Fuentes judiciales informaron que fué esclarecido el homicidio de Mirta Avancini, la kinesióloga violada y estrangulada en su consultorio de Colegiales en 2015. El hecho se resolvió gracias a la publicación del video en la televisión y a un testigo anónimo que envió una carta a la fiscalía tras reconocerlo. El imputado es Juan Martín Aguirre, alias "Dientón", quien fue procesado por el juez en lo Criminal y Correccional 2, Manuel Gorostiaga, como partícipe necesario del "abuso sexual, el homicidio criminis causa y el femicidio" de Avancini, tras una investigación del fiscal Eduardo Cubría.

La kinesióloga fue hallada asesinada el 19 de diciembre de 2015 por su hermano, miembro de la Policía Federal, en su consultorio situado en el 2° A del edificio situado en Céspedes 3473, del barrio porteño de Colegiales.

Avancini estaba encerrada en el baño, atada de pies y manos con precintos, con un lazo alrededor del cuello y un trapo sobre la cara. La autopsia reveló que agonizó alrededor de 38 horas, que murió como consecuencia de una "asfixia mecánica por compresión del cuello, variedad estrangulamiento" y que presentaba varios golpes y signos de abuso sexual por doble vía.

Antes, el hermano había pasado por la casa de la víctima, ubicada a sólo dos cuadras de la escena del crimen, en el 5° D de la calle Palpa 3565, donde había encontrado los ambientes revueltos y se enteró que dos días antes había ocurrido un robo en el departamento vecino, el 5° A, cuando un ladrón sorprendió en el palier del ascensor a una niñera que salió a sacar la basura.

De inmediato, el fiscal Cubría y los policías de la comisaría 37 y de la División Homicidios relacionaron el homicidio en el consultorio y el robo del departamento de Avancini, con ese asalto. Los investigadores contaban con un elemento que fue clave para toda la investigación: los videos de las cámaras de seguridad del edificio de Palpa.

Ese 17 de diciembre 2015, Avancini quedó filmada saliendo de su casa a las 15.45 y a las 16.10, es decir, tan sólo 25 minutos más tarde, las mismas cámaras captaron la llegada de un joven ajeno al edificio que, vestido con bermudas, remera oscura, una gorra clara y una mochila, abrió la puerta con un juego de llaves y subió por el ascensor.

Aguirre entrando al edificio de la kinesióloga.

Ese joven es el mismo que luego asaltó y dejó encerrados en un baño a la niñera y un nene en el 5° A y a quien se ve abandonar el edificio a las 16.29. Para los pesquisas esa persona entró y salió del lugar con las llaves previamente robadas a Avancini en su consultorio.

Ya estaba preso

Pese a tener al sospechoso filmado, la investigación se estancó porque no pudieron identificarlo hasta el 3 de julio de 2017, cuando una carta llegó a la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional 22 de Cubría.
Según quedó asentado en la causa, un "denunciante anónimo" escribió que había visto en el programa "El Expediente" que trata sobre investigaciones policiales el caso de la kinesióloga y que reconocía al sospechoso de los videos como el "Dientón" Aguirre, un preso alojado entonces en el penal de Marcos Paz.

El fiscal Cubría siguió la pista de Aguirre y encontró varias coincidencias y pruebas que terminaron incriminándolo en el homicidio de la kinesióloga.

Así estaba vestido el imputado el día que violó y mató a Mirta.

En primer lugar, confirmó que el acusado estaba preso desde 2016 en Marcos Paz y que había sido condenado por el Tribunal Oral Criminal 22 por integrar una banda que cometía violentas entraderas bajo el mismo modus operandi que los hechos investigados en su causa.

Analizando las comunicaciones de Aguirre y las escuchas que la Policía Federal tenía de la investigación de la banda de las entraderas, el fiscal descubrió que el día y a la hora del crimen de la kinesióloga el imputado había realizado llamados con su celular en la zona de Colegiales.

Después, se trasladó a una joyería del barrio de San Nicolás para vender relojes robados y luego a Liniers para hacer lo mismo con las computadoras sustraídas a la kinesióloga y al vecino.

Pero el elemento más contundente fue que el ADN de Aguirre fue hallado en los precintos con los que maniataron a la niñera del 5° A.

El fiscal Cubría no consiguió encontrar ninguna evidencia científica -huellas o ADN-, que ubique a Aguirre en el consultorio donde fue violada y asesinada la kinesióloga, pero el hecho de haber tenido las llaves con las que ingresó después al edificio donde ésta vivía,  en la calle Palpa, lo convirtieron en un partícipe necesario del hecho.