Profesor Antonio Las Heras (*)
alasheras@hotmail.com

Si bien el tema del uso de personas a quienes se ha entrenado para desarrollar sus capacidades parapsicológicas; sobre todo las extrasensoriales, en particular clarividencia y telepatía, para convertirlos en agentes de espionaje es conocido desde hace más de medio siglo, siempre resulta de especial interés toda confirmación al respecto.

Así, documentos publicados durante 2017 por la inteligencia estadounidense revelan que fueron utilizados individuos con supuestas facultades paranormales a efectos de obtener información secreta. Así lo ha publicado el South China Morning Post, citando varios documentos de la Central de Inteligencia (más conocida como CIA)dados a conocimiento en ese momento.

Prestigiosos diarios, como El Nuevo Herald, de Miami (EE. UU.) se hicieron eco de la relevante noticia; aclarando que, en un principio, parecía que los paragnostas (seres humanos capacitados para las prácticas extrasensoriales de manera frecuente) pertenecían al área de inteligencia del Ejército de los Estados Unidos. Empero los documentos revelaron que eran agentes de la CIA.

Decenas de diplomáticos estadounidenses tomados como rehenes por los estudiantes revolucionarios que se apoderaron de la Embajada de los Estados Unidos en Teherán, Irán, en 1979, podrían haber formado parte de una operación secreta durante su cautiverio de 15 meses. Según estas noticias, las agencias de inteligencia estadounidenses tenían un escuadrón de personas con capacidades telepáticas y que era entrenado por militares.

En la operación, que recibió el nombre en clave de Grill Flame, seis personas con supuestos poderes parapsíquicos trabajaron dentro de una habitación poco iluminada en un antiguo edificio del Ejército de los Estados Unidos en Fort Meade, estado de Maryland. En más de doscientas ocasiones trataron de “visualizar” dónde estaban los rehenes y adivinar su estado de su salud. Oficialmente, estas personas trabajaron para la inteligencia del ejército yanqui.

Sin embargo, los documentos desde la base de datos de la CIA revelan que sus esfuerzos fueron monitoreados y apoyados por una amplia gama de agencias de inteligencia gubernamentales, así como por comandantes del Pentágono. Los mismos ‘expertos’ fueron consultados antes de la incursión militar secreta norteamericana que intentó liberar a los rehenes en abril de 1980. Aquella operación terminó en desastre, cuando un avión y un helicóptero colisionaron.

La utilidad del grupo fue objeto de debate, en secreto, entre funcionarios de inteligencia, aunque con tono acalorado. Y cuan do los rehenes recuperaron la libertad dos años después, y al ser consultados por detalles de su cautiverio, los números recabados por el Pentágono arrojaron muy poca información fehaciente, unos cuantos eran parcialmente verosímiles y muchos eran totalmente incorrectos, según palabras de un alto mando, aunque otros militares que supervisaban la operación Grill Flame alegaron lo contrario, y afirmaron que el 45% de los informes ‘telepáticos’ contenían alguna información precisa que no se habría obtenido de otro modo. Una vez más, lo que realmente hicieron esos paragnostas queda en el secreto tan usual para estos como muchos otros temas.

POLÉMICAS
EL INFORME SOBRE EL PROYECTO GRILL FLAME

La utilidad del grupo que trabajó en el proyecto bautizado como Grill Flame fue objeto de un encendido debate, tan acalorado como secreto, entre funcionarios de inteligencia estadounidenses. Después de que los rehenes fueran puestos en libertad en enero de 1981 por los atacantes iraníes, y preguntados con respecto a ciertos detalles de su prolongado cautiverio, el Pentágono, la máxima autoridad militar estadounidense, a través de su habitual despliegue cotejó la información con 202 informes de los individuos con capacidades telepáticas que trabajaron en la operación, para concluir que sólo siete informes resultaron correctos.

De esa forma lo subrayó tajantemente un coronel de la Fuerza Aérea de la mayor potencia mundial en la actualidad. En ese mismo contexto, más de la mitad de los informes eran “enteramente incorrectos”, agregó el comandante de alto rango. Y aunque 59 contenían información que era parcial o posiblemente correcta, dicho coronel señaló que “estos mismos informes a menudo incluían datos erróneos”.

De todas formas, se sabe, y no es la primera vez que se cita una apreciación así, que las fuerzas armadas estadounidenses suelen decir una cosa, y hacer o analizar otra, lo que podría poner en dudas estos números fríos de una declaración.

(*) Doctor en Psicología Social, fi lósofo y escritor. Magister en Psicoanálisis. Pte. Asoc. Arg. Parapsicología y de la Asoc. Junguiana Argentina

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