Las estampillas, el gran amor de su vida
Luis, de 85 años y oriundo de Chacabuco, tiene un pasatiempo muy especial: la filatelia. "Llegué a tener más de 25.000", aseguró orgulloso a Crónica.
Por Francisco Nutti
@FranNutti
Los cafés ya están servidos, pero Luis se hace un respiro y encara para el pasillo. Su amor por la filatelia -la afición por coleccionar y atesorar estampillas- lo hace regresar a los pocos minutos con varias carpetas repletas de sellos postales. El hombre, de 85 años, nacido en Rojas pero afincado en Chacabuco, se sonroja al recordar sus comienzos en una pasión que todavía persiste en su corazón.
“Llegué a tener más de 25.000”, dice mientras exhibe una réplica del Penny Black, el primer sello adhesivo del mundo. “Descubrí las estampillas a los 15 años, cuando empecé a trabajar en el Correo Argentino, gracias a una carta escrita de puño y letra por Eva Perón, a quien yo le había pedido trabajo”, explica a “Crónica” el abuelo, que tuvo sus inicios como mensajero, ascendió a tesorero y a los dos años fue trasladado para cumplir tareas en la localidad bonaerense de Chacabuco, donde conoció a la mujer de su vida, Negrita, con quien tuvo dos hijos.
“Al principio fue difícil porque sólo me relacionaba con los coleccionistas de la zona. Pero un día compré un libro llamado ‘Catálogo especializado de sellos postales’, donde además de informar los valores de las diferentes estampillas, había nombres y direcciones de gente de otros países, a la cual uno le podía escribir para intercambiar. Entonces empecé a enviar entre 20 o 30 cartas por día a todas partes del planeta”, cuenta.
“A partir de ahí me empezaron a responder de todos lados. Llegaban estampillas de Rusia, de Japón, de China, mediante escritos que me eran imposibles de descifrar, por lo que era una gran hazaña”, relata.
Su momento de gloria Su “boom” en la filatelia comenzó en la década del ‘70, cuando le transmitió el hobby a su hijo, también llamado Luis, con quien empezó a escuchar radio onda corta para ampliar los horizontes: “Le mandamos cartas a las emisoras Deutsche Welle, de Alemania, y Radio Nederland, de Holanda, entre otras, con el objetivo de pedirles direcciones de diarios y periódicos de sus respectivos países para que publicaran quiénes éramos y lo que buscábamos (filatelistas para intercambiar). A los pocos días contestaron, enviamos y empezaron a llover sellos postales, también monedas, billetes, y fotos de gente con intención de hacer amistades”.
“Por ejemplo, los alemanes nos mandaron estampillas del Mundial ‘78 con los resultados de los partidos escritos en alemán. De Inglaterra me hicieron llegar una réplica de la primera estampilla del mundo, la cual conservo y la tengo como una reliquia”, cuenta en referencia a la copia exacta del Penny Black (Penique Negro), que lleva una imagen de la reina Victoria II y no muestra el país de origen.
La vida de Luis se basó en trabajar, en formar una familia y en coleccionar los sellos postales. “Gracias a una gran dedicación llegué a tener más de 25.000, de más de 200 países”, señala emocionado el jubilado, quien luego de observar con orgullo todo lo que consiguió, cita una frase de Enrique Santos Discépolo en el tango “Yira yira”: “Aunque te quiebre la vida, aunque te muerda un dolor, no esperes nunca una ayuda, ni una mano ni un favor”.

