El tiburón gatopardo es una de las especies más buscadas y capturadas durante la temporada de pesca en el mar argentino, pero aún no existen normas que regulen esta acividad deportiva con sacrificio de esa especie, más allá de la denominada área protegida.

En la costa norte de Buenos Aires, la regulación y los controles son escasos, y existen zonas críticas sin protección efectiva, en cambio en Negro y Chubut, no hay normativas con respecto a este tipo de especímenes.

Aunque se trata de un tiburón vulnerable a nivel global, en el Atlántico Sudoccidental faltan datos locales para determinar su estado de conservación., todo esto teniendo en cuenta que se trata d. una especie longeva y de madurez reproductiva tardía, que se estima que se categorizará como amenazada cuando se obtenga más información.

Más del 60% de pescadores deportivos entrevistados indicaron una disminución del 80% en las capturas de gatopardo en las costas argentinas durante su carrera pesquera.

El coordinador de la iniciativa de rayas y tiburones de la organización dedicada a la conservación de la biodiversidad WCS Argentina e investigador de la Universidad Nacional de La Plata, Juan Martín Cuevas, habló con el medio Río Negro y manifestó que: "Actualmente, en la provincia de Río Negro existe una sola reglamentación relativa a la pesca deportiva dirigida a grandes tiburones costeros, como el gatopardo. Pero esa norma solo se limita al Área Natural Protegida Punta Bermeja. Por eso, es imperante regular esta actividad en toda la provincia, así como en Chubut y Santa Cruz".

Así es un tiburón gatopardo.

Los grandes tiburones costeros no reconocen los límites jurisdiccionales. Para que su conservación sea efectiva, se necesita la coordinación de esfuerzos provinciales y nacionales, dentro y fuera de las áreas protegidas.

Hay varias zonas del mar argentino en la que no está legislada la práctica deportiva con sacrificio del tiburón gatopardo.

"En el caso del gatopardo y otras especies de grandes tiburones costeros, sabemos que sus principales amenazas son la pesca comercial (artesanal e industrial) no dirigida y la pesca deportiva dirigida no regulada. En ambos casos, falta un monitoreo del impacto sobre la especie", señaló.

 "Es fundamental avanzar en la investigación sobre los grandes tiburones y el resto de los peces con cartílago (rayas, chuchos y peces gallo); y en particular, de las especies endémicas (como gatuzo, guitarra y peces ángel), es decir, aquellas que solo habitan nuestras aguas en el Atlántico Sudoccidental", añadió.

Además, adelantó que "hay en marcha esfuerzos de organismos regionales como la Comisión Técnica Mixta del Frente Marítimo; universidades, institutos de investigación, la Subsecretaría de Pesca de la Provincia de Río Negro, que recientemente prohibió la pesca objetivo de condrictios; organizaciones de la sociedad civil dedicadas al ambiente, y pescadores deportivos. Sólo podemos conservar en la medida que consideremos que son especies frágiles y vulnerables”.

Hasta el momento, la información oficial indica que el impacto de la actividad es bajo y su captura es incidental.