En tiempos donde la incertidumbre por la aparición de una enfermedad desconocida como lo fue el coronavirus, los médicos y profesionales de la salud cumplieron en nuestra sociedad un rol clave, que pasó por poder luchar a través de su conocimiento o poner el cuerpo contra la pandemia, para intentar salvar la vida de miles de personas. 

En ese contexto, los profesionales de la salud que son adultos mayores tuvieron una participación fundamental, desde cargos jerárquicos o en primera línea junto a los médicos más jóvenes, para ser guías desde su experiencia en cómo poder dar respuesta a un virus desconocido. 

"Crónica" dialogó con distintos médicos y enfermeros mayores, quienes explicaron cómo fue tener que sobrellevar la pandemia, su pasión por la profesión y el lugar que les tocó ocupar para ayudar a la gente. 

Experiencia y conocimiento 

Luis Cámera (67 años) es médico clínico e integrante del comité de expertos que asesora al Gobierno nacional, por lo cual su rol a la hora de dictaminar los pasos a seguir para enfrentar la pandemia del coronavirus fue fundamental, así como desde lo comunicacional, por su constante aparición en los medios de comunicación. 

En diálogo con este medio, señaló que el lugar que han tomado los médicos mayores de 60 años con el virus fue deestar protegido de la atención directa a pacientes de Covid, pero trabajar desde la gestión y colaborar desde otro lugar”

Luis Cámera (67) fue llamado por el presidente para integrar el Comité de Expertos.

“La gran mayoría de los profesionales que somos mayores de 60 años hemos seguido trabajando en pandemia. Desde la transmisión de conocimientos, desde un cargo jerárquico, o en mi caso haciendo el seguimiento de pacientes después de que tuvieron la enfermedad y atendiendo en las áreas de internación que no eran Covid”, sostuvo Cámera. 

Sin embargo, el médico clínico hizo hincapié en que siempre estuvieron “a disposición para estar de forma directa con los enfermos de Covid si los profesionales más jóvenes no estaban disponibles”

Cámera explicó que para él como los profesionales que conformaron el comité de expertos para asesorar al Gobierno fue “un desafío intelectual muy nuevo, aunque movidos por la pasión”

“Me tocó tomar un rol de comunicador en tiempos de coronavirus y tener que dar los conceptos fácilmente para llegar a la gente, sin tener que demostrar ser un erudito. La pandemia mató a los gurúes, porque todos los pronósticos fallaron. Por eso es que el conocimiento se fue construyendo, con mucha lectura para amoldar el conocimiento científico a la realidad”, puntualizó. 

Por su parte, Cámera resaltó que durante los meses que lleva la pandemia se pasaron “momentos de mucha dureza psicológica, por lo que los más experimentados tuvieron que contener a los médicos más jóvenes”

Nos tocó a muchos tomar el rol de mentor, que es algo muy valorado en el mundo de medicina. El mentor es el que te ayuda a desarrollarte y nos ha tocado a los más mayores tomar ese rol”, destacó el asesor presidencial. 

La terapia intensiva 

Como médico terapista y miembro de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva (SATI), Arnaldo Dubín (67 años) resaltó que lo que le tocó atravesar desde marzo de 2020 en adelante por la aparición del Covid-19 en el país “superó toda experiencia previa” vivida y fue algo que no tenía previsto en la “etapa final” de su carrera. 

“La terapia intensiva tiene que ver con una especialidad que obliga a tener respuestas rápidas y muy evaluadas, porque los cambios se ven muy rápido. Con la pandemia, vimos que faltaban no solo recursos tecnológicos, que se fueron incorporando, sino también mayor cantidad de médicos intensivistas para enfrentar tantos casos”, subrayó Dubín a este diario. 

Arnaldo Dubín (67) se desempeña desde hace décadas como intensivista. 

En torno a la experiencia que vivió como médico durante este último año y medio, Dubín remarcó que se padeció “un sufrimiento mucho peor con la pandemia”, ya que se trastocó un paradigma que se tenía previamente en cuánto a los pacientes que pasaban por terapia intensiva. 

“Siempre se relacionó con algo negativo pasar por terapia, pero en realidad la mayor parte de los pacientes se iban con el alta. El coronavirus hizo que en un momento la mayoría de los internados fueran pacientes ventilados mecánicamente, lo que trastocó todo” apuntó el médico intensivista. 

Sobre esta línea, Dubín agregó que otro factor que cambió y complicó la forma en que se atendía a los pacientes fue la “deshumanización” a la que empujó esta enfermedad, por la necesidad de tener a quienes tienen coronavirus aislados de sus seres queridos. 

“Son situaciones muy angustiantes. Tener que aislar a los pacientes de sus familiares, ver que con la segunda ola hubo un crecimiento de la mortalidad en pacientes más jóvenes. Fue muy difícil desde lo psicológico y muy desgastante”, enfatizó. 

Al respecto, puntualizó que hubo “trabajadores muy expuestos y que durante toda la pandemia estuvo el temor del contagio presente”, en especial para los profesionales como él en edad de riesgo por el Covid, lo que generó “gran incertidumbre”, pero que el compromiso con la atención es “irrenunciable”

En ese sentido, Dubín hizo hincapié en quela gran mayoría no tenemos duda en seguir con estoy que dejar de ser médico intensivista “nunca fue una opción, porque los médicos quieren seguir atendiendo a pesar de todo lo pasado”

“Para mí es un orgullo poder ser médico y haber participado de esta guerra contra la pandemia. Una pelea que se dio en distintos ámbitos, no solo en los centros de salud, contra los atentados a la cuarentena, los negacionistas y los antivacunas. Tuvimos que dar una lucha contra todos ellos y estamos orgullosos de haber tomado ese rol”, finalizó el médico intensivista. 

Enfermeros, al frente de batalla

En la tarea por poder ser un sostén para dar batalla a la situación epidemiológica por la que atraviesa el país por el virus del Covid-19, los enfermeros y las enfermeras cumplieron también una tarea fundamental, con un gran sacrificio y entera predisposición para dar pelea desde adentro de los distintos centros de salud. 

Tal fue el caso de Javier Medina (56 años) y e Hilda Herrera (65 años), dos enfermeros del Hospital Garrahan que continuaron cumpliendo su tarea en tiempos de pandemia para dar respuesta a la demanda. 

“Fue desde un principio una situación muy particular. En un primer momento al tener que vestirnos con ropa especial para protegernos y en especial por tener a los chicos aislados de sus familiares, que para esa edad es muy importante que se sientan acompañados para poder inyectarles energía”, explicó Medina. 

En ese sentido, el enfermero, que se desempeña en el área de atención a pacientes de Covid-19 del Hospital Garrahan, enfatizó que buscaron la manera de poder lograr que de cualquier forma los chicos se contactaran con sus padres o seres queridos, mediante “un teléfono, un mensaje, o algún modo en el que pudieran estar comunicados y no se sientan solos”. 

Por su parte, en el caso de Hilda Herrera, valoró que lo ocurrido desde marzo del año pasado sirvió “como un aprendizaje, para saber cuidarnos entre todos” y añadió que a pesar de los riesgos que podía ocasionarle a su edad seguir trabajando nunca quiso dejar de estar presente y “enfrentar este reto”

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