En su gira por la península de Corea, el periodista de Crónica TV, Santiago Cúneo, se reunió con el ex embajador surcoreano para Derechos Humanos ante la ONU, Lee Jung Hoon, y con directivos de la Asociación de Veteranos de la Guerra de Corea.

Allí dialogó con Jin Won Song, el vicepresidente de la entidad, quien le relató sus vivencias durante el conflicto armado que derivó en la separación de las dos Coreas, a principios de la década de 1950.

En tanto que Lee Jung Hoon explicó el problema de los derechos humanos que se deberá afrontar una vez derrotado el régimen norcoreano.

Actual director del Instituto de Estudios de la Corea Moderna, Lee Jung Hoon tuvo un amplio recorrido internacional describiendo las distintas vejaciones a los seres humanos bajo la dictadura que actualmente conduce Kim Jong Un.

A lo largo de sus ponencias en la ONU y diversas universidades de Estados Unidos y Europa, ha exigido el compromiso de todos los gobiernos, y también los ciudadanos, para organizar un movimiento similar al que derribó el apartheid en Sudáfrica.

“Nuestra generación debe encarar el asunto de las violaciones contra los derechos humanos perpetradas por Corea del Norte de manera colectiva y urgente. El resto del mundo ha ignorado la evidencia durante demasiado tiempo. Ahora no hay excusa, porque estamos enterados. Debemos tener el coraje y la voluntad política para confrontar al régimen de Pionyang. Necesitamos una campaña global, como la que se viera en ocasión del movimiento antiapartheid en los años ochenta”, sostuvo.

Además, durante el diálogo con Cúneo, resaltó que es una obligación de las instituciones tener organizado un escenario para dar justicia tras una hipotética reunificación de las dos Coreas: “Ese día habrá que juzgar a los que han violado los derechos humanos”, remarcó.

***

EDITORIAL

El futuro y el presente
Por Santiago Cúneo
@SantiagoCuneo

Muchas veces nos preguntamos: ¿qué hay después del límite? Corea es un límite. Un lugar donde termina la imaginación y el futuro es presente al mismo tiempo que el pasado lo acorrala.

No hay adónde huir del progreso y sus consecuencias; en el sur, el cemento enterró a los árboles y en el norte los misiles se pagan con hambre. El día “D” está pendiente pero es inevitable.

El 85% de los universitarios se enrolarían en una guerra mientras estudian tecnologías nanotécnicas. Viven la robótica con máscaras de gas en sus camas.

Son la última frontera entre Stalin y McDonald’s. Todo lo enmarca un orden, una limpieza y respeto envidiables; sólo explicable en su milenaria cultura y la necesidad de sobrevivir. De otra manera, no serían viables.