Por Mariano Cerrato
@MarianoDCerrato

La historia argentina fue atravesada durante la primera mitad del siglo XX por dos grandes oleadas de inmigrantes provenientes de Europa. Personas que escapaban de la difícil situación económica y política generada por la Primera y Segunda Guerra Mundial, en busca de mejores oportunidades.

Tal fue el caso de Hilde Rombaut, una mujer belga de 90 años, residente de la localidad bonaerense de Lomas de Zamora desde hace 70, quien decidió en 1949 y pocos años después de que finalizara la invasión del ejército nazi en su país, atravesar junto a su marido el océano atlántico y comenzar una nueva vida juntos en Argentina.

“Conocí a mi marido en el trabajo, los dos ya habíamos pasado la guerra, pero él la sufrió mucho más que yo. Entonces cuando en el año 1948 parecía que podía llegar a desatarse otra guerra en Europa, él me dijo ‘que peleen la guerra, pero sin mí’”, explicó Hilde, en diálogo con Crónica. Sin embargo, antes le tocaría vivir cinco años en un contexto de guerra, en compañía de sus padres y sus dos hermanos, quienes vivían en la localidad belga de San Nicolás, cercana a la frontera con Holanda y a 20 kilómetros de Amberes.

Tiempos difíciles

Cuando el ejército nazi logró tomar Bélgica el 28 de mayo de 1940, Hilde era tan solo una niña de 10 años que, como cualquier otra persona de su edad, se preparaba esa mañana para ir al colegio.A las 7 de la mañana salieron por la radio que los alemanes habían invadido Holanda y Bélgica, pero igualmente nos mandaron al colegio. Había guerra y fuimos al colegio”, señaló la mujer.

Hilde consideró que, si bien siempre le costó mucho entender la decisión de sus padres de enviarla a la escuela, al visitar años más tarde de nuevo Bélgica se encontró con “mucha gente que había hecho lo mismo y fue a la escuela o al trabajo, algo que cree que se debe a que “ya estaba el antecedente de la invasión en la Primera Guerra Mundial” por parte del ejército alemán, entre 1914 y 1918.

Hilde Rombaut junto a Frankie, el gran amor de su vida. 

“Ese día, en el colegio nos hicieron juntar los libros, tuvimos que cruzar una barrera y estaban las tropas, que eran franceses al lado de una vía. Me acuerdo como niña de 10 años que los soldados nos agarraron y nos tiraron al suelo porque estaban los aviones arriba. Ahí conocí lo que era la guerra”, contó Hilde.

Fueron cinco años de ocupación del ejército nazi, que tenía como líder a Adolf Hitler, que culminó recién en febrero de 1945, solo cuatro meses antes de la rendición de los alemanes en junio de ese año. En ese tiempo, señaló quela mayoría de las familias pasaban la mitad de los días dentro de los bunkers”, y que se sufría “desabastecimiento de alimentos”, pero valoró que su familia logró pasar bastante bien esos años, sin pasar por situaciones límite.

“Vivíamos en la ruta por donde pasaban los aviones desde Inglaterra a Alemania. Nosotros somos la única generación que hemos visto cientos de bombarderos en el aire. La tierra temblaba y si algún avión dejaba caer una bomba por error, moríamos todos”, recuerda con terror la belga de 90 años.

"Hemos visto cientos de bombarderos en el aire"

Uno de los peores momentos que le tocó vivir fue cuando cerca de su casa “cayó un bombardero B1”, que voló “el techo y rompió los vidrios” del lugar en donde vivían, aunque Hilde enfatiza que hay quienes tuvieron “peores consecuencias”, como un tío suyo que perdió uno de sus brazos y vecinos que perdieron “su casa por completo”.

Empezar de nuevo

Tras conocer a Frank Engels, el gran amor de su vida, una etapa completamente diferente comenzó para Hilde, ya que juntos tomaron la decisión de venir a vivir a Argentina en 1949, por intermedio de un tío de Frankie (como ella lo llama) que ya vivía en el país.

