Por Leo Schwarz
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La popularidad de Islandia creció de forma sideral en los últimos meses, cuando logró la clasificación a Rusia 2018 y captó la atención de todo el mundo de la pelota. Empero, al margen de esa fama adquirida por su seleccionado de fútbol, el paisaje de ese lejano país europeo es lo más propicio para crear fabulosas historias sobre seres no humanos. La vegetación del terreno, unida a vastas explanadas volcánicas y zonas congeladas, animó desde tiempos inmemoriales a sus habitantes a continuar con las creencias en esos míticos personajes bautizados elfos. Y al parecer, según se pudo comprobar mediante diferentes estudios recientes, la opinión sobre que tales seres existen podría no haber variado con el paso de los siglos y aún en la actualidad se mantiene así. Al punto que se oponen a una obra que rompería el habitual paisaje en el que esos “personajes se mueven”.

Esta piedra removida por una motoexcavadora fue el motivo de controversia.

¿Seres mitológicos?

Para quienes no frecuentan en el ámbito “no terrenal”, los elfos son unos pequeños seres de no más de 90 centímetros de alto con grandes orejas y aunque para algunos no representan más que a unos seres mitológicos, para muchos otros son más que eso. Tal es así que en el último tiempo decenas de ambientalistas islandeses protagonizaron una protesta de alto perfil: la construcción de una nueva carretera tuvo que suspenderse mientras se encontraba una solución al problema de que la ruta planeada porque iba a incomodar a los duendes o elfos que viven bajo las rocas. Ese es sólo uno de los innumerables ecosistemas que se encuentra en protestas en todo el mundo, pero la campaña ganó repercusión internacional.

Mitología nórdica

Elfos y hadas están estrechamente relacionados en el folclore, y aunque los elfos parecen específicamente haber surgido desde principios de la mitología nórdica, por la década de 1800, las hadas y elfos fueron ampliamente considerados como simplemente diferentes nombres para las mismas criaturas mágicas. Tanta es la influencia que tienen dentro de la sociedad islandesa, que en el libro “Folk islandés y los cuentos de hadas” ( Islandia Revisión Library, 1987), los folcloristas de mayo y Hallberg Hallmundsson explican cómo la concepción de la naturaleza islandesa está íntimamente ligada a su folclore de los duendes y las hadas. “Los islandeses son generalmente muy apegados a su país, tal vez más que la mayoría de otros pueblos. Es el amor por la tierra misma en su presencia física, por su suelo, montañas, arroyos, valles, e incluso sus volcanes que escupen fuego y los residuos congelados de hielo”, escriben los autores. Para los islandeses, la tierra nunca fue sólo una acumulación de materia inanimada, cada característica del paisaje tenía un carácter muy propio, venerado o temido según el caso, y esa actitud era muy creída por los islandeses.

Colinas y arroyos

Según cuentan los especialistas en estos temas mitológicos, ese espíritu de vida habita las colinas y arroyos de esta isla, con el agregado que llegó a ser personificada con elfos y otros seres mágicos. Mientras que es fácil burlarse de esas creencias populares como hacia atrás o anticuada, la mayoría de las culturas profesan una creencia en sobrenaturales o seres mágicos, incluyendo demonios, ángeles, fantasmas y genios. Estos elfos, al igual que las hadas de principios de la tradición británica, tienen muchas cualidades humanas y pueden vengarse si no se manipula o perturbado.

Los islandeses creen en su existencia

En una publicación realizada por National Geographic, se confirmó que el 54% de la sociedad islandesa cree en ellos o, por lo menos, confía en la posibilidad de que existan. Ese resultado ratificó todos los análisis que se habían efectuado a lo largo de la historia. Por citar un ejemplo, el profesor de Psicología de la Universidad de Islandia (Erlendur Haraldsson), en 1974, dictaminó que el 55% creía –a diferentes niveles- en la existencia de los elfos. Uno realizado hace una década arrojó estudios más impactantes: el 62% fue la cifra final.

Según este último sondeo, sólo el 13% de los participantes en la encuesta negaba con rotundidad la existencia de los elfos, mientras un 19% lo definía poco probable. Sin embargo, un 37% aseguraba que podrían existir, un 17% creía que su existencia era probable y un 8% afirmó rotundamente su existencia. “Los islandeses parecen estar mucho más abiertos a fenómenos como los de soñar con el futuro, los presagios o corazonadas o los fantasmas que otros países”, afirmó Gunnell en la revista Iceland Review. A partir de lo confesado por los expertos en el tema, las vacaciones de Navidad son un buen momento del año para ver a los elfos -o ‘álfar’ en islandés, o también ‘huldufolk’, que significa “gente escondida”-, ya que en los días de Navidad y en Nochebuena se sabe que salen a buscar sus nuevas viviendas.