Prof. Antonio Las Heras (*)
alasheras@hotmail.com

La devoción a la Pachamama es muy difundida hoy en día, pero su origen se sitúa en el Imperio Incaico mucho antes de la llegada de Colón al Nuevo Continente. Cuando los españoles arribaron a América, las ceremonias y rituales a la Madre Tierra (que eso significa la Pachmama) ya existían, jamás desaparecieron y se realiza hasta hoy en toda la región andina.

Su celebración principal es el 1° de agosto, a mes y medio del solsticio de invierno o Iny ymi, se agradece a la Madre Tierra. Cuando el frío impera, las plantas parecen secas y los árboles quedan sin follaje, aparece la esperanza de los pueblos originarios en que la deidad creadora de vida que nutre y protege, esa que muestra generosidad al ofrecer frutos y riquezas que guarda en su seno, habrá de brindar en un futuro cercano (equinoccio de primavera) todo para el sustento de humanos, animales y vegetales. Inequívoca evocación a la armonía prevalente en la naturaleza.

Pacha es un vocablo de origen quechua y también aymara que remite a la infinitud del tiempo, a lo eterno y significa la totalidad de la existencia de la vida; y Mama, el sentido de la capacidad materna para engendrar vida. Así, “ Pachamama”, considerada la máxima deidad, alude a la Madre de toda la existencia vital, que se manifiesta a través de la Tierra. Cuando el centro divino cambió y se trasladó al Sol, y el culto fue desplazado por Inti y Quilla, por Viracocha y los Hijos del Sol, el antiguo culto se mantuvo intacto y vigente en la veneración popular.



Los gobernantes incaicos, ante este marcado fervor popular, debieron admitir la continuidad de ceremonias y rituales. Eso sí, desde el Cuzco, eje central del mundo incaico, era controlado el desarrollo y difusión. Ocurre que las raíces duales del pensamiento andino siempre consideran a la contraparte, cuyo entramado conforma un todo. Inti, el Sol en lo 
alto simboliza lo masculino.

Pachamama, la Tierra, en lo profundo simboliza lo femenino. La síntesis de opuestos. Venerar a la Madre Tierra es una real necesidad, al empezar el período de preparación de la tierra para la siembra posterior, asegurar cosecha abundante y que el ganado (llamas, cabras) crezca sano y con muchas crías.

En esos meses, según la tradición aymara, la Pachamama está “con la boca abierta... tiene hambre” y hay que alimentarla para agradecer su prosperidad y evitar imprevisibles castigos. Las ceremonias comienzan durante la noche de la víspera. El amauta (chamán) del lugar ha de sahumar a todos los que participan y comparten un mate en el que se coloca ruda junto a hierbas locales y se ceba con aguardiente caliente en lugar de agua.



También se hace el hilado del “hilo zurdo”, (hilar hacia la izquierda y colocar ls cordones en tobillos, muñecas y cuello para protegerse contra posibles castigos de la Pachamama. Cuando despunta el día se cava un pozo en la tierra (la Boca de la Pachamama); sitio dónde el año anterior se enterró una piedra, la “Piedra del Clima”; si aparece seca anuncia un año con pocas lluvias, y si está húmeda, predice una temporada más favorable para los cultivos. Al mediodía comienzan las ofrendas para “carar” (alimentar) a la Madre Tierra.

Primero se pide perdón por el daño provocado por los humanos y, luego, se procede a enterrar una olla con alimentos ya cocinados, se agrega coca, cigarros (éstos deben encenderse y tras dar algunas pitadas colocarse parados en los “labios” del pozo; para el caso que alguno se caiga denota problemas en el futuro de quien lo puso) y bebidas alcohólicas (hasta los tiempos hispánicos sólo chicha pero, luego, también comenzó a utilizarse vino y desde hace años se ha vuelto usual la cerveza), con el fin de saciar el hambre y la sed de la Pachamama.

En ese momento se pronuncian las palabras de veneración que varían según la región, pero que en todos los casos expresan un pedido de salud, riqueza y prosperidad.

Para colocar las ofrendas que se colocan en el interior del pozo −que simboliza la boca de la Madre Tierra− hay que estar arrodillado y utilizar ambas manos lo que obliga al oferente a inclinar su cuerpo en señal de entrega y agradecimiento. Existen algunas variaciones de acuerdo al lugar en que se realicen, pero su sentido es siempre el mismo.



SE HIZO MASIVO CUANDO PIZARRO MATÓ A ATAHUALPA...
El culto oficial al Sol correspondía únicamente a los hijos de Inti; no se admitían integrantes del pueblo. Por ello la existencia de una deidad que pudiera ser vivida por el pueblo mismo era clave. El asesinato de Atahualpa en manos de Pizarro simbolizó el traspié del Sol por el Dios cristiano, que lo reemplaza por él al ser también varón y reinar en los cielos.

Pero las divinidades locales no fueron olvidadas sino que, por el contrario, adquirieron mayor preeminencia como resultado de la muerte del dios masculino: la Gran Madre Tierra sobrevive a su esposo demostrando la fuerza de lo femenino sobre lo celestial y, por ello su veneración es imprescindible para que nunca deje de protegerlos.

Así el culto a la Pachamama, como expresión popular, sobrevivió hasta nuestros días con la fuerza propia a los pueblos.

(*) Doctor en Psicología Social, fi lósofo y escritor. Magister en Psicoanálisis. Pte. Asoc. Arg. Parapsicología y de la Asoc. Junguiana Argentina.

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