Richard Jewell era parte del equipo de seguridad privada contratado para custodiar los Juegos Olímpicos de Atlanta en 1996. Su rápido accionar durante una jornada de esparcimiento de los deportistas evitó la posible muerte de cientos de personas , sin embargo, lo condenó a la humillación y escarnio público.

Todo ocurrió en el Centennial Park, el parque olímpico, que hacía las veces de un punto de encuentro y recreación para los atletas. En ese espacio, por las noches se realiza lo que hoy se denomina “Fan fest” , un lugar con puestos de comida y espectáculos musicales .

Todo se venía desarrollando con normalidad hasta que el 27 de julio mientras tocaban los Jack Mack y The Heart Attacks , alrededor de 50 mil espectadores se dieron cita en el parque para distenderse. Y así lo hacían, hasta que un estruendo y una columna espesa de humo llamó su atención. Había estallado una bomba, de hecho fue la bomba casera de mayor magnitud de la historia.

Jewell, el hombre heroico que salvó a miles de personas

Una mujer fallecida y 111 personas herida , ese fue el saldo de los daños. Pero esas cifras podrían quedar ínfimas sin la intervención de un vigilante muy minucioso Richard Jewell. Él trabajaba como privado, uno de cientos que se seguridad contratado para mantener el orden. Tenía 34 años, vivía con su madre, era obeso, estaba perfectamente peinado y usaba un bigote al más puro estilo policial. El sueño de toda su vida había sido pertenecer a la policía, pero no lo había conseguido.

Éste era Richard Jewell, un hombre de 34 años con sobrepeso y una incansable pasión por la seguridad.

Hacía un patrullaje muy exhaustivo, tanto que incluso sus colegas se burlaban. Pero fue esa noche que su meticulosidad sirvió para proteger a miles. Es que en una de esas rondas se encontró con una mochila verde, de esas de tela en la que los soldados estadounidenses llevan las provisiones, debajo de un banco de plaza .

Se acercó, la miró sin tocarla y ya que estaba que no estaba en su pasada previa intentó preguntarles a los chicos que estaban cerca si les pertenecía. Cuando nadie dijo ser el dueño, los pelos de mi nuca se erizaron y la adrenalina empezó a correr por mi cuerpo. Pero debía actuar con profesionalismo ”, aseguró Jewell después.

Inmediatamente puso en marcha los protocolos ante potenciales aparatos explosivos . Llamó a la policía y comenzó a alejar a los jóvenes del lugar . Pidió asistencia a sus compañeros para lograr apartar a los curiosos, aunque la mayoría creía que era una exageración y una pérdida de tiempo.

Mientras tanto, una llamada al 911 alertaba sobre la presencia de una bomba en el Centennial. “Tienen menos de 30 minutos”, dijeron al teléfono y cortaron. Nueve minutos después explotó. Murió una mujer de 44 años y un centenar de víctimas fueron asistidas con diferentes grados de lesiones, pero ese desastre podría haber sido infinitamente mayor sin la veloz actuación de Jewell.

Investigación del atentado a los Juegos Olímpicos Atlanta 96

Por supuesto, los ojos del mundo estaban la tragedia más que en el deporte y el FBI empezó a buscar con desesperación al culpable. El Comité Olímpico Internacional decidió seguir con las competencias por lo que era imperativo avanzar con la investigación.

A menos de 24 horas, la CNN consiguió una entrevista exclusiva con quien había sido el héroe del momento y no quedó un estadounidense sin conocer la cara de Jewell. que tres días después, el Atlanta Journal-Constitution , publicó que Richard era el único sospechoso del atentado.

Medios de todo el mundo publicaban la noticia del atentado (Gentileza Prensa Libre).

Él ya estaba familiarizado con los protocolos así que sabía que sería indagado, pero lo que padeció no fue una investigación fue un linchamiento mediático y social. Los investigadores, dejándose llevar por su gordofobia, y la frustración de este hombre por no haber podido ser policía, creyeron haber encontrado a su asesino.

El FBI creía que lo había hecho para conseguir el reconocimiento de héroe por parte del público. Poco importó que tras los cálculos habría sido imposible que el guardia llamara para dar el aviso de la bomba from un phone público y regresara hasta el lugar.

Quién fue el verdadero autor del atentado a los Juegos Olímpicos de Atlanta

Nunca fue imputado oficialmente pero se había filtrado su número telefónico y al día recibía más de mil llamadas amenazantes. Continuamente los agentes lo interrogaban con cuestionables métodos, e incluso intentaron obtener una confesión forzada, pero no lo consiguieron.

Tres meses después, el FBI determinó que Richard no había tenido nada que ver con el atentado . La propia Fiscal General Janet Reno , le envió una carta con firma manuscrita disculpándose por los problemas ocasionados, pero ya era muy tarde, toda su vida había sido escrutada y todo el país conocía cada uno de sus errores del pasado.

El FBI determinó que el verdadero autor había sido Eric Rudolph, pero recién lograron atraparlo cinco años después.

 “ Una de las cosas que peor me hizo, que más me dolió, fue que mi mamá estaba muy orgullosa de lo que había hecho su hijo. Por una vez en la vida, todos sabían que su hijo había hecho algo bueno ”, dijo algunos años después.

Tiempo después encontró al verdadero culpable: Eric Rudolph. Se trataba de un hombre que también había puesto bombas en un bar lésbico y en dos clínicas de abortos. Casi cinco años después lograron atraparlo y fue ahí que confesó haber sido el autor del crimen de los Juegos Olímpicos de Atlanta.

La triste vida del héroe de Atlanta

Richard no estaba dispuesto a dejar todo como estaba e incluso demandó a la CNN, al New York Post y al Atlanta Journal . Con los dos primeros llegó a un acuerdo económico, pero con el último fue a juicio y perdió aunque nunca llegó a conocer el fallo ya que falleció antes.

Diez años después, en el 2007 y con tan solo 44 años, murió de un infarto masivo . En ese entonces estaba casado y su mujer lo encontró tendido en el piso de su habitación.  Tenía diabetes y su hígado casi no funcionaba, de hecho había tenido que amputarle varios dedos del pie.

Richard logró ser policía en Georgia luego de ser desvinculado de la investigación.

Sin embargo, había logrado cumplir su sueño. Cuando terminó la investigación fue contratado como policía en un pequeño pueblo e incluso fue condecorado por su valentía. 

Así se mostraba el atentado en la prensa estadounidense