Por Florencia Bombini
@florbombini

Mauro Ibáñez tiene 70 años y desde hace cuatro se acostumbró a convivir con un enfisema pulmonar que le implica manejarse en silla de ruedas y realizarse diálisis tres veces por semana en el Hospital Churruca, de la ciudad de Buenos Aires.

El hombre, quien vive con su mujer y con su hijo en José C. Paz, se ve obligado a luchar a diario contra el estado de las calles que no le permiten subir a la ambulancia cada vez que viaja a dicho centro de salud. Es decir, el ingreso de la ambulancia es un requisito indispensable para la salud de Mauro, así como también los vehículos que le llevan oxígeno para reponer. Si esto no ocurre, su cuadro puede empeorar notablemente hasta terminar con su vida.

Mauro vive en la calle Atahualpa al 3300 de ese partido bonaerense, cuya superficie es de tierra, por lo que en días de lluvia se convierte en un lodazal, intransitable para cualquier rodado. Y en verano, confesó el hombre, la situación es insostenible, pues los vecinos suelen descargar el agua de las piletas.

En diálogo con Crónica, Ibáñez elevó un pedido casi desesperado ante la falta de respuesta de la municipalidad, adonde se dirigió en reiteradas oportunidades pero no tuvo éxito.

"Necesito que reparen las calles", señaló el hombre, ex policía federal, quien relató que el año pasado "uno de los ambulancieros se cayó y yo me caí en medio del barro". En tanto, denunció que le pidieron hasta 6.000 pesos por arreglar el sector de su casa, oferta que no aceptó dado que ese trabajo es municipal. Además, destacó que "son siete cuadras las que hay que arreglar, entre Bogotá y Verapaz".

Rutina

Para realizar su tratamiento, Mauro debe asistir martes, jueves y sábados al Hospital Churruca, donde se hace diálisis durante cuatro horas.

"La ambulancia me lleva y me trae, pero no puede entrar porque la calle está destruida", explicó, con la agitación que le implica esa maldita enfermedad. La situación es tal que "el ambulanciero tiene que estar sosteniendo los tubos porque con los pozos que hay se caen".  Lo mismo ocurre cuando le llevan el oxígeno.

"Aquí ni siquiera hay vereda, yo no puedo seguir de esta manera, porque está en riesgo mi vida", siguió, indignado, el hombre que también lucha contra los cortes de luz y que sobrevive con tres mochilas y cuatro tubos de oxígeno.

Voluntad y ganas de vivir es lo que le sobra a Mauro, quien admitió que aún sobrevive "gracias a los médicos", quienes se las rebuscan para llevarlo y traerlo del Churruca. Sin embargo, el hombre debe lidiar con los cortes de luz y con la falta de obras del municipio.

Ni siquiera, denunció, recibe una respuesta algo esperanzadora cuando se acerca a las oficinas a reclamar. Pero él sigue luchando desde su lugar, contra viento y marea.