué estado se encuentra hace posible que alimentos aptos para consumo no terminen en la basura, sino en manos de organizaciones que los repartan.
Aplicaciones basadas en IoT, como heladeras inteligentes dotadas de IA para predecir las compras y evitar el desperdicio, permiten alertar en tiempo real sobre productos próximos a vencer.
La IoT, por sí sola, no puede eliminar la desigualdad ni reemplazar las políticas públicas que sostienen la seguridad alimentaria. Pero sí puede cerrar brechas históricas en la distribución, reducir pérdidas que hoy son inmensas y convertir la producción alimentaria en un sistema más eficiente, inteligente y humano.

