Por Jorge Cicuttin
@jorgecicu

Pocas mujeres marcaron la historia y la política argentina como Eva Duarte de Perón. O para decirlo más apropiadamente, Evita.

“Cuando elegí ser Evita sé que elegí el camino de mi pueblo”, dijo de sí misma. ¿La diferencia entre Eva Perón y Evita? La explicó ella con gran claridad en “La razón de mi vida”: “Unos pocos días al año, represento el papel de Eva Perón; y en ese papel creo que me desempeño cada vez mejor, pues no me parece difícil ni desagradable".

“La inmensa mayoría de los días soy en cambio Evita, puente tendido entre las esperanzas del pueblo y las manos realizadoras de Perón, primera peronista argentina, y éste sí que me resulta papel difícil, y en el que nunca estoy totalmente contenta de mí. (...) De Eva Perón no interesa que hablemos. Lo que ella hace aparece demasiado profusamente en los diarios y revistas de todas partes. En cambio, sí interesa que hablemos de Evita; y no porque sienta ninguna vanidad en serlo sino porque quien comprenda a Evita tal vez encuentre luego fácilmente comprensible a sus descamisados, el pueblo mismo, y ése nunca se sentirá más de lo que es ...”.

Nada mejor que dejarla explicar a ella, cómo fue que aquella jovencita nacida en Los Toldos dejó su vida pueblerina para convertirse en la abanderada de los humildes. Hoy cumpliría 99 años, pero una cruel enfermedad terminó su vida cuando apenas tenía 33. Pero no hubo ni habrá enfermedad alguna que logre sacarla del corazón de su pueblo

Allí dejó una marca que nada puede borrar. Esa que se ganó acompañando a Juan Domingo Perón, trabajando intensamente por y para el pueblo, luchando para que la mujer tuviera el rol que se merecía en la política argentina, consiguiendo el voto femenino. Ese amor que se ganó junto a cada máquina de coser que entregaba a una costurera, como lo fue su madre Juana.

Ese terremoto, ese encuentro
Fue en un festival a beneficio de las víctimas del terremoto de San Juan, realizado en enero de 1944 en el Luna Park, cuando Evita conoció a Juan Domingo Perón. Un encuentro decisivo para la historia política argentina. Pasó a ser la Primera Dama en 1946. Pero fue más, muchísimo más.

Sus tareas sociales, su claridad política, su rol junto a Perón, su infatigable lucha para darles dignidad a los olvidados del país, hicieron que se convirtiera en una de las mujeres más influyentes de la historia argentina.

Porque acompañó a Perón en todos los actos y viajes, pero nunca estuvo a su sombra. Nunca una mujer había tenido ese rol en la historia nacional.

Volvamos a sus palabras, para entender el lugar que ocupó junto a Perón: “Esta es una circunstancia fundamental y se relaciona directamente con mi decisión de ser una esposa del Presidente de la República distinta del modelo antiguo. Yo pude ser ese modelo. Esto lo digo bien claro porque también se ha querido justificar ‘mi incomprensible sacrificio’ arguyendo que los salones de la oligarquía me hubiesen rechazado. Nada más alejado que esto de toda realidad, ni más ausente de todo sentido común. Pude ser una mujer de Presidente como lo fueron otras. Es un papel sencillo y agradable: trabajo de los días de fiesta, trabajo de recibir honores, de ‘engalanarse’ para representar según un protocolo que es casi lo mismo que pude hacer antes, y creo que más o menos bien, en el teatro o en el cine. En cuanto a la hostilidad oligárquica, no puedo menos que sonreírme. Y me pregunto: ¿por qué hubiese podido rechazarme la oligarquía? ¿Por mi origen humilde? ¿Por mi actividad artística? ¿Pero acaso alguna vez esa clase de gente tuvo en cuenta aquí o en cualquier parte del mundo, estas cosas, tratándose de la mujer de un Presidente? Nunca la oligarquía fue hostil con nadie que pudiera serle útil. El poder y el dinero no tuvieron nunca malos antecedentes para un oligarca genuino (...) Pero además, yo no era solamente la esposa del Presidente de la República, era también la mujer del conductor de los argentinos”.

Todo lo que dio
Evita en su tarea política y social dejó mucho más que el voto femenino y la ayuda a sus “descamisados”.

Creó el Partido Peronista Femenino, del cual fue presidenta, y la Fundación Eva Perón, a través de la cual se crearon hospitales, escuelas, orfanatos, jardines de infantes y maternales, asilos para ancianos y madres solteras.

Muchos niños por primera vez supieron lo que era disfrutar de las vacaciones a través del Plan de Turismo Infantil y sus colonias. Patrocinó campeonatos infantiles de fútbol, en los que muchos niños por primera vez disfrutaron de una ropa adecuada para hacer deporte. El Tren Sanitario Eva Perón, que contaba con los aparatos médicos más modernos, acercaba a los médicos a los pueblos alejados.

Comedores, viviendas para obreros, barrios universitarios, escuelas, todo se construía en aquella primera presidencia de Juan Domingo Perón, con la marca inconfundible de Evita. Pero no era beneficencia, no. Aborrecía esa palabra impuesta por las damas de la oligarquía que tanto la odiaron. Todo lo que hacía era en pos de la justicia social. Por eso los poderosos no la quisieron. Por eso se escribió “Viva el cáncer” en los barrios de la clase alta. Evita fue una bisagra histórica en la participación de las mujeres argentinas en la política.

Como señaló el 27 de febrero de 1946: “La mujer argentina ha superado el período de las tutorías civiles. La mujer debe afirmar su acción. La mujer debe votar. La mujer, resorte moral de su hogar, debe ocupar el sitio en el complejo engranaje social del pueblo. Lo pide una necesidad nueva de organizarse en grupos más extendidos y remozados. Lo exige, en suma, la transformación del concepto de mujer, que ha ido aumentando sacrificadamente el número de sus deberes sin pedir el mínimo de sus derechos”.

Eterna
Dejando en claro que renunciaba a los honores pero no a su puesto de lucha, Evita rechazó la propuesta de la CGT de acompañar a Juan Domingo Perón en la fórmula para la reelección segura de 1951. El pueblo se lo pidió a gritos en el cabildo abierto sobre la avenida 9 de Julio, pero ya sufría de metástasis en gran parte de su cuerpo y, además, una parte del Ejército se oponía a su postulación.

La foto en la que se la ve votando en su cama el día de las elecciones, demostraba su grave estado de salud. Tanto que la última vez que el pueblo pudo ver a Evita en un acto fue el 4 de junio de 1952, al asumir Perón su segunda presidencia . Para mostrarse fuerte ante la multitud, le hicieron un corsé de yeso y alambre para mantenerse firme, y le dieron más morfina que la que estaba acostumbrada. Murió el 26 de julio de 1952, a las 20:25 horas.

Su multitudinario velatorio en la Secretaría de Trabajo, el Congreso y la CGT, en días de frío y lluvia, se convirtió en una de las demostración de dolor popular más significativas de la historia. Evita no tuvo hijos, pero se la recuerda como la madre de todos. Por eso es que a 99 años de su nacimiento, su imagen y sus palabras no han perdido vigencia. Sigue siendo Evita, la abanderada de los humildes.