Cuando se enteró por Whatsapp de la desaparición del pesquero "Rigel" el corazón le dio un vuelco: no sólo conocía a la tripulación, sino que él mismo podría haber estado con ellos. Félix Segovia es marinero y en los dos últimos meses trabajó en el pesquero en dos oportunidades. "Estaba en mal estado", asegura y explica por qué no viajó: quería ir a ver a su hijo que vive en Jujuy.

Mientras continúan las tareas de búsqueda en el área de desaparición -cerca de Rawson- Segovia, de treinta años, cuenta su experiencia. "El barco estaba en mal estado, sobre todo en el tema de las máquinas, la electricidad. Se apagaba el generador y quedábamos a oscuras. Se nos legó a apagar el motor dos veces y quedamos al garete (sin control), entonces bajaba el maquinista y trataba de encenderlo rápido", relata en diálogo con el diario marplatense La Capital y asegura que el capitán Salvador "Toti" Taliercio le había indicado que iban a arreglar el motor antes del último viaje. "Pero se fueron sin probarlo, sólo dieron una vuelta por acá", advierte.

Su hipótesis

"Cuando se apaga el motor el barco se tira para una banda aunque salta automáticamente el piloto automático. Para mí es lo que pasó, se puso el barco de costado y una ola los dio vuelta. Los chicos quedaron adentro", sostiene el marinero. A pesar de asegurar que el barco no estaba en buen estado, Segovia sostiene que contenía todos los elementos de seguridad necesarios para un salvataje.

"Tenía los chalecos, los salvavidas circulares, las radiobalizas, la balsa, en las cuchetas estaban todos los elementos necesarios, pero acá el problema fue el motor", repite. "Con mal tiempo -describe- el barco sube y baja todo el tiempo y te descomponés. La única manera de que se te pase es acostándote. Ellos se acostaron todos, sólo Toti quedó en la timonera", aventura. "La única manera de salir es por la timonera, porque las puertas abren para afuera y no se pueden abrir por la presión del agua, y en la timonera se abren para adentro. Toti salió y es el único que encontraron. Tengo fe en que los chicos están ahí".

Los controles, antes de zarpar, corren por cuenta de Prefectura. "No los tendrían que haber dejado ir porque sabían que el barco es viejo", dice Segovia con dolor. Ése dolor por la pérdida y al mismo tiempo, por haberse sentido tan cerca de la muerte. "Estás allá -dice sin dejar de mirar el mar- y estás en las manos de Dios. Puede estar soleado pero cambia el viento y todo puede suceder", reflexiona. Y la desaparición del pesquero no hace más que darle la razón.