A solo días de que comience el ansiado mes de diciembre, arranca la época del año tan temida por los estudiantes que se llevaron materias, especialmente en el secundario. Una preocupación que también afecta a sus padres. Los exámenes se acumulan y el tiempo no parece ser suficiente para estudiar todo lo necesario.

Lo cierto es que este problema altera el clima familiar, generando peleas interminables entre padres e hijos y sumando aún más presión a una situación estresante.

Intervenir: ¿sí o no?

Ante este escenario los padres suelen cuestionarse por su rol en la cuestión: ¿podrían haber hecho algo más?, ¿es necesario enojarse o castigarlo?, ¿cómo incentivarlo a estudiar mejor?, ¿qué hacer si desaprueba? Si bien durante la adolescencia, la independencia y autonomía es mayor que en la niñez, los chicos aún no son adultos. Esto quiere decir que todavía no poseen la madurez suficiente para tomar decisiones importantes sobre su vida, razón por la cual siguen necesitando la intervención de uno o más adultos.

Para resolver este tipo de problemas, aún necesitan de la guía y el sostén de los padres. La solución, entonces, depende más de lo que los adultos hagan que de lo que el adolescente por sí mismo logre gestionar. Por lo tanto, más allá de las buenas intenciones y promesas de “estudiar 24 horas al día para aprobar” o “ponerse las pilas”, lo más probable es que no sea suficiente para aprobar.

Las causas

Otro aspecto a considerar en estas situaciones es pensar qué las provocó. Las causas que pueden llevar a que un estudiante repruebe sus exámenes son muchas y variadas. Muchos de ellos se llevan materias porque no tienen una motivación suficiente que los impulse a estudiar.

Actualmente, es difícil para los profesores lograr que los adolescentes estudien o se interesen por los contenidos. Las redes sociales les consumen mucho del tiempo que debería ser dedicado al estudio.

Además, existen otros factores que pueden afectar su capacidad de aprendizaje y ocasionar que se llevan materias. Los trastornos de atención (cada vez más comunes), un trauma reciente o la situación afectiva también influyen en este tipo de situaciones. Asimismo, puede haber cierto grado de responsabilidad en el entorno.

La propia situación familiar, el contexto y la cultura de estudio que se les enseña tiene mucho que ver con el espacio que los chicos suelen darle a la escuela en su vida.

Estímulo y compañía

Una vez establecidas las causas, es necesario pasar a la etapa de motivación y organización.

Es fundamental intentar que los padres estimulen al adolescente para que pueda superar las dificultades específicas de cada materia, ya sea recurriendo a un profesor particular o un tutor que los ayude a organizarse con el tiempo para evitar esa sensación del “no voy a llegar a estudiar todo”. De este modo, estarán mejor preparados y más seguros al momento de rendir.

Es importante acompañarlos en todo el proceso previo al examen, con paciencia, sin invadirlos y brindándoles el apoyo que necesitan, aunque no siempre les sea fácil pedirlo.

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