Según información brindada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 1,25 millón de personas fallecen cada año en accidentes de tránsito en todo el mundo.

Por Marcelo Peralta Martínez y 
Jorge Fernández Gentile

salud@cronica.com.ar

Exceso de velocidad. Imprudencia. Impericia. Falta de controles. Pero también imprevisión. Violación continua y sistemática de las normas y reglas vigentes. Vehículos que no están en condiciones, o que son sobre exigidos al límite. Cuando en nuestro país se habla de accidentes de tránsito, se está englobando todo en un enorme combo, explosivo, preocupante, imprevisible y, lamentablemente, con tintes fatales. Porque las cifras asustan, pero esa tendencia no cambia por más y mejores campañas de prevención que se realicen, o porque los autos están mejor preparados para soportar un choque de alto impacto. Por eso es muy común leer en los diarios, y también ver y escuchar en noticieros televisivos y radiales, cifras increíbles de personas que pierden la vida diariamente, en violentos encontronazos.

No importa si hablamos de altas velocidades en autopistas y rutas, o si los impactos se dan en cualquier calle. Una triste realidad que, además, no contabiliza a miles de personas que terminan padeciendo lesiones que, muchas veces, arrastrarán de por vida, destrozadas en esas escasas centésimas de segundo, esas que quien manejaba quiso ganar y terminó por perder de manera irremediable.

Aun así, habrá que intensificar las campañas, y probablemente incorporar educación vial como una materia más a los programas de la escuela primaria, como una materia más. Quizás intentando romper con una concientización que no llega, a pesar de los esfuerzos de muchos, para modificar una triste tendencia. De una vez por todas.

¿Por qué manejamos mal?
¿Debido a qué razón plausible, tristemente, nos posicionamos entre los países con mayor mortalidad debido a accidentes fatales? Y más allá de las campañas que machacan e insisten con la necesidad de preservar la vida cuando nos ponemos al volante, ¿qué habría que hacer para cambiar esta nefasta tendencia? Primero habría que buscar las explicaciones, que las hay, pero...

Cuando hace varios años se impuso la obligatoriedad de que todos los vehículos estén munidos de cinturones de seguridad, y que los ocupantes los deban utilizar en forma sistemática, muchos argentinos se adaptaron a esas reglas, y aunque varios se quejaron en aquel momento, de buena o mala gana, esa obligatoriedad se hizo efectiva. Las fuertes multas a quienes infringen esa norma de tránsito tuvieron un fuerte impacto en aquel momento, y probablemente impulsó a aquellos reacios a aceptar el uso como algo natural. Pero aun así, los números desmienten que todos hayan entendido el real valor de llevarlos puestos. Si esa medida, que en una abrumadora mayoría se instaló en la sociedad argentina toda, no logra cuajar definitivamente, es porque no le damos importancia a lo que se nos enseña. Y ese grupo etario que va de los 17 a los 35 años lleva la delantera, en cuanto al grado de responsabilidades en accidentes fatales.

Otro ejemplo es el casco de los motociclistas, que en un primer golpe de vista, en la city porteña, parece ser una medida que se afianzó. En parte con medidas coercitivas, como por ejemplo aquella que impone que para cargar combustible hay que llevar puesto ese elemento de seguridad que cuida la cabeza. Sin embargo, no hay que andar demasiado para observar que no todos lo cumplen, y a pesar de los operativos viales y de las fuertes multas, las estadísticas sorprenden.

Alcohol y otras cuestiones
La responsabilidad de conducir sin beber alcohol es otra variable. Es verdad que las campañas por momentos arrecian en radio y TV, y que dan precisos consejos sobre cómo hay que hacer en esos casos. Lo mismo sucede con el tema de manejar escribiendo mensajitos o hablando por celular. Aunque las campañas son impresionantes y parecerían eficaces, pidiendo a gritos que no se utilice el teléfono mientras se conduce y sembrando conciencia, aun así, son estas dos las causas más recientes que han provocado más accidentes, ya sea en calles como en carreteras y autopistas. El cansancio acumulado es otro de los enemigos del que maneja, de igual manera que ingerir medicaciones o directamente drogas. Volver de una fiesta de madrugada, con la combinación que genera la ecuación bebida + comida + baile + fatiga + sueño, puede generar un simple “cabezazo”, producto de un imperceptible parpadeo de quien conduce, que termina estrellado contra otro auto o un poste de luz, en menos de ese cerrar y abrir los ojos. Vaya solo o acompañado. Y la fatalidad otra vez llamó a la puerta.

