La increíble historia del Italpark y la atroz maldición de una bruja que provocó su caída
El Parque de diversiones fue construido en un lugar donde todo lo que se erigió terminó trágicamente. Después de cerrado siguió provocando muertes.
El Italpark es algo imborrable en la memoria de los adultos del día de hoy, que en los 60 y 70 vivieron allí encuentros amorosos, rateadas del colegio y plenitud absoluta con amigos. Tener el ticket del parque era el sueño de todo joven de aquella época. Pero, como la historia ya contó, una serie de desgracias lo obligaron a cerrar, y el arquitecto nunca se dio cuenta que la maldición que había en el predio ya había dado señales previas.
Luis Zanón llegó a Sudamérica en 1948 con los objetivos bien marcados. Quería reconstruir la fábrica de juegos mecánicos Frattelli Zanón, demolida por la Segunda Guerra Mundial en su país. Comenzó por en 1950 levantar el Parque Rodó en Montevideo, y en 1960 encontró en Buenos Aires, en el cruce de las avenidas Callao y del Libertador, sobre 4.500 metros cuadrados, el terreno ideal para armar el parque de juegos más grande de Sudamérica: el Italpark.
En sus épocas de gloria solian ir 10.000 personas por día y en vacaciones de invierno las colas para ingresar eran monumentales. Sus 35 juegos incluían, entre otros, dos montañas rusas (una era la más alta de Sudamérica), tiro al blanco con la escenografía de Bonanza, teleférico, juego de las tazas, autitos chocadores, los autódromos Autos Sprint y Súper Monza, Dumbo, el Tren fantasma y el famoso "Laberinto de Terror". Como en una película, era el lugar donde los sueños se cumplían, los amores se concretaban y las amistades rencían.
Pero las desgracias no tardarían en llegar. El 27 de mayo de 1978 un incendio destruyó el Tren Fantasma sin saberse jamás los motivos que lo originaron. En agosto de 1989 otro siniestro se llevó la pista Súper Monza. Dos meses después, el fuego devoró el Laberinto del Terror, y en 1990 llego el punto culmine: uno de los carros del MatterHorn se desprendió. Roxana Celia Alaimo, de 15 años, falleció allí ¿Era posible tanta tragedia?
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El origen de la maldiciónTodo comenzó en 1904, cuando llegó a la Argentina el renombrado arquitecto suizo Alfredo Zücker, el mentor del famoso Parque Japonés, el parque de diversiones más grande de Sudamérica donde se elevaría el Italpark 50 años después.
El 3 de febrero de 1911 se inauguró con una inversión de dos millones de pesos, unos 4 millones de dólares actuales. En los primeros seis días asistieron 150.000 personas y el precio de la entrada pasó de 50 centavos a un peso. Pero la maldición llegaría cuando los miembros de la alta sociedad, que habitaban la zona, se horrorizaran con "la invasión del pueblo". Consiguieron contratar a una bruja que tras una buena paga les aseguró que había maldecido el lugar y que todo lo que allí se levantara no tendría vida.
Más desgracias en el predio maldito
La leyenda urbana dice que todavía hay una chance para los enamorados del parque de diversiones de revivir aquellas épocas. Es cuestión de seguir una serie de pasos:
Primer paso: comprar por Internet una vieja ficha de entrada al Italpark. Es muy difícil encontrar vendedores, y si lo encuentran, la fichita no está menos de 2.000 pesos.
Segundo paso: dirigirse al lugar donde estaba el Italpark. Hoy es un enorme espacio verde. Pararse a medianoche exacta frente al lugar exacto donde estaba la puerta de ingreso al parque con la ficha en la mano. Mágicamente, ante sus ojos, aparecerá todo el parque iluminado, con los juegos en funcionamiento. La ficha le abrirá las puertas del Parque, pero el que entra, sólo tiene derecho a un juego. Si utiliza más de uno, las puertas se cierran y el ambicioso queda eternamente dentro del Italpark.
Tercer paso: si no se atreve a tanto, le queda otra chance. Dicen que hay un misterioso galpón 39 en Retiro donde se guardaron algunas reliquias del Italpark. Si alguien quiere verlas debe preguntar por el Perro Cervero, un empleado ferroviario que las custodia. Observarlas le costará unos pesos.
¿Donde quedaron los juegos del Italpark?Algunos juegos estarían arrumbados en unos depósitos ubicados en la localidad de Pilar pertenecientes a la familia Zanón, pero la mayoría de ellos está en el Argenpark de Luján, que es una réplica del Italpark. Allí están el Súper 8 Volante, Showboat, Samba, Torpedo, Twister y el Súper Monza. También el barco y alguna boletería con forma de casilla alpina.

