El idiota útil y el que se vayan todos
Opinión por Gabriel Calisto.
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@gcalisto
Marginal, mínimo, pero el sábado un grupo de manifestantes fue hasta el frente de la Casa Rosada para reclamar "que se vayan todos". La movilización fue convocada por el mismo grupo que se dirigió al Congreso a intentar impedir el debate de la ley de emergencia enviada por el gobierno nacional.
Se trata del reclamo de un núcleo ideológico duro que considera que la victoria del peronismo unido constituyó un engaño a la república, y que se alimenta de las denuncias de fraude viralizadas en redes sociales y sostenidas en las irresponsables declaraciones de los por entonces funcionarios públicos -que desmentían sus propios compañeros de gobierno encargados de la fiscalización y el control electoral y, posteriormente, la Justicia- y de frases que niegan la realidad, como decir que "la Iglesia decidió inventar el hambre".
Durante el fin de semana, algunos sectores reclamaron un eficiente ajuste del gasto público, no como un gesto hacia la sociedad, sino como una medida de autoprotección de la clase política: o se ajustan o llega el "que se vayan todos" que estalló en Chile y otros países de la región, fue la consigna.
Con pocos días en el gobierno, el peronismo reaccionó y prometió reducir sus beneficios, así como los de jueces y diplomáticos. Pese a eso, en la marcha del sábado los manifestantes conversaban sobre definir una próxima protesta que busque retomar un número significativo, mientras ponían sus esperanzas en algún posible reclamo que haga el campo a la vera de las rutas.
El "que se vayan todos" fue la máxima expresión del hartazgo respecto de la clase política durante el estallido de 2001. En la actualidad el escenario, político y social es triste, pero todavía no está ni cerca de ese punto. Quizás quienes se manifiestan, enceguecidos por su odio y por no poder aceptar un resultado democrático, estén dando más fundamento a las leyes de excepción que tanto los indignan.

