Moria Casán defiende a Argentina: "Amo a mi país, es único y mágico"
EXCLUSIVO. La diva pasa por un buen presente de amor y trabajo, por lo que habló con DiarioShow.com sobre sus grandes pasiones.
Un momento especial, movilizador y de grandes apuestas. Moria Casán experimenta, en todos los terrenos, probablemente, la etapa con más dinamismo de su existencia. Y a las pruebas nos remitimos: realiza "Brujas", en el Multitabaris, clásico inagotable (ahora con la vuelta de Graciela Dufau) y "Julio César" (luego del exitoso paso por el Festival de Mérida), versión ultramoderna de José María Muscari sobre el texto de William Shakespeare, los sábados y domingos, en horario vespertino, en el teatro El Plata, barrio de Mataderos.
A esto, se le suma su energético romance con Fernando "Pato" Galmarini. ¿Cartón lleno? La propia One -que cumplió hace días 76 pujantes años- recorrió estos temas en charla a solas con DiarioShow.com.
-¿Cómo definirías esta etapa de tu vida?
-En este momento estoy hablando con vos y no tengo dudas de que es la mejor etapa de mi vida. Siento que mi respiración funciona bien y que mis ojos están aptos para ver el cielo desde mi cuarto. Yo soy del ahora. Cada etapa de mi vida es fabulosa, porque la puedo trascender. Y, en cuanto, a la plenitud, tiene que ver con que sigo transitando sentimientos intensos y con permisos que me doy. Además, estoy en pareja con un hombre que me hace bien y ese hombre, precisamente, me vino a buscar y por algo estoy. Por otra parte, personas y situaciones tóxicas de mi vida pude sacarlas y de eso aprendí.
-Entonces, ¿tu vínculo afectivo con el Pato Galmarini produjo un cimbronazo en tu vida?
-La historia con el Pato Galmarini comenzó cuando me vino a buscar para comunicarme que me iba a entregar un premio de la cultura y del deporte. Me invitó a tomar un café y acepté ir a ese evento, pero, finalmente, no pude asistir. Luego, comenzó a enviarme mucha documentación histórica, a través del celular, de la historia del peronismo. Me invitó, nuevamente, a salir, él quería conocer mi casa y yo acepté. De esa manera empezamos. El cimbronazo fue para mí, pero, me parece, que ha sido, también, para el público, porque nosotros somos una pareja aspiracional. La gente nos para en la calle y nos felicita. Los seres humanos somos atemporales. La edad es algo que yo no elegí; está únicamente en el documento de identidad. Y somos motivacionales, porque le damos estímulo a la gente para que tome conciencia de que se puede apostar a los desafíos en cualquier instancia de la vida. No depende uno de la edad para permitirse vivir bien. Los chicos jóvenes nos dicen: 'Ustedes son lindos, cancheros y una pareja sexy'. Estamos viviendo como una sexalescencia, nos estamos redescubriendo".
-Si hubieras tenido la posibilidad de tomar un café con la legendaria actriz del neorrealismo italiano Ana Magnani, ¿qué temas habrías charlado?
-Aclaro que desde chica yo conocí el cine de barrio continuado, con tres películas, por día. Y la Magnani formó parte de ese universo tan necesariamente querible para nosotros, los cinéfilos. Yo creo que hubiera hablado, por un lado, sobre cómo nos redescubrimos haciendo determinados papeles. Qué parte nuestra existe dentro de la actuación. Qué parte nos nutre para no quedarnos desprovistas de tantas emociones. En la actuación uno entrega tanto que, si vos sos tu propio escudo, la vulnerabilidad del actor es tremenda, porque se hacen presentes siempre las emociones más fuertes. Entonces, un artista haga lo que haga, es consciente de que el escenario es un vampiro. La gente paga una entrada para que la entretengas. Y yo estimo que es una especie de prostitución. Estás entregando tu alma por una entrada. Estás jugando con tus emociones. Te pagan para que los entretengas. Somos el clown del rey. Mis compañeras en "Brujas" lloran todas las noches y yo, en cambio, tengo un personaje que es un disparador bastante de humor, aunque en algún momento me emociono, pero sin recurrir a la memoria afectiva. El escenario es muy potente. Le hubiera preguntado (a la Magnani) cómo quedaba después de una función y cómo regulaba esa energía. Tengamos en cuenta que, hoy en día, el precio de una entrada es casi equivalente a dos sándwiches (risas). Y uno se entrega en su totalidad. Ateniéndonos a esta situación, entonces, la prostitución del alma más grande que existe es la del escenario. Y si bien estoy utilizando la palabra prostitución como una metafóra, con esto quiero expresar que hay que estar muy bien preparado para que nuestro trabajo te haga bien y no te genere disfunciones.
-Estuviste en la asunción de Sergio Massa como ministro de Economía. ¿Qué expectativas atesorás de su gestión?
-Yo formo parte de esa familia. Hace más de un año que salgo con Fernando "Pato" Galmarini, padre de Malena Galmarini y suegro de Sergio Massa. He descubierto a un hombre (Massa) extraordinario como padre y amigo. Estuve en las fiestas familiares y he conocido a un gran ser humano. En cuanto a las medidas políticas, no opino y te explico las razones: vivo desde hace muchos años en el país y he pasado por todos los gobiernos. Las medidas políticas o económicas me exceden. No es lo mío. Espero que le vaya bien y estoy convencida de que se trata de una persona brillante y que sabe, desde muy joven, lo que es la militancia. El día de la asunción estuve en primera fila porque, reitero, me considero de su familia. Por otra parte, con Malena me llevo muy bien y somos una gran familia, también. De lo que soy consciente es que hay muchas cosas por hacer y por trabajar. Yo amo a este país. Mi hija y mis nietos son argentinos y yo me hice famosa en mi país.
-No nos quedan dudas de que Argentina es tu lugar en el mundo...
-En 1973 estuve viviendo en Europa a partir de un espectáculo que protagonicé en la Torre Eiffel. Y recuerdo que tenía que estar atenta, a las once de la noche, debido a que era el último ascensor en funcionamiento de aquel monumento. Yo estaba acostumbrada, a las once de la noche, en Buenos Aires, a comenzar, recién, la segunda función teatral. Además, los fines de semana contábamos con una tercera función. Y a la salida del teatro, además, me iba a comer a Fechoría. En consecuencia, estaba en Francia ante ese cuadro de situación y, si bien yo soy una persona que me adapto a las circunstancias, dicho panorama me resultaba extraño. Ahora bien, hay que tener en cuenta que esos países forman parte de la cuna de la cultura y el pensamiento universal y que, además, me gratifican cada vez que los visito. Sin embargo, estar acostumbrada a todo lo que me brinda Buenos Aires en la vida social y de relaciones humanas, de poder ir a comer un choripán a un carrito de la Costanera a las cinco de la mañana, es algo único y, en este sentido, mi país es mágico.



