El día de los OVNIS sobre la Antártida
POLO SUR. El continente blanco no ha quedado exento de la presencia alienígencia.
Por Antonio Las Heras (*)
alasheras@hotmail.com
Porque esos OVNIs que motivaron los comunicados oficiales habían sido vistos en el continente blanco: en la Antártida. Una tierra mal explorada y apenas conocida superficialmente. Miles de kilómetros cuadrados deshabitados
Únicamente algunas bases, dispersas en su periferia, con algunos heroicos humanos tratando de desentrañar enigmas ¿Y el resto? Nada. Allí sí, aparatos extraterrestres podrían moverse y descender con facilidad, teniendo poco riesgo de ser observados (si es que eso les preocupa, que parece no ser tal, de acuerdo a la cantidad de veces que han sido detectados sobre populosas ciudades.)
Pero la cuestión llego más lejos todavía, cuando tomamos conocimiento de que uno de esos OVNIs avistados desde bases antárticas había sido capaz de alterar las brújulas, enloquecer los magnetómetrosà dejando perplejos, por largo rato, a los científicos que trataban de explicar hechos tan alucinantes.
El 19 de junio de 1965 un grupo de expedicionarios argentinos, chilenos y británicos observaron el paso de “un objeto luminoso volando en zig-zag, que luego parecio quedar suspendido en el aire”. Inmediatamente, el comandante Mario Jahn Barrera, de la base antártica chilena Arturo Prat, envió un radiograma con los detalles de la observación al cuartel general de la aeronáutica trasandina.
Sin embargo, esta información no habría de llegar al público sino hasta después de los acontecimientos ocurridos en la Isla Decepción, del 3 de julio de 1965. Julio 1965. La luz diurna nace a las 10.20 a.m. prolongándose hasta las 15.30. Solo eso.
Y es una luz tenue, unos rayos solares que parecen provenir de otra estrella, más lejana, más pequeña, menos poderosa que el Sol al que estamos acostumbrados. Luego, cae la noche. Una oscuridad absoluta. Y el marco de las estrellas.
Algunos singulares reflejos de entre los picos nevados. Y el sonido del viento. El personal del Destacamento Naval Decepción (base argentina) observa el paso de un raro artefacto. La Base Antártica Chilena Arturo Prat detecta los movimientos de un objeto luminoso, hacia el sudoeste de la isla Decepción donde ya lo está observando el grupo argentino.
El transporte Punta Médanos de la Armada Chilena, navegando en el Océano Antártico sufre serias alteraciones en los compases y brújulas coincidiendo con el sobrevuelo de un punto luminoso. Asimismo, cinco miembros de la Base Antártica Británica confirman estar viendo una extraña mancha luminosa.
Es color rojo con variaciones de amarillo y verde. Permaneció estacionaria durante diez minutos.Los variómetros que se encuentran en el laboratorio del destacamento naval argentino de Islas Orcadas sufren notorias perturbaciones.
El campo magnético, en la zona, ha cambiado momentáneamente. El Boletín Informativo de la Secretaria de la Marina Argentina, numero 172, del 7 de julio de 1965, dice lo siguiente: “En una comunicación radioeléctrica establecida en la fecha con el jefe del Destacamento Naval Decepción, en Antártida Argentina, Tte. de fragata, Daniel Perisse, reafirmo la exactitud de los datos consignados en la información distribuida acerca del avistaje de OVNIs en aquellas regiones. Manifiesto en tal sentido, que en su comunicación se había limitado a detallar estrictamente lo que había visto todo el personal del citado destacamento: que se trataba de un objeto brillante, como una estrella de primera magnitud, que se desplazaba hacia el norte a una velocidad variable, a veces estático, pero con repentinas aceleradas y cambios de rumbo. Las características del objeto y su desplazamiento û añadió û permiten afirmar que no se trataba de un globo sonda, ni de una estrella, ni de un avión.”
“Las personas que vieron el objeto, fueron 17, agrega el teniente Perisse entre las que se encontraban tres suboficiales chilenos de la base Aguirre, que se hallaban en Decepción, debido a que uno de ellos sufría una fractura y debía recibir atención médica.”
