Por Florencia Bombini
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"¿Qué querés ser cuando seas grande?”, es la pregunta que toda abuela, tía, amiga de la familia les hacen a los más chiquitos cuando los ven jugando con un estetoscopio de juguete que le han regalado en algún cumpleaños, con la escuadra de su padre arquitecto o una calculadora de su mamá contadora. Las preguntas son inevitables. Y los chicos pueden variar su respuesta de acuerdo con el paso de los años y pueden también no saberlo hasta el final de sus estudios secundarios.

Sin embargo, desde el lado de la familia es importante tener en cuenta cómo manejar este tema de la elección de la profesión en un hijo, que de chico dijo que padres. Cómo actuar mientras sus hijos se definen con respecto a qué camino seguir de grandes quería ser ingeniero, pero en la primaria soñaba con ser dibujante, más tarde quiso ser médico y finalmente se recibió de administrador de empresas.

Es muy común también que, de grandes, prueben diferentes carreras hasta que encuentran una con la que están a gusto. Una persona que termina el secundario e ingresa a una universidad muchas veces no está decidida o descubre con el correr del tiempo que no era lo que le gustaba.

Al respecto, la especialista Edith Vega (MN 14363), psicóloga de Fundación Hospitalaria, explicó de dónde surgen estas diversas manifestaciones de los más pequeños. En primer lugar, se refirió al nivel sociocultural al cual el niño tiene acceso. En segundo lugar, mencionó las ocupaciones que observa en las figuras significativas de su entorno cercano y la satisfacción o insatisfacción que percibe en ellos respecto de la tarea que realizan. Y por último, hizo hincapié en las competencias naturales del niño. Esto hace referencia, según explicó Vega, “a la diversidad, la imaginación y la riqueza de la mente de los niños en desarrollo”.

La influencia es una palabra clave para comprender el proceso de elección de la profesión en los niños o adolescentes. “Estas manifestaciones pueden ser indicadores de la fuerte influencia que reciben, a veces de la confusión que les genera el futuro, o de una actitud de aplanamiento para ser aceptados con las elecciones que hacen sus pares”, agregó la especialista. Por ello, es bueno considerar que estas expresiones son diferentes, de acuerdo con el momento evolutivo en que se encuentran. Y es importante comprender que suelen representar una proyección al futuro más que elecciones definitivas.

El rol de los adultos

La especialista destacó la importancia del diálogo entre los padres y los hijos, sin que esto signifique forzar al niño a seguir un camino determinado. La función de ellos, justamente, es favorecer el proceso de elección más que sugerir alternativas.

“Hay padres que quieren que el niño sea lo que ellos no pudieron ser, y el riesgo de esto es que interfieran u obstaculicen el proceso de construcción de la identidad del chico. La tarea de ser padres y madres exige un diálogo abierto entre los deseos de los padres y los del niño”, explicó Edith Vega.

Además, la especialista destacó que es interesante el proceso en los estudios realizados con familias numerosas: un mismo mensaje, escuchado por diferentes hijos, es tomado de modo diferente. Algo que para uno representa un mandato ineludible, para otro es un comentario al pasar, casi olvidado.

La hora de la definición

El proceso de elección es un fenómeno complejo: hay muchos elementos en juego y muchos interjuegos entre los elementos que lo componen. Actualmente se observa una relación importante con la realidad virtual a la cual los niños tienen acceso. Esto agrega un elemento diferente de elección. El interjuego se da entre las habilidades naturales y/o adquiridas del niño y la expectativa de los adultos, o lo que el niño supone que más coincide con lo que él cree que sus padres quieren, según explicó la psicóloga.

Entonces, ¿qué tienen que hacer los padres para no generar una influencia en el niño? Edith Vega recomendó que “para aprovechar creativamente el deseo infantil necesitamos estar sin apuros, aunque sólo dispongamos de cinco minutos, esos cinco minutos estar totalmente con él. Como padres, transmitimos valores y podemos estar sensibles a los intereses del niño. Compartir nuestro trabajo puede ser una buena experiencia para el niño, siempre que para nosotros sea una fuente de gratificación o de desafío a superar, más que la evidencia de frustración, desesperanza, o un camino sin salida. Recordemos que si los trajimos al mundo, somos responsables también de ayudarlos en el complejo proceso de construcción de una identidad saludable, más que resentida. Nuestra tarea es también una responsabilidad social”.

