CONFRONTACIÓN

Polémica con el Rey Carlos III en Australia: una senadora lo acusó de "cometer genocidio" contra su pueblo y exigió un tratado

Lidia Thorpe, legisladora de un pueblo originario australiano, interrumpió un discurso del monarca para reclamar por la colonización y la devolución de tierras. “Devuélvannos lo que nos robaron”, gritó frente a la mirada atónita del rey y los legisladores.

El viaje de Carlos III a Australia y Samoa estuvo marcado por situaciones incómodas para el monarca británico. En su primera visita oficial a Australia como rey, fue recibido con críticas por parte de sectores republicanos que piden que el país se aleje de la monarquía y adopte un modelo republicano. Uno de los momentos más tensos ocurrió en Canberra, cuando la senadora aborigen Lidia Thorpe interrumpió su discurso en el Parlamento.

Luego de que Carlos III terminara su alocución en el Gran Salón del Parlamento, Thorpe, representante del estado de Victoria y reconocida activista por los derechos de los pueblos indígenas, se levantó y gritó: “No eres mi rey”

Además, lo acusó de "cometer genocidio" contra los pueblos originarios de Australia durante la colonización británica. Thorpe, vestida con atuendos tradicionales, exigió la devolución de las tierras y un tratado para las Primeras Naciones de Australia. “Devuélvannos nuestra tierra. Dennos lo que nos robaron. Nuestros huesos, nuestros cráneos, nuestros bebés, nuestra gente. Destruyeron nuestra tierra. Queremos un tratado”, exclamó mientras avanzaba por el pasillo del Parlamento.

Un reclamo firme y una respuesta discreta

Mientras Thorpe continuaba con su reclamo, los guardias de seguridad del recinto la escoltaron fuera del salón. Sin embargo, la senadora mantuvo su postura en todo momento, repitiendo: “Esta no es tu tierra. No eres mi rey”. Poco después, Thorpe publicó en Instagram una caricatura del rey decapitado, realizada por el artista Matt Chun, coeditor de una publicación antiimperialista.

El incidente fue un momento incómodo para Carlos III, quien se encontraba en Australia en medio de su tratamiento por cáncer, el cual pospuso para asistir a esta visita. Aunque tanto él como la reina Camilla parecieron impasibles durante el altercado, intercambiando sonrisas mientras la senadora era retirada, el episodio subrayó el descontento de parte de la población australiana hacia la monarquía británica.

Carlos III, resistido por muchas de las naciones del Commonwealth 
Carlos III, resistido por muchas de las naciones del Commonwealth 
Australia y la monarquía británica

El primer ministro australiano, Anthony Albanese, es un republicano declarado y recibió al rey con amabilidad, pero sin dejar de reflejar las tensiones entre ambos países. Albanese, quien asistió a la coronación de Carlos III, elogió el compromiso del monarca con temas como la crisis climática y la reconciliación, pero se espera que sea uno de los impulsores del cambio hacia un sistema republicano en Australia.

Carlos III, que visitó Australia por 60 años como príncipe heredero, no ha logrado generar el mismo entusiasmo que su madre, la reina Isabel II, o su exesposa, la princesa Diana. Incluso la llegada del rey al Parlamento de Canberra fue recibida con la ausencia de cuatro gobernadores estatales, un gesto que dejó en claro el desinterés de ciertos sectores hacia su figura.

Crisis del Commonwealth y el futuro de la monarquía

La visita del monarca británico también se da en un contexto de crisis para el Commonwealth, organización que agrupa a varios países que reconocen al rey como jefe de Estado. Con la muerte de Isabel II, la viabilidad del Commonwealth fue puesta en duda, y muchos países, como Australia, están reconsiderando su relación con la monarquía. Carlos III sigue siendo el jefe de estado de 15 naciones, pero en pocas de ellas cuenta con un apoyo popular significativo.

Se espera que en su próxima escala en Samoa, donde participará en una reunión del Commonwealth, Carlos enfrente nuevas críticas y pedidos para reformar o incluso disolver la organización. El monarca ha mostrado interés en modernizar la institución, pero será un desafío considerable mantener la relevancia del Commonwealth en el siglo XXI.

La protesta de Thorpe y el reclamo indígena

Lidia Thorpe, con una larga trayectoria de militancia por los derechos indígenas, aprovechó la presencia del rey para visibilizar las demandas históricas de los pueblos aborígenes de Australia. Thorpe, quien ha reclamado un tratado entre las Primeras Naciones y el gobierno australiano, afirmó en una entrevista con Sky News: "Tenemos nuestros huesos y cráneos todavía en su posesión, o en posesión de su familia. Queremos recuperarlos. Queremos recuperar nuestra tierra y queremos que vuestro rey asuma el liderazgo y se siente a la mesa y discuta un tratado con nosotros".

El reclamo de la senadora se alinea con la Declaración de Uluru, un documento presentado en 2017 que exige voz, tratado y justicia para las comunidades indígenas de Australia. Aunque algunos estados iniciaron procesos hacia la firma de tratados, el debate a nivel federal sigue siendo un tema pendiente.

El Palacio de Buckingham optó por no hacer comentarios directos sobre la protesta de Thorpe, y fuentes cercanas al rey restaron importancia al incidente, asegurando que Sus Majestades fueron "profundamente conmovidos" por la cálida recepción recibida en otras partes del país.

“No eres mi rey”, el reclamo de la senadora Lidia Thorpe para Carlos III
“No eres mi rey”, el reclamo de la senadora Lidia Thorpe para Carlos III
Un viaje incómodo para los Royals

Carlos III y la reina Camilla han enfrentado un viaje complicado por Australia, con protestas discretas pero significativas. Los republicanos, que cada vez ganan más terreno en el país, dejaron claro que no quieren un rey extranjero como jefe de estado. Pese a las dificultades, el monarca británico y su esposa siguieron con su agenda oficial, que incluye visitas a sitios emblemáticos como el Jardín Botánico y la Casa del Gobernador, último vestigio de la herencia imperial en Australia.

La presencia de Carlos III en Australia es vista como una señal de que el Commonwealth debe renovarse si pretende sobrevivir. 

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