Por Matías Resano
mresano@cronica.com.ar

Un hombre, que padece esquizofrenia y adicciones, mantiene en vilo y en estado de pánico a sus vecinos, como consecuencia de sus constantes y demenciales manifestaciones violentas, por las cuales los residentes de la zona lo llaman “El Loco del Hacha, en referencia al mecanismo con el que ataca a las viviendas linderas.

En las últimas horas internaron al descontrolado sujeto en un centro de salud, pero finalmente escapó y su paradero es desconocido, profundizando el temor de sus víctimas. Aquellos que residen en la calle Cordero al 100, entre Flores de Estrada y José Ingenieros, en Lanús, se han olvidado de lo que es vivir en paz, en un barrio habitualmente tranquilo hasta que aparece “El Loco del Hacha”.

Así lo llaman a Roberto Martín Manolaros, de 43 años, quien desde hace siete años somete a sus vecinos a diferentes muestras de su ira, preferentemente en las madrugadas.

En este sentido, uno de los damnificados, Marcelo, detalló que “al principio revoleaba botellas a las casas. Pero en los últimos cuatro años se tornó cada vez peor, porque ataca a los vecinos”.

Justamente, el propio Marcelo puede dar fe de ello, puesto que en una ocasión Manolaros lo atacó con una barreta y debió ser hospitalizado. No obstante, en la madrugada del último miércoles destrozó a hachazos el portón de su vivienda.

“Es la tercera vez que tuve que reconstruir mi casa por este tipo”, remarcó el vecino. Por su parte, Ramiro, domiciliado en una propiedad lindera a la del agresor, detalló que “este chico tiene esquizofrenia. Rompe las cosas, se mete en las casas de los demás, como me pasó a mí y me destruyó toda la terraza. Además me rayó todo el auto”.

A pesar de semejante accionar extremo, nada lo detiene, en razón de un vacío de intenciones, en primer lugar de sus seres queridos y posteriormente de las autoridades policiales y judiciales, para atender la ira del individuo, quien sufre de esquizofrenia, además de consumir alcohol y drogas, según relataron sus vecinos.

Justamente, a las 14 del pasado jueves, Manolaros fue trasladado a una clínica cercana, pero “escapó; entonces la policía lo vino a buscar a la casa y tampoco estaba”, reveló Marcelo.

En coincidencia, Ramiro dejo en claro que “la policía viene y resuelve el momento, pero no se lo puede llevar porque la familia no firma el pedido de internación en el Juzgado de Familia N° 2”, a cargo de las denuncias vecinales. La familia no hace nada”.

Por ello, ambos demandantes reconocieron que “nosotros lo que queremos es vivir tranquilos. La solución sería que lo internen en un hospital psiquiátrico y no en un clínica en la que lo sedan y a las dos horas se escapa. Es una historia sin fin”.

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