Por Melina Rodríguez
@melinardguez

Daniela Aza tiene 34 años, se recibió de licenciada en Comunicación en la UBA, tiene artrogriposis y se dedica a derribar mitos y tabúes sobre las personas con discapacidad a través de su cuenta de Instagram @shinebrightamc. "Las personas con discapacidad también somos lindas, tenemos pareja, nos queremos vestir a la moda y luchamos por trabajar de lo que nos gusta. La sociedad debe educarse para dejar de mirarnos con lástima y compación", dijo la mujer en diálogo con Crónica.com.ar.

La joven, que vive en el barrio porteño de Caballito, trabaja como influencer y está casada hace un año, destacó que pudo cumplir sus sueños gracias a la actitud que tomó su familia al enterarse que padecía artrogriposis, una condición que afecta las articulaciones. "Aunque los médicos dijeron que era probable que yo no aprendiera a caminar nunca, mis padres nunca bajaron los brazos, siempre confiaron en mí y en mis capacidades. No solo no me discriminaron sino que me ayudaron a salir adelante y, acá estoy, dejando la misma enseñanza a través de las redes", relató la mujer. 

La mirada de su familia fue tan importante en su vida que busca que la sociedad aprenda a tratar de la misma forma a las personas con discapacidad. "Es importante no juzgar y dejar de limitar. Somos personas al igual que los demás, solo que con algunas dificultades. La sociedad nos cree tan diferentes que nos discriminan. Creen que si nos dan trabajo, vamos a faltar todos los días. Piensan que no nos gusta vestirnos a la moda y los vendedores no saben cómo tratarnos cuando llegamos a un local. Incluso, se sorprenden al ver que un hombre sin ninguna discapacidad está en pareja conmigo hace 13 años. Por lo tanto, sentí la responsabilidad de utilizar mis redes sociales para generar un cambio", expresó.

Al nacer, los médicos comunicaron que era probable que nunca llegara a caminar.

En cuanto a las mujeres con discapacidad, manifestó: "Vivimos en un mundo lleno de estereotipos y, a nosotras, como a cualquiera, también nos gusta usar ropa a la moda. Sin embargo, cuando llegamos a los locales, los vendedores no saben cómo tratarnos y los probadores son muy pequeños y una no se puede sostener de ningún lado. Nadie trata esos temas, nos excluyen por completo".

"Nosotras también somos lindas y podemos tener pareja. La gente se sorprende cuando ve que una persona sin ninguna discapacidad está en pareja con alguien que tiene capacidades diferentes. Es que todavía creen que nosotras no tenemos relaciones sexuales ni soñamos con ser madres. Por supuesto que están equivocados", agregó.

Al referirse al trabajo inclusivo, dijo: "Piensan que por tener una discapacidad vamos a faltar siempre o que no podemos hacer el trabajo de forma efectiva como el resto de los empleados y no es así. Nosotros podemos estudiar y desarrollar tareas. Incluso, tengo un amigo con artrogriposis que se dedica a la pediatría y la mayor barrera que se enfrentó antes de cumplir su sueño fue la discriminación, no su condición. La persona con discapacidad puede dedicarse a lo que le gusta". 

Luego, expresó: "Me convertí en una influencer de la inclusión porque quiero llevar el mensaje de que nosotros podemos hacer lo mismo que todos pero hace falta cambiar muchos aspectos de la sociedad para ser incluidos. Falta empatía por parte del otro, deben entender que podemos hacer todo lo que nos proponemos. Por supuesto que hay particularidades pero si a eso le agregamos una sociedad que no cree en las personas con discapacidad, las dificultades son aún mayores. Mi objetivo es llegar a las redes a través de las redes sociales para derribar tabúes desde mi experiencia. Es importante transmitir que el diagnóstico no es el destino y que uno puede lograr muchas cosas pero, para eso, hace falta que las cosas cambien".

Su historia

Daniela nació hace 34 años y los médicos informaron a sus padres que, aunque no podían determinar en ese momento qué condición la estaba afectado, era probable que esa bebé jamás pudiera caminar. Pese al diagnóstico desalentador, su familia jamás bajó los brazos y se movilizaron para brindarle tratamientos para que tenga las mejores posibilidades. 

Tras someterse a tratamientos, la menor comenzó a registrar mejorías hasta que logró caminar. Desde muy chiquita, ya sabía que iba a estudiar comunicación porque le encantaba hablar, hacerse escuchar y transmitir sus pensamientos. "En la vida, se me presentaron muchas dificultades. Fue complicado atravesar una adolescencia en una sociedad llena de prejuicios pero siempre tuve el apoyo de mi familia. Pasé por 15 cirugías que me reconstruyeron totalmente pero nunca bajé los brazos. Pude ingresar a la Universidad de Buenos Aires donde logré reibirme de licenciada en Comunicación", relató.

En su paso por el colegio también la pasó mal. "En la escuela es donde más se siente la discriminación y el autoestima en la adolescencia es un tema complicado, yo sentía ese desvío de miradas. Si bien se avanzó en los últimos 34 años, aún es necesario educar a la sociedad desde los institutos. Deben promover la inclusión y la empatía. Deben decirle a los chicos que las personas con discapidad también son buenas, lindas y tienen belleza y valores", manifestó.

A sus 21 años, conoció en un cumpleaños al hombre que la acompaña desde entonces y es su marido desde marzo de 2018, quien es comerciante y licenciado en Ciencias Políticas. "Yo, antes de conocerte a vos, no entendía nada. A tu lado aprendí a respetar más, a empatizar", recuerda que le dijo su esposo.

Y agregó: "El primer día que nos vimos empezamos a charlar y él habló conmigo sin ningún prejuicio. Desde un primer momento me ayudó, empezamos a salir y comenzamos juntos este camino. Mi condición nunca fue un impedimento. Incluso, fortaleció nuestro vínculo. Es mi gran compañero desde hace 13 años. Nos gusta contar nuestra historia de amor porque, entre otras cosas, la gente tiende a creer que una persona con discapacidad puede estar en pareja únicamente con alguien que también tenga una discapacidad y no es así. Hay que derribar mitos del amor, la pareja y el sexo. Se tiende a creer que las personas con discapacidad somos asexuadas y tenemos una vida pasiva, no es así. Nosotros soñamos con ser padres y creemos que lo vamos a poder lograr".

Daniela se casó en marzo de 2018.

Al concluir, manifestó la emocionante repercusión que genera al compartir sus experiencias a través de las redes sociales: "Muchas veces, personas con discapacidad me dicen que soy su voz. Trato de cambiar las cosas desde las pequeñas acciones. Me dicen que leerme les da esperanza y ganas de salir adelante, trato de transmitir energía positiva, que es necesaria para cambiar todo. Lamentablemente, todavía estamos en el modelo de la lástima y la compación. Incluso, muchas personas con discapacidad se sienten así. La gente nos mira como si nos faltara algo, me gustaría encontrar una sociedad a la que no le llame la atención una persona con discapacidad y aprenda a integrarlas como a los demás". 

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