De estados y velocidades
Ni que hablar de aquellos que, sin real valor de lo que hacen, salen a conducir un auto que no está debidamente en condiciones. Mal de frenos, con neumáticos gastados, sin los elementos básicos (y reglamentarios) para detenerse si sufre un desperfecto. Si a eso se le suma la imprudencia de parar mal, o estacionarse peligrosamente en sitios prohibidos, otra vez la imprevisión juega su papel maléfico.

Por último, aunque el orden es simplemente aleatorio, los argentinos debemos reconocer que muchos soñamos con emular al mismísimo Juan Manuel Fangio. Claro que el Chueco, quíntuple campeón mundial, era un verdadero fenómeno acelerando en las pistas. Quienes lo hacen en una calle, ruta, avenida o autopista, violando las velocidades máximas, además de recibir fuertes multas, ponen en peligro sus vidas y las de quienes los rodean. Y en esto, aunque muchos ya aprendieron y han tomado conciencia, se contrarrestan con aquellos que, al volante, quieren emular a los Di Palma, los Traverso o los Ortelli, sin importarles nada. Otros que también suelen violar todas esas normas son aquellos responsables de vehículos de pasajeros y que, en algunos casos, se olvidan que llevan gente, para cumplir con horarios rígidos, o por llevar a alguien que está apurado porque le cierra el banco y se tomó un taxi o un remís, que supone lo maneja José María Pechito López o el Gurí Omar Martínez, y que va a volar para llegar a tiempo. Muchas veces lo logran. En otras, terminan estrolados contra una columna, o contra la trompa de otro auto que se les cruzó. Y chau apuro...

Otra no hay...
Con todo este combo tétrico, lo más importante sería, desde el gobierno nacional, junto a las diferentes entidades provinciales, públicas y sin fines de lucro que estudian el tema, cómo redefinir qué políticas educativas a aplicar, acompañadas por prevenciones y reglas a cumplir, con sus debidas sanciones. Solamente así se podría ir modificando, en el tiempo, un estado de situación crítico, que nos pone en un incómodo “top ten” entre los países con más muertes por accidentes de tránsito. Una triste estadística que no habla para nada bien de los argentinos.

189.790 casos fatales en 25 años
En nuestro país, a diferencia de otros, la cifra de casos fatales jamás ha descendido. Según datos de la asociación civil Luchemos por la Vida, en los últimos 25 años, 189.790 personas murieron por esta causa, mientras que millones resultaron con heridas, sufriendo, muchas de ellas, hasta discapacidades permanentes. No existe catástrofe, desastre natural o tragedia que haya superado este número de fallecidos en nuestro país. Los siguientes datos corresponden a un informe presentado hace meses por la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV) y el Ministerio de Transporte de la Nación (MTN):

  • El porcentaje de conductores que usa cinturón de seguridad es del 50,2%; en copilotos es del 42,9% y en ocupantes traseros desciende a 23,1%, detalla el estudio. Y agrega que sólo el 43,6% de los vehículos observados en la Argentina circula con todos sus ocupantes protegidos con ese sistema.
  • Durante el 2016 la ANSV relevó en todo el país datos de más de 82.000 vehículos y casi 38.000 motos. En total, el estudio involucró a más de 175.000 personas.
  • A nivel nacional, el uso de cinturón de seguridad es significativamente más bajo que las cifras de la mayor parte de los países de la región.
  • Cuatro de cada diez conductores de motos no usan casco, porcentaje que aumenta entre los menores de edad, ya que siete de cada diez circulan sin casco, conduciendo o como acompañantes. La mayoría de los motociclistas son jóvenes de entre 18 y 35 años, en tanto que ocho de cada diez son hombres, explicita el estudio.
  • En cuanto al uso de luces diurnas, sólo cuatro de cada diez las utiliza en forma reglamentaria.
  • El estudio realizado también hizo una distinción de género: ocho de cada diez conductores son hombres, y las mujeres manejan menos, “pero se cuidan más”, especifica. Y apunta que cerca del 60% usa el cinturón de seguridad, porcentaje que supera el 50% en los hombres.