La “zorra”, la “rompe hogares”, la “put@”. El ojo crítico está puesto y sólo puesto sobre la China Suárez luego de que Wanda Nara encendiera el ventilador a máxima velocidad en relación a su separación de Mauro Icardi, quien es su pareja.

Señalarla como responsable de “cargarse a una familia” puso en evidencia el machismo que de forma simbólica condena a una mujer y no a quien sí tenía un “compromiso” con un otro que decidió romper más allá de las clausulas explícitas e implícitas.

Se expone una lista, un historial, un curriculum de relaciones amorosas en un intento de prueba o certeza que justifique y fundamente las acusaciones a las que sólo se hace referencia a un "ella" y nunca a un "él". ¿Casualidad? No. Misoginia.  

Los prefiere casados”, dicen muy sueltos de cuerpo sin percibir el nivel de estigmatización, condena y opresión que se está ejerciendo sobre la decisión de una mujer libre que está "libre”, aún bajo los parámetros y normas de quienes la condenan poniéndole una letra o una palabra con espíritu de escarlata.

Ponerla ahí, en el banquillo de los acusados para señalar en ella todo lo que se dice no hacer pero se hace, y lo hacen. Convertirla en foco de descarga del odio  para echarle la culpa a una tercera que poco y nada tiene que ver con un dos.

Es ella la “culpable”, la “provocadora”, la “tentación”, la “deseada” a la que los hombres no pueden resistirse como si fuera producto de una magia, de un hechizo, de una posesión diabólica, de una energía sobrenatural que los apodera, los hipnotiza, los abduce... ¡Si, claro!

Corrido de la mira,  a lo sumo pagará con dinero la consecuencia de sus actos pero no mucho más.  Él  quedará exento, saldrá limpio de esta. No tendrá las heridas que sí llevará ella por el juicio, el prejuicio y el castigo simbólico condenatorio. Él, desde el silencio alimenta ese escarnio público, ese axioma. ¿Para que el árbol tape al bosque o para que el bosque tape al árbol?

Reproducir violencia machista para disciplinar no sólo a una mujer sino a todas. Porque esos comportamientos "son cosas de hombres"  que los vuelven campeones, ganadores, varones con todas las letras, porque lo falológico es lo que prima, es lo que gobierna al mundo.

Mientras la “traicionada” y la “tercera en discordia” se arreglan como pueden en un escenario repleto de barro montado para que se rompa la sororidad, la empatía entre ellas y entre todas, con el objetivo de que él salga ileso para sostener aún má. en el tiempo las tácticas para seguir dominando.

A ella se le pone un mote y hasta un síndrome, una patología. A él no se lo juzga, de él no se dice nada. Se lo cubre, se lo protege, se lo mantiene al margen de las consecuencias de sus actos, se lo libera de sus responsabilidades, se lo cuida de los demás y hasta de él mismo.

En la protección sobre él se perpetúa el sistema opresor y en la exposición sobre ellas se reproduce la violencia simbólica. 

El machismo está ahí, se lo ve, se lo palpa y se lo estimula para que pueda enfrentar cualquier resistencia o revolución que atente contra su imperialismo estructural con el que domina el mundo. 

F.A.

   

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