De esta manera, Edith Vega brindó tres consejos clave para los padres. En primer lugar, es importante dejarse sorprender por la manera que tiene el niño, coincida o no con la propia expectativa. En segundo lugar, apoyarlo aunque no coincida con lo que ellos, como adultos, hubieran elegido, y por último, es importante saber cuándo pedir ayuda en la crianza de los hijos.

Es importante entonces considerar que cuando estos niños crecen se convierten en adolescentes, un período con características muy marcadas donde pueden existir diferentes cambios de ideas o bien, firmeza en una, aunque después descubran que no les gustaba. Más allá de lo que ellos quieran, es fundamental seguir apoyándolos, porque será vital para los años de carrera que tengan los hijos, que se sentirán a gusto sabiendo que tienen un respaldo y que no están solos.

También es vital, como remarcó la especialista, evitar influir a los chicos sobre aquellas cosas que los adultos no pudieron ser. No sólo los chicos lo harán sin ganas, sino que será una pérdida de tiempo y de plata. A menos que sean ellos los que elijan seguir la misma carrera de sus padres.

Es decir, el camino correcto tiene que ver con acompañarlos en la elección de su futuro y dejar a un lado la propia opinión y el deseo de lo que uno quiso hacer tiempo atrás. Porque en esa decisión está la felicidad de un hijo, que es, ni más ni menos, lo que buscan los padres cuando lo traen a este mundo.

Las carreras más elegidas

Después de la variedad de profesiones con las que sueña una persona desde niño, llega el momento en el que termina los estudios y debe elegir un camino a seguir, que puede ser en una universidad o bien otra opción.

De acuerdo con el último informe del Ministerio de Educación de la Nación, 904.328 estudiantes se han inscripto para comenzar una carrera universitaria. Esta cifra se divide en 445.763 personas que ingresaron a estudiar en 2014 y 458.565 al año siguiente.

¿Cuáles fueron las más elegidas? Según estadísticas de establecimientos estatales, tanto hombres como mujeres se inclinaron por Abogacía, Administración de Empresas y Contador Público Nacional. En el rubro femenino también se destacaron las carreras de Enfermería y Psicología, al tiempo que en el masculino las más populares fueron Sistemas e Informática e Ingeniería en Sistemas.

Por otra parte, uno de cada cuatro estudiantes se ha decidido por una universidad privada y allí las carreras más elegidas fueron Teología, Relaciones Públicas, Martillero Público Nacional, Diseño de Interiores, Relaciones Institucionales y Humanas, Contabilidad y Comercialización y Marketing.

En los establecimientos públicos estudian un 58 por ciento mujeres y 42 por ciento hombres, mientras que en los privados la diferencia es similar y se divide entre 57 y 43 por ciento. Además, en el ámbito público, el 45 por ciento de las mujeres y el 41 por ciento de los hombres eligen carreras relacionados con las ciencias sociales y jurídicas.

Argentina, con una baja tasa de graduados

De acuerdo con un informe anual realizado en 2017 por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), un 19 por ciento de los argentinos de entre 25 y 34 años ha completado una carrera universitaria. Este porcentaje es inferior al de otros países de América latina, como Chile (30%), Colombia (27%), Costa Rica (28%) y México (21%), aunque algo por encima de Brasil (17%).

Sin embargo, si el rango se amplía hasta los 64 años, se puede detectar que hay un 21 por ciento de graduados universitarios en el país, porcentaje inferior al promedio de los 35 países miembros de la OCDE (37%).

Por otra parte, los estudios indican que un 56 por ciento de los argentinos realizarán un programa universitario de corta duración en alguna etapa de su vida y aquí sí se convierte en el porcentaje más alto del mundo, pues está muy por arriba del 16 por ciento de media del organismo, que incluye entre sus países miembros a Estados Unidos, Alemania, Australia, Canadá, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Irlanda, Italia, Japón, México y Suiza, entre otros.

Además, en Argentina, un 14 por ciento de los graduados estudiaron carreras de ciencia, tecnología, ingeniería o matemáticas, 9 por ciento por debajo de la OCDE, lo que convierte al país en el segundo con menor porcentaje de graduados en estas disciplinas, sólo por detrás de Costa Rica.

Sin embargo, Argentina se destaca en el área de Educación, donde tiene un 16 por ciento de graduados frente al 10 de media del organismo.