La expulsión polémica

“En el Mundial de Inglaterra del ’66 teníamos un equipazo digno de ser mencionado: Roma; Ferreiro, Perfumo, Albrecht y Marzolini; Solari, Rattin y Gonzalito; Onega, Artime y Mas. D.T.: Juan Carlos Lorenzo", recordó Antonio Ubaldo Rattín, en dialogo con Crónica.

Luego recordó que "el debut fue auspicioso derrotamos a España por 2 a 1, con dos goles de Artime. Empatamos con Alemania 0 a 0 con un hombre menos, expulsado Rafael Albrecht. Ganamos ante Suiza por 2 a 0, con goles de Artime y el ‘Ronco’ Onega. Un triunfo que festejamos mucho, sirvió para pasar a cuartos de final. El tema del arbitraje estuvo digitado, dio la “casualidad” que “le tocó” a un inglés dirigir a Alemania-Uruguay y a un árbitro alemán para Inglaterra-Argentina.

"Creo que la culpa la tuvo El Toto Lorenzo, antes de entrar a la cancha me dijo: ‘como capitán tiene el derecho de pedir explicaciones al referí frente a un fallo dudoso’. El alemán dirigía de manera “tendenciosa”. Los ingleses jugaban fuerte, pegaban como locos y él lo pasaba por alto. Pero si nosotros respondíamos, inmediatamente nos amonestaba en una libreta; no había tarjeta amarilla. Siguiendo las instrucciones de Lorenzo pedí un intérprete para aclarar las cosas. El referí consideró mi actitud como un desacato a la autoridad. Le mostré la banda de capitán creyendo que con eso resolvía la cuestión. Ingresó el intérprete para decirme que estaba expulsado" aseguró Rattin.

Más tarde indicó que tras esta situación: "Salí y me senté sobre la alfombra roja que unía el palco real con el césped, la reina no se encontraba en el estadio. Al rato me paré y fui caminando por el costado de la cancha (en Wembley no había túnel) hasta los vestuarios. En el trayecto me tiraron chocolates, un inglés un escupitajo que me dolió hasta el alma, cuando llegué al banderín del córner, que era la bandera inglesa, lo retorcí con odio y los puteé a todos. Ahí se enfurecieron y tuve que apurar el paso porque me mataban. Fui despedido con el grito de “¡Animals…!” y hoy lo volvería a retorcer el banderín porque fue una traición muy injusta, como una puñalada por la espalda.

Por último dijo "Al tiempo fuimos a jugar a Mónaco y el príncipe Rainiero III me entregó una hermosa medalla, con el rostro de la princesa Grace de un lado y el suyo del otro. Me emocioné cuando se solidarizó con la expulsión sufrida en Wembley, me sorprendió"
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Un poco de historia

Todos, tanto sus compañeros como los periodistas especializados, coinciden que el Rata, como le dicen cariñosamente, más que ídolo fue el símbolo de Boca.

En su carrera se puso solamente una sola camiseta: la azul y oro. Un mérito que muy pocos ostentan.
Dentro de la cancha se transformaba, fluía su temperamento, personalidad ganadora y un despliegue físico incomparable.

En el momento exacto empujaba al equipo porque su lectura era sorprendente. ¡Nunca se daba por vencido! Sabía elevarse bien en los centros, tanto en defensa como en ataque, se proyectaba con criterio y buscaba el arco.

Convirtió 30 goles y la mayoría decisivos. Su figura imponía respeto, hacía sentir su presencia y jugaba igual en cualquier cancha. Fue capitán muchos años, por lo tanto tenía fuerte predicamento en todos sus compañeros. También es importante marcar su nivel de profesionalidad, el primero en llegar y el último en irse en los entrenamientos, siempre alejado del ruido y la noche. Es el día de hoy que se acuesta a las 10 de la noche y se levanta a las 6 de la mañana. En Boca le trajeron muchos jugadores en su mismo puesto, pero nadie lo superó. Cuando llegó Dino Sani, que era un crack, campeón Mundial con la Selección de Brasil en Suecia 1958, todos pensaron que perdería la titularidad y al final no pudo jugar, la número 5 era de Rattín.