Por Matías Resano
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"Mamá, ¿por qué estoy así?", pregunta Martina a su mamá. Ella se moviliza en sillas de ruedas desde que por una agresión que sufrió en la escuela, quedó sin movilidad en las piernas. La pequeña, quien sufre de retraso madurativo, era víctima de bullying, y su mamá había informado al respecto a las autoridades escolares, sin obtener respuesta. Por ello fue que durante un recreo dos compañeras la empujaron y al caer al suelo, Martina golpeó contra unos escombros de forma tal que se lesionó su columna de forma permanente.

En septiembre de 2017, la Escuela N° 5 de la localidad bonaerense de San Miguel estaba en obras, reformando el baño y uno de sus patios. Por esta razón, se suspendieron las clases durante una semana, y el 13, cuando regresaron a las aulas, Martina corría por el patio externo, durante el recreo. En ese instante, una de las chicas que siempre la acosaba la empujó. La niña, que sufre retraso madurativo, cayó primero sobre unas piedras; luego, contra materiales de construcción y finalmente dio contra un cantero. Ninguna autoridad escolar vio lo que ocurrió. La niña debió esperar media hora hasta que finalmente llegó el servicio de emergencia. El diagnóstico no fue el adecuado: Martina no quedó internada y regresó a su casa con dificultades al caminar.

Las dolencias se agudizaron y 48 horas después ya no podía caminar. Desde ese momento, Martina depende de una silla de ruedas para moverse. "Mami, ¿cuándo voy a ponerme mejor? Así no puedo hacer nada", cuenta Andrea, su madre, que pregunta a diario. Lo cierto es que, hasta el momento, no encuentra respuesta para ello porque los médicos aún no dieron un diagnóstico sobre su caso. De hecho, próximamente será evaluada en el Hospital Garrahan.
 

Sin respuesta

"La directora sabía que le hacían bullying, y no hizo nada. Me prometieron que iban a hacer algo y no actuaron. Ahora tratan de minimizar lo que pasó", cuenta Andrea con dolor. "La maltrataban, le decían ´negra sucia´, la golpeaban y hasta le sacaban la comida", agrega.

Lo cierto es que Martina padece, además de neurofibromatosis, un retraso madurativo y ahora, la aqueja esta dolencia de la que aún no encuentran una explicación. Su mamá se lamenta por el hecho de que, si hubieran actuado a tiempo protegiendo a su hija, hoy ella podría moverse por sus propios medios e incluso podría asistir a la escuela. En efecto, desde que perdió la movilidad, la pequeña recibe clases en su casa. Ella sólo espera recuperar lo que perdió.