El respeto a la educación pública, materia obligatoria
Opinión por Luis Autalán.
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@luisautalan
El inicio del nuevo año comprime augurios en rigor de esperanza. Con exactitud psicológica, el licenciado Gabriel Rolón suele comentar que “la esperanza suele tener demasiada buena prensa”. Con cierta mesura en dichos anhelos, pero sin anular tal ejercicio, la dedicamos a honrar a escuelas y maestros.
Estamos a tiempo de prevenir males que suelen tener intenso tratamiento en los medios para considerar que la enseñanza pública y los docentes merecen la valoración oficial que este y otros gobiernos les han “limitado”, por acceder a un verbo amable. La gama incluye el dejar de considerar a los dirigentes sindicales que los representan como enemigos tácticos y comenzar de una buena vez a establecer la certeza de que la educación pública es una inversión genuina.
Ni siquiera se admite la jactancia de exigirles resultados inmediatos. Han sido próceres, hoy un tanto olvidados o relativizados, los que en el camino a la independencia tuvieron labor genuina por la enseñanza pública como herramienta de pensamiento, comprensión y progreso.
El riesgo a dejar que prevalezcan las anécdotas de discutir sobre conspiraciones ideológicas de los educadores, en favor del lado oscuro de la fuerza, es directamente proporcional en cuanto a daño y estupidez de tales elucubraciones. Suele comentarse que el mundo no posee un amplio manual de errores, sino que reitera los mismos año tras año.
En esa dirección puede considerarse que hay casi una “tradición” por esas tierras para apuntar al docente como enemigo. El desafío incluye desde evitar el cierre de escuelas a considerar que las redes sociales y los medios de comunicación pueden constituirse en maestros auxiliares. Ninguna evolución de la tecnología superó a la fecha la contención que brindan nuestros docentes.