“Tuvimos la suerte de venir en un barco de carga, un Victory de la guerra que llevaba solo 12 personas como pasajeros. Por eso el barco era casi nuestro”, recuerda Hilde.

Con Frankie vivieron los primeros meses en el país en la casa de su tío en el barrio porteño de Barracas, hasta que lograron sacar un crédito para comprar una casa en Lomas de Zamora, hasta ese momento una ciudad sin tantos habitantes, pero en pleno crecimiento.

En esta ciudad, Hilde formó una familia, tuvo dos hijas, varios nietos y bisnietos, con algunos de ellos viviendo en Australia, ya que una de sus hijas se fue a vivir a ese país en 1987.

Felices y en familia, los Engels varias décadas atrás. 

En su vida fue ama de casa, mientras su marido trabajó en una metalúrgica, pero siempre fue una mujer inquieta, capaz de con 55 años comenzar junto a su compañero a competir en atletismo, en competencias de 400 y 600 metros. De la misma manera, con 70 años Hilde decidió entrar a la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (UNLZ) a aprender nuevos conocimientos con el programa de la Universidad para la Tercera Edad (UniTE), ya que considera que “nunca es tarde para aprender algo nuevo”.

Mirar hacia adelante

Hilde vivió en su vida también momentos duros, como el fallecimiento de Frankie hace 5 años y el de una de sus hijas, pero subraya que “siempre hay que mirar hacia adelante” y se hace fuerte, como tantas veces a lo largo de su vida.

“No me arrepiento de haber venido a este país”, dice sin titubear, al tiempo que sigue conectada con su hermana de 92 años que vive en Bélgica y a la espera “del próximo almuerzo” con el nieto, con una lucidez y unas ganas de vivir envidiables.

 "Mi marido fue realmente una víctima"

Cuando Hilde Rombaut consideró que las experiencias que vivió el amor de su vida Frank Engels fueron “más difíciles” que las suyas y subrayó que “realmente él fue una víctima de la guerra” por todo lo que tuvo que experimentar. “En 1940 y cuando Frankie tenía 16 años, los alemanes lo forzaron a ir por sus propios medios al sur de Francia, porque pensaban armar un grupo para ir a combatir a Inglaterra. Pero como ese plan no funcionó, pudo regresar a Bélgica, señaló Hilde a este medio.

Sin embargo, la atadura de Engels al servicio de los nazis no terminó ahí, ya que después fue enviado a trabajar a una “fabrica armamentista a la ciudad de Berlín, donde armaban los B1 Y B2”. Según explicó Hilde, Frankie fue dirigido por “Werhner Von Braun”, el famoso científico alemán que luego sería reclutado por Estados Unidos y encabezaría los proyectos de investigación de la NASA que llevaron al hombre a la Luna en 1969. Todas estas experiencias cumplieron un papel preponderante en la decisión final de la pareja de venir a la Argentina.

El comienzo del horror

La situación por la que atravesó la población belga durante la Segunda Guerra Mundial fue compleja, luego de que Alemania consiguió la rendición del ejército belga, dando paso así al gobierno directo de la Wehrmacht (Fuerzas Armadas Unificadas de la Alemania nazi) en mayo de 1940. Miles de soldados belgas fueron tomados como prisioneros de guerra, mientras que los partidos fascistas belgas colaboraron activamente con los ocupantes en el reclutamiento de ciudadanos locales que se pudieran unir al ejército alemán.

Hilde se levanta muy temprano para regar sus flores (Nahuel Ventura/Crónica).

Tal como sucedió en Alemania, la población judía que vivía en Bélgica fue salvajemente perseguida y muchos fueron deportados a los campos de concentración. En septiembre de 1944 las fuerzas aliadas llegaron a Bélgica y rápidamente se trasladaron a todo el país, hasta que en febrero de 1945 el país pudo declararse nuevamente independiente, en un período que dejó un saldo de 40.690 belgas muertos, de los cuales más de la mitad eran judíos.

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