Por Fedra Abagianos
salud@cronica.com.ar

El cáncer existe desde siempre. No es una enfermedad infecto-contagiosa y puede afectar a todos. Por esto se le teme tanto, mientras se investiga buscando una cura definitiva. Y si bien la ciencia ha avanzado mucho en tratamientos para combatirlo y mejorar la calidad de vida de quienes lo contraen, es una realidad.

En ese contexto, el cáncer de mama es el tumor más frecuente a nivel mundial, aunque detectado a tiempo tiene alta probabilidad de cura. Así, para crear conciencia y promover que cada vez más mujeres puedan prevenir, acceder a controles, diagnósticos y tratamientos que sean oportunos y efectivos, en diálogo con Crónica, Darío Niewiadomski, oncólogo clínico (MN 110535), habló de este mal y sobre la oncología esperanzadora, espacio de contención donde se realizan actividades que ayudan a pacientes a transitar tratamientos y la cura.

-¿Cómo se lucha contra el cáncer de mama?

-A mí no me gusta hablar de “en contra de” porque no es una lucha. En mi caso trato de desmitificar que el cáncer es sinónimo de muerte para que la gente pueda acercarse más a los médicos. Octubre, por ejemplo, es el mes de la concientización y de la detección temprana, haciendo alusión a que si se diagnostican tempranamente hay una alta tasa de curabilidad.

Entonces, se hace hincapié en la autopalpación mamaria, en la mamografía y en la ecografía mamaria que son los pilares para detectarlo.

-¿Cómo nació la oncología esperanzadora y qué es?

-Nació hace dos años y medio, es un sitio en donde hay un nexo entre los pacientes, sus familiares y allegados, con distintos profesionales de la salud, en donde se puede interactuar, evacuar dudas, recurrir a distintas experiencias de otras personas que han tenido el mal y que les cuentan o aconsejan sobre cómo llevarla adelante. Y donde se hace hincapié en charlas sobre detección temprana, prevención, y se trata de realizar distintos tipos de actividades que nucleen a pacientes oncológicos.

-¿Qué tipo de actividad realizan?

-El pasado 1º de marzo hicimos un concurso literario en el que se presentaron 225 narraciones. Las historias finalistas fueron 30 y de 11 países; tres fueron las ganadoras. Todas las historias están publicadas en la página y las 30 finalistas están publicadas en el libro “El cáncer, una historia que contar. Antología del primer concurso literario”.

Todas las historias fueron escritas por pacientes oncológicos mayores de 18 años que fueron convocados de forma abierta gracias a los auspiciantes y a través de difusión en distintos medios que ayudaron a comunicarlo.

-¿Qué papel cumple la escritura en la oncología esperanzadora?

-La escritura es parte del tratamiento y de la sanación del paciente. El tratamiento oncológico se tiene que hacer multidisciplinariamente. Si bien uno como médico lo aborda desde el punto de vista científico, a través de la quimioterapia por ejemplo, hay un montón de otras cosas que el paciente tiene que hacer para sanarse y sentirse mejor.

Puede ser el arteterapia, la pintura, la musicoterapia, la lectoescritura, escribir sobre sus experiencias, crear huertas orgánicas, hacer reiki, yoga o meditación, hay un montón de caminos, así como a mucha gente le gusta escribir y también le gusta la lectura.

-¿Cómo surgió la idea?

-Particularmente soy muy lector, tengo siempre sobre mi escritorio un libro y cuando vienen los pacientes empezamos a hablar sobre la lectura. La idea era que la escritura fuera parte de la resiliencia de la enfermedad.

Imaginé un concurso literario para que pudieran expresarse sobre sus trances y patologías, y de cómo salieron adelante.

-¿Cuál fue la respuesta a esa idea?

-La respuesta de ellos fue espectacular. Yo estaba feliz porque a medida que iba pasando el tiempo veía cómo la gente presentaba sus historias. Todos las presentaron a través de seudónimos para que sea anónimo.

Cuando llegamos a las 225 presentaciones no lo podía creer, fue mucho más de lo esperado. Trascendió y la gente estaba feliz de poder contar, de poder escribir sobre lo que le estaba pasando.

-¿Qué recuerdo dejó este primer concurso que realizaron?

-Había una paciente que estaba muy triste, muy deprimida y en su relato escribió que “sabía que no iba a ganar”, pero que escribía por liberación porque estaba muy deprimida. Uno de los miembros del jurado que leyó esto, me alertó sobre la situación de esta participante y su estado de depresión.

Entonces yo le dije que se quedara tranquila porque todas las publicaciones iban a estar publicadas en la página, y que gracias a lo que ella escribie ra mucha gente se iba a beneficiar. Después de eso, ella estaba feliz y agradecida por la experiencia.

-¿El balance de esta experiencia?

-En líneas generales todo fue muy positivo y alentador para mucha gente. Fueron 225 historias en donde todos ellos pudieron descargar, liberarse, hacer un trabajo de resiliencia. Y además, la gente que los lee y tiene diagnósticos recientes puede aprender positivamente sobre todo esto, sobre lo que les está pasando, y como si fuera poco, sa ber que el cáncer no es sinónimo de muerte.

-¿Qué le pasa en general al paciente cuando toma conocimiento de su diagnóstico?

-Siente como un terremoto que pasa por su vida y por su historia. En muchos casos siente que se le para el tiempo, es como que deja de importar el futuro, el presente y es como que se queda en blanco, empieza con un mecanismo de negación. Se dice frases como: “A mí no me puede estar pasando esto”; “¿Por qué a mí?”; “Yo no tengo cáncer”... Son todas frases que les aparecen. Muchos tienen miedo, incertidumbre cuando concurren al oncólogo, se preguntan qué es. No entienden nada, entonces muchas veces tenemos que hacer un trabajo psico-oncológico como para que el paciente sepa dónde estamos parados.

-¿Qué es lo que debería entender sobre su diagnóstico?

-Lo principal es que el paciente tiene que entender que no es la única persona que está atravesando por esto. Y que hoy en día hay un mon tón de tratamientos, que se avanzó mucho, que hay un montón de métodos terapéuticos. En algunos casos aparece la rabia, la bronca, el enojo, pero primero está la negación, la angustia y después empieza la aceptación. Cuando empiezan a aceptar, empiezan a pensar para adelante, empiezan a ver cuáles son las posibilidades que tienen, empiezan a canalizarlo a través de distintos métodos.

La psiquiatra Elisabeth Kübler Ross en “La rueda de la vida” hace hincapié en estos procesos de duelo, y una enfermedad oncológica es parte de eso.

-¿Qué objetivos puede sumar a la oncología esperanzadora?

-Queremos que pacientes que estén en Formosa, en Misiones o que se encuentran lejos de las zonas centrales de salud, poder ayudarlos y derivarlos a centros que se encuentren más cerca de sus lugares, poder hacerles una conexión a través de las redes y conectarlos con un oncólogo para que no tengan que viajar a la capital de sus provincias para tratarse. A través de una red de encuentro, que ellos estén conectados para darles un marco de contención. Y para el futuro ya estamos pensando para hacer en marzo de 2020 un concurso fotográfico para pacientes. Además, estoy organizando un taller de reinserción laboral de paciente oncológico porque, como siempre, al que está en tratamiento le es muy difícil conseguir un trabajo.

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