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La Argentina dio un paso histórico la semana pasada al poder decir adiós, con nombre y apellido, a 90 de sus héroes caídos en la guerra de Malvinas. Sus familias esperaron 36 años para estar frente al lugar de descanso de sus seres queridos y, en vísperas de otro aniversario del 2 de abril, viajaron al territorio ocupado por Gran Bretaña, donde, por primera vez, pusieron fin a años de duda.

Las tareas de identificación de los cuerpos enterrados en el cementerio de Darwin se iniciaron en febrero del año pasado, cuando una misión humanitaria del Comité Internacional de la Cruz Roja arribó a Buenos Aires para poner en marcha lo que Argentina e Inglaterra acordaron por la vía diplomática en 2012. Se extrajeron muestras de ADN de los 237 soldados y se las comparó con las de los familiares.

Uno de los casos que resultaron positivos fue el de Sonia Carcamaco, madre de José Onorio Ortega, quien viajó la semana pasada y compartió cómo se sintió al encontrarse con la tumba de su hijo, fallecido durante la batalla de Darwin el 28 de mayo de 1982 a los 18 años: "La mayor emoción es que cerramos un círculo. El dolor no, pero está incorporado".

Al igual que lo siente Sonia, el dolor está incorporado en un país que cada año recuerda a sus veteranos y a los caídos en la guerra, que tiene deudas con ellos y sus familias que son irreparables, pero que avanza cada vez que atiende una necesidad de los que volvieron o de los que amaron a los que no regresaron.

Para muchos familiares, la incertidumbre fue otro capítulo en su pérdida. Algunos continuaron buscando a sus hijos, hermanos y amigos después de finalizada la guerra. Norberto Scaglione, hoy 87 de años, buscó a su hijo Claudio durante años, siguiendo una pista de que estaba preso en el Reino Unido.

Así pasó dos décadas, viajó a Ginebra, a las Naciones Unidas. "Estoy tan saturado y ya lloré tanto que llego acá sintiendo que se terminó el problema. Ya está. Me quedé solo otra vez", lamentó en Darwin al encontrarse por primera vez frente a la tumba de su hijo. La herida no cierra, pero el valor de la identidad, como bien sabe la Argentina, es incalculable.

Es desde la identidad que se construye soberanía. Y es la soberanía sobre las islas el reclamo histórico e inclaudicable. El país dio 90 pasos en esa dirección, y aunque faltan muchos, decirles adiós fue crecer.