La discusión superclásica sobre qué salario es justo

Opinión por Luis Autalán. 

lautalan@baenegocios.com 
@luisautalan 

En el siempre cuestionable terreno de los mitos argentinos suele ponderarse el espíritu competitivo. Dentro de esa dinámica de notable ahínco en los 90, con la plataforma todavía no virtual del fútbol se instaló que "sólo sirve ganar y que el segundo es el primero de los últimos". Pues bien, 18 años después y con refuerzo inflacionario de las redes sociales, es decir privilegiando "el siento, luego existo", hay guerrillas, batallas y guerras de pobres contra pobres, maquilladas o con el rostro libre.

El punto es que los cruces no se circunscriben al escenario virtual sino que ganan las mesas familiares, los bares, ámbitos de trabajo, aulas y siguen las firmas. Las ansias por vencer en una discusión hacen que no se prive nada, y tampoco es noticia que el gobierno interactúa en este juego.

Para capítulos más recientes, las disciplinas de "cuánto vale el trabajo", "quién lo determina", "si la energía cuesta lo que vale" o si los pedaleantes delivery que surcan las ciudades argentinas cuentan con sus derechos, son sus propios jefes o sus esclavos, está en plena actividad.

Ahora para romper récords hay una mística nacional. Funcionarios y ciudadanos establecen su valoración salarial en cruces que sorprenderían al más entusiasta surrealista. Sueldos de maestros comparados con pilotos de avión, futbolistas con celadores, trabajadores de la construcción con "youtubers" o tenistas con enfermeras. Y la nómina podría ampliarse con una progresión geométrica.

En tanto la pobreza crece, la alimentación baja en calidad de marcas o porciones y hasta se leen notas donde es considerado como "pasado de moda" el hábito indispensable de desayunar. Falta trabajo, hay compatriotas privilegiando sostener sus puestos laborales y cada vez hay más gente en situación de calle. Pero las discusiones, que no se pretenden en el nivel de la antigua Grecia, enfrentan a pobres contra pobres, la clase media contra ellos o ese mismo sector mordiéndose el rabo.

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