Si hay algo de lo que no quedan dudas, es la bestialidad con la que se cometió el crimen de Silvestre Reynaldo Quiroz, un comerciante boliviano de 35 años, que fue violentamente atacado por Matías Andrade, un vecino y cliente habitual, a quien el almacenero se negó a fiarle las dos cervezas que Andrade se había tomado. La autopsia dejó evidencia de la brutalidad del asesinato.

El informe reveló que Quiroz recibió varios golpes de nunchaku -un arma utilizada en artes marciales que consta de dos barras unidas por una cadena o cuerda- en la cabeza y el cuerpo, aunque esas heridas fueron calificadas como leves. Lo que realmente lo hirió de muerte, fueron las puñaladas: recibió nueve en total entre la cabeza y el cuerpo y un corte profundo en el tórax que fue letal. Los forenses registraron también algunos síntomas de defensa, como algunos cortes en los antebrazos.

Por el crimen Andrade fue detenido el mismo sábado en el que cometió el crimen. Efectivos de San Justo y del Comando de Patrullas dispusieron un operativo cerrojo para capturarlo. Durante su huida, el presunto asesino asaltó y amenazó a dos vecinos de 53 y 66 años en Rafael Castillo y les robó sus autos: una Volkswagen Surán negra que abandonó con la cuchilla en la esquina de Peribebuy y Coronel Lynch y un Renault Megane.

Luego, con un tercer vehículo robado chocó en el barrio San Alberto, y fue gracias a ese accidente que pudo ser retenido por un grupo de vecinos que lo entregó al Policía, que lo trasladó a una celda en la Comisaría 1ª de San Justo.

Matías Andrade, detenido e imputado por el crimen del almacenero,  Silvestre Reynaldo Quiroz. 

Aunque en una primera instancia, Andrade se negó a declarar ante el fiscal Gastón Bianchi, de la UFI Nº 3 descentralizada de San Justo, que le imputó los delitos de homicidio agravado criminis causa y robo calificado por el uso de armas en dos hechos, al confirmarse la muerte de Reynaldo, la causa pasó a manos del fiscal Marcos Borghi de la Fiscalía Especializada en Homicidios de La Matanza. Frente a este fiscal, el sospechoso habría declarado que "estaba muy drogado" y que "no se acuerdo de nada”.

El fatal ataque ocurrió el sábado pasado, y comenzó con una discusión en el almacén ubicado sobre la calle Parral al 3400, en San Justo, entre Silvestre Reynaldo Quiroz, y Matías Andrade, luego que este último, en un evidente estado de ebriedad, se negara a pagar dos latas de cerveza que había consumido. 

Fue así que Reynaldo se negó a fiarle y Andrade reaccionó con violencia: lo golpeó en la cabeza con un nunchaku, lo tiró al asfalto y, ahí, lo apuñaló varias veces. Todo ocurrió a plena luz del día, en la vía pública, y a la vista de vecinos y la propia familia de Quiroz, quien finalmente murió en el Hospital Balestrini de Ciudad Evita algunas horas después.

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