En cuanto a las condiciones, justo la observación se realizó, justamente, durante la noche, en medio de una oscuridad total, quebrada parcialmente por la luz lunar.”
“Con respecto a la tentativa de fotografiar el objeto, a expreso que no ofrecia muchas posibilidades de éxito, debido a varios inconvenientes, entre ellos la poca sensibilidad de la película utilizada, la distancia y la oscuridad reinante.” En cuanto a informaciones del destacamento Naval Orcadas destacan un hecho de gran importancia, ya que al paso del objeto por aquel punto, dos variometros en funcionamiento acusaron, para la hora de avistaje, perturbaciones al campo magnético, registrados por la cinta de dichos aparatos.”
Concluye el informe. Días más tarde este reporte del ,ministero de Defensa Argentino coincidía con el emitido por su par chileno (Ver recuadro) A partir de estos informes, amplios si se quiere, un manto de total silencio cubrió los hechos. No volvió a hablarse más del asunto.
Ni los gobiernos de la Argentina, Chile o Gran Bretaña emitieron nuevos comunicados. Y es de hacer notar que el mencionado en último término no comento û oficialmente û jamás el asunto, dado que el conocimiento de lo sucedido en la base británica lo tenemos por las palabras del comandante Barrera que estuviera en comunicación radial con estos al día siguiente del avistaje.
NUESTRO ANÁLISI: ERA UN ENORME APARATO¿Qué era ese objeto? Existió. Bases distintas. De distintos países. Separadas por varios kilómetros de distancia. Que no estaban en comunicación en ese momento. Vieron lo mismo. Y convengamos: en las bases antárticas trabajan militares y civiles pero todos científicos.
Incluso ninguno de los 30 testigos lo vio desaparecer. Sería demasiada casualidad que hubiera alucinación en masa, en cuatro bases distintas. El objeto existió. Hay un testimonio irrefutable: el de los variómetros, magnetógrafos y brújulas. Son aparatos: no sufren alucinaciones.
Nada de eso se supo luego. De seguro, esos instrumentales detectaron interferencias, anomalías, un aumento en la intensidad magnetica en el lugar, de origen inexplicable. Como no hay explicación natural, al menos dentro del ámbito del conocimiento científico actual.
Los variómetros, lo mismo que los magnetógrafos, son instrumentos destinados a registrar las variaciones normales de intensidad que se producen en el campo magnético que orienta la brújula, dado que no hay una coincidencia perfecta entre el polo magnético y el polo geográfico.
Estas variaciones son tres: 1º) la diurna; 2º) la secular; 3º) la variación debida a la irradiación solar. En los tres casos se trata de variaciones normales, y solo cuando un objeto metálico muy voluminoso, una embarcación por ejemplo, pasa cerca de los instrumentos registradores se puede producir una perturbación notable en el campo magnético. Esto no ocurre siempre.
Deben darse circunstancias muy especiales. Por ejemplo, un avión volando a varios kilómetros de altitud ya no registraría alteración en los instrumentos de variación magnética. Un submarino navegando a 200m de profundidad tampoco. Y aquí viene el gran enigma. El objeto visto el 3 de julio de 1965 perturbó notablemente los aparatos situados en la Base Naval de Islas Orcadas.
Pero los cálculos obtenidos utilizando el teodolito indican que el OVNI estaba a una distancia de entre 10 y 15km; demasiado lejos para provocar semejantes disturbios. ¿o no? Si el OVNI provocó tamañas variaciones necesariamente debió tratarse de un objeto altamente ferromagnético en cuanto al material de que estaba de que estaba construido, o en caso de tratarse de un campo electromagnético formado por un sistema de bobinas generadoras de corriente electrica, esa corriente tuvo que ser sumamente elevada.
Ningun aparato construido por nosotros, los humanos û en condiciones normales û es capaz de producir estos fenomenos. Esto está claro para todos los científicos.
(*) Doctor en Psicología Social, filósofo y escritor. Magister en Psicoanálisis. Pte. Asoc. Arg. Parapsicología y de la Asoc. Junguiana Argentina.

