La corrupción y los pobres empresarios
Opinión por Gabriel Calisto.
gcalisto@cronica.com.ar
@gcalisto
Tras las declaraciones de algunos empresarios arrepentidos se estableció un relato reafirmado luego en distintos medios y especialmente en el último coloquio empresarial de IDEA: los hombres de negocios se vieron obligados a pagar coimas para evitar que sus empresas sufrieran.
Extorsionados por funcionarios sin escrúpulos, eligieron el mal menor. En Mar del Plata, durante el coloquio, reflexionaron y se comprometieron a encabezar el "cambio cultural", para que "nunca más haya un sistema de corrupción vinculado a la obra pública", rezaron. ¿Y si en vez de aceptar esa versión la pensamos en forma opuesta? Decir que hubo "pobres funcionarios" que tuvieron que "recibir coimas" es insostenible.
Pero hablar de un sistema que atraviesa generaciones en nuestro país parece ajustarse más a la realidad que ambos relatos previos. Con empresas que llevan décadas creciendo gracias a los sobreprecios de la obra pública. Que cuando se los investiga, a lo sumo, culpan a los funcionarios, responsables de administrar los bienes del pueblo.
Nunca como un perjuicio de alguien que decide aprovecharse para maximizar su ganancia. Con empresas investigadas y condenadas en otros paises por... pagar coimas. Con empresarios que no fueron arrepentidos ni antes ni después, apenas en el plazo que se investiga.
No se acercan a denunciar que alguien les pidió una coima. La pagan, facturan de más y todos ganan. Sí hubo funcionarios que se quejaron de la corrupción de sus propios gobiernos. Fueron tildados de traidores y arrollados por la máquina del poder. El sistema se defiende.
La corrupción es un mal constante en nuestro país. Los funcionarios pasaron, pero las empresas, como los jueces, quedan. Cambiarlo es una misión de la sociedad, que debe exigirlo a los políticos. Pero el diagnóstico debe ser completo y sincero, no un cuento para que los amigos "zafen" y los enemigos caigan.

