Covid-19: un estudio argentino derribó uno de los mitos sobre Ómicron
El Ministerio de Salud reveló un informe que prueba un incremento de la mortalidad por esta variante que es casi 7 veces superior en pacientes que no tienen el esquema completo de la vacuna y 21 veces superior en quienes no recibieron el refuerzo.
Cuando la variante Ómicron del virus SARS-CoV-2 se convirtió en la cepa dominante de la pandemia, la mortalidad disminuyó en el mundo. El motivo parecía estar exclusivamente relacionado al hecho de que tuviera un mayor impacto en las vías aéreas superiores y no en la zona pulmonar. Sin embargo, un nuevo estudio argentino halló que los vacunados con dos dosis, y/o un refuerzo tienen entre 7 y 21 veces menos riesgo de morir.
La menor agresividad de esta cepa logró reducir las complicaciones por la enfermedad y, en consecuencia, las internaciones. Lo que se pudo comprobar ahora es que no solo fueron las características de Ómicron que disminuyeron las muertes sino que las vacunas tuvieron un rol fundamental en este sentido.
Los datos revelados en el último Boletín Epidemiológico Nacional del Ministerio de Salud, que se dio a conocer este domingo, prueban que el no estar vacunado o tener una sola dosis representa un riesgo de morir por Covid (con Ómicron) que es casi 7 veces superior que si se tiene el esquema completo y 21 veces superior que si se ha recibido el refuerzo.
Según el documento, entre la semana epidemiológica 23 y la 26 se registraron 8,15 muertes cada 100 mil habitantes en personas de 60 años y más sin vacunación o con esquema incompleto (una dosis).
Entre aquellos pacientes que contaban con el esquema completo se produjeron 1,2 muertes cada 100 mil habitantes, mientras que en el grupo de los que ya habían recibido al menos el primer refuerzo se registraron 0,38 muertes cada 100 mil habitantes.
La evidencia es clara: cuanto mayor es el nivel de anticuerpos gracias a las vacunas, las cifras de letalidad descienden abruptamente. Asimismo, la diferencia entre haberse aplicado el primer esquema y haber sumado la tercera dosis también es significativa: el riesgo de morir fue más de tres veces superior (3,15) en el primer grupo que en el segundo.
Esta relación entre las vacunas y la disminución de las muertes no se repitió en el rango etario que va entre los 18 y los 59 años. En este grupo murieron 0,5 personas cada 100 mil habitantes entre las que no tenían aplicada ninguna dosis o solo una, en tanto que es proporción fue del 0,07% entre los que sí recibieron el esquema completo.
La mortalidad fue aún más baja en el caso de los chicos entre 3 y 17 años. Según explica el documento, 0,03 de cada 100 mil niños vacunados y no vacunados murieron tras contraer el virus.

