Cayó por una huella imborrable: 30 años de cárcel para el violador serial de Quilmes

El perfil genético de un condenado por abuso sexual coincidió con las pruebas de cuatro ataques. La Justicia lo encontró culpable y dictó una dura condena.

El Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) Nº 1 de Quilmes condenó a 30 años de prisión a un hombre de 40 años tras encontrarlo culpable de cometer una serie de abusos sexuales contra cuatro jóvenes en distintos hechos ocurridos entre 2010 y 2013 en el distrito.

El tribunal, integrado por los jueces Fernando Celesia, María Cecilia Maffei y Analía Reyes, consideró acreditada la responsabilidad del acusado en cuatro ataques perpetrados con un mismo modus operandi en la vía pública. Durante el juicio, Figueroa pidió perdón a las víctimas antes de conocerse el veredicto.

La fiscal de juicio, María de los Ángeles Attarian Mena, sostuvo la acusación y logró demostrar que el imputado fue autor de dos violaciones ocurridas en 2013, una en 2012 y otra en 2010. Por esos hechos fue condenado por los delitos de abuso sexual con acceso carnal agravado por el uso de armas y robo agravado por el uso de armas.

Uno de los aspectos más relevantes de la causa fue que el acusado pudo ser identificado a partir de una coincidencia genética obtenida mediante el Banco de Datos Genéticos de la provincia de Buenos Aires, en lo que constituyó el primer juicio de estas características en el Departamento Judicial Quilmes.

Durante el debate declaró Walter Bozzo, bioquímico genetista y coordinador del Banco de Datos Genéticos bonaerense, quien explicó el procedimiento que permitió identificar al responsable.

El especialista detalló que las muestras biológicas obtenidas en las investigaciones de los distintos ataques fueron comparadas con perfiles genéticos almacenados en la base de datos. Esa comparación arrojó una coincidencia con el perfil de Figueroa, cuyo ADN ya se encontraba incorporado al registro debido a una condena anterior por abuso sexual.

Bozzo precisó además que el Banco de Datos Genéticos trabaja con códigos y no con nombres, preservando la identidad de las personas registradas. Tras detectar la coincidencia, el organismo notificó a la fiscalía, que ordenó una nueva extracción de ADN al sospechoso. El posterior cotejo confirmó que el perfil genético era compatible con las evidencias recolectadas en las escenas de los hechos, lo que permitió fortalecer la acusación que finalmente derivó en la condena a 30 años de prisión.

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