Un clásico infaltable en las mesas de cumpleaños de los '90, el favorito de las abuelas que ahora hace su regreso triunfal y compite de igual a igual con las nuevas propuestas de pastelería. El fosforito es furor en Buenos Aires, una vez más.

Esta multicapa de hojaldre rellena de jamón y queso, cubierto por una suave de caramelo nunca se fue del todo, algunas panaderías lo conservaban para satisfacer la demanda del público fiel que apuesta a los fosforitos todo el año. Pero la novedad llegó con el boom de las pastelerías y las -por ahora pocas pero en breve muchas- que se animaron a sumarlo a su menú.

La respuesta del público fue excelente, los más jóvenes no los conocían y los más grandes se reencontraron con un clásico. El boca a boca digital hizo el resto, y entre las recomendaciones a lugares que ofrecen este manjar agridulce hay un nombre que siempre se repite: La Kitchen.

“Nuestro fosforito lleva tres días de preparación, todo se hace artesanalmente. El jamón curado durante 15 días y de pata de cerdo de pastura, el hojaldre, la frescura y la calidad de los ingredientes se nota en cada bocado”, cuenta Sofía Jungberg, quien junto a su marido Joakin Fargas, se animaron a abrir un local de café y pastelería al comienzo de la pandemia.

Casi un año y medio más tarde, cocinan más de 1.000 fosforitos por semana y se quedan cortos. “Sacamos tandas todo el día, en la semana son 150 por jornada y sábados y domingos son más de 200. A veces nos pasa que vienen clientes dos veces en el día y ya se acabaron, explica orgullosa Sofía.

La receta del fosforito es simple pero la técnica del hojaldrado requiere de una mano hábil para la pastelería.

Pero ¿qué es lo que diferencia su propuesta de la clásica receta?, simple, la calidad de la materia prima, la técnica impecable de hojaldrado y el relleno abundante. “Le ponemos mucho amor y mucho esmero a la receta, la fuimos perfeccionando durante un año. El primer fosforito allá por abril del 2020 estaba buenísimo, pero el actual es increíble. Las capas del hojaldre están perfectas, el sabor es delicioso y a la gente le encanta”, asegura Sofía y el público le da la razón. A pocas semanas de estar abiertos, el local ubicado en una pintoresca esquina del barrio porteño de Saavedra estaba lleno, con una fila de gente esperando por su fosforito, un croissant relleno de frambuesa o una porción de carrot cake, los productos más vendidos.

“Desde ese momento la fila nunca paró. Los fines de semana viene muchísima gente, cerca de 600 personas por día, hacen fila con el frío, bajo la lluvia, siempre están. Creemos que eso tiene que ver con la nueva realidad que impuso la pandemia, que hace que muchas personas elijan darse un gusto con algo rico”, advierte su dueña.

En La Kitchen reciben 600 personas por día y preparan más de 1.000 fosforitos por semana.

La Kitchen ganó el premio popular al mejor fosforito de Buenos Aires, lograron reversionar con pequeños detalles un clásico vintage de la panadería argentina que parecía haber quedado reservado solo para paladares nostálgicos, pero que hoy vuelve a ser protagonista para alegría de las abuelas y también de los más jóvenes.

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