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En honor a la Constitución nacional, la república y el futuro del país, es de esperar que la causa de los "Gloriagate" llegue a las instancias más precisas y amplias en cuanto a tiempo, espacio y protagonistas. Será justicia, sin dudas, si se atraviesa el debido proceso y las instancias que determinan un juicio que se supone extenso. Dicho esto, en la misma realidad continúa en crecimiento el riesgo país no sólo económico sino el que cotiza sobre la conciencias con la energía de la devaluación de las palabras.

Los trazos de la pobreza cero, como meta o eslogan, se hacen trizas mientras el discurso oficial reitera la melodía, que suele ser simpática pero adolece de certezas y contenido, en cuanto a que "en los momentos difíciles del país, urge que todos pongamos el hombro" para afrontar desventuras y salir airosos.

En primer lugar porque las cifras oficiales verifican que crece la cantidad de habitantes que tratan de sobrevivir en medio de la pobreza. Ni hablar de los desempleados, tampoco olvidando que la reinserción laboral de los cesanteados no mueve ningún amperímetro imaginable. De allí que la alternativa de "poner el hombro", en normativa generalizada o declamación, abarca a muchos compatriotas que no sólo no pueden ejercitar tal acción sino, lo que es peor, ya no les queda parte del cuerpo para ofrecer en gesta alguna. Para intentar un ejercicio de laboratorio a fin de certificar la certidumbre de la crisis y no las tormentas, se podría adosar que una amplia franja de los ciudadanos tiene severos problemas para llegar a fin de mes.

Es melodía simpática y emotiva que todos logremos tomarnos de las manos para juntar hombro con hombro, pero contrasta con la realidad severa que comprime a sectores de la sociedad que están obligados a sobrellevar el mayor esfuerzo, incluso en la emotiva y triste metáfora de que no son pocos los que sólo pueden ofrecer su corazón.