"Es distinto lo que las personas y los políticos buscan en las redes. La mayoría de los dirigentes todavía se vuelcan a las plataformas para hacer autobombo, para decir que tienen la solución a tal problema. Van a venderse. Pero la gente cuando participa lo hace buscando charlar, ser parte de una conversación, y eso necesariamente implica que el otro, en este caso el político, lo escuche. Y ellos están acostumbrados y preparados para hablar, y les falta aprender a mostrar que escuchan".

En diálogo con Crónica, Luciano Galup, uno de los mayores expertos argentinos en comunicación digital, que presentó el libro "Big Data y política" en el que analiza las transformaciones que estos medios revolucionarios entrañan para las campañas y para nuestra vida diaria.

Para dimensionar el tamaño del cambio que se vive desde hace apenas una década, repasa las últimas grandes transformaciones políticas: fenómenos como la primavera árabe, Donald Trump y su llegada a la presidencia de los Estados Unidos con una militancia sin precedentes en Twitter, el Brexit y el escándalo con la venta de datos personales por parte de Facebook y también el capítulo local con las movilizaciones durante el debate por la ley de aborto legal, seguro y gratuito.

"De lo que nos pasa a los argentinos, hay una entrevista con Guillermo Riera, que fue el encargado de hacer la campaña de redes sociales para Cambiemos en 2015, que generó un click en el escenario político", decía Galup. "La diferencia que hicieron ellos fue que dejaron de pensar las redes como un plus de la comunicación tradicional. No replicaron ahí la estética o el formato de los medios tradicionales, sino que comprendieron que debían desarrollar toda una estrategia de campaña virtual, con particularidades propias de las plataformas".

En ese sentido, remarca cómo transcurridos apenas algunos años desde la aparición de servicios como Twitter o Facebook, "hay un enorme triunfo de la estética de las redes".

¿A qué se refiere con eso? "Si vos ves un spot electoral de hace diez años, se ven imagenes bien fijas, cuidadas, donde el valor está en el profesionalismo del video. Ahora eso cambió. Hay publicidades de los candidatos filmadas por gente común, donde el valor ya no está dado por lo cuidado de las imagenes, sino por ser el propio ciudadano quien lo cuenta. Lo que se busca es disimular el profesionalismo, que claramente sigue estando, pero se intenta hacer algo más cercano".

En ese sentido, el especialista en medios sociales, comunicación política y análisis de datos subraya también que muchos políticos se vieron obligados a "aprender a ser uno más. Ya no sirven los candidatos que no escuchan, y tienen que mostrar que lo hacen. Las redes son un elemento clave a la hora de reencontrarse con la gente, en plena crisis de la representación de los tradicionales partidos políticos. Ahí uno puede ver que, por ejemplo, aparecen tomando mate en el patio de una familia, como si fueran uno más".

Uno de los puntos destacados del libro se refiere a que todavía el escenario no está definido. "El aprendizaje es día a día. No es lo mismo, se sabe a esta altura, lo que busca una persona mayor en las redes o cómo llegarle, que comunicar para un pibe de 16 años. Todavía no hay una receta para hacer campaña en las redes", destaca.

Dos datos para cerrar: el primero: quienes se suman este año al padrón electoral nacieron en el 2003 o un año antes. Y el segundo: esos muchachos no vivieron jamás sin internet, y dedican gran parte de su construcción de sentido a lo que viven en las redes sociales. Todo un terreno para el presente, pero un campo ineludible para el futuro.  

Luciano Galup, el autor de Big Data & Política.

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