FARÁNDULA

Juan Carlos Altavista, el actor al que todos querían

Un personaje que resume la radiografía de la calle, la mesa del bar, la solidaridad, la familia y, por sobre todas las cosas, aquel amor incondicional por la madre. 

@RFilighera

Ha sido y es una figura entrañable de la historia del espectáculo argentino. Juan Carlos Altavista -de cuyo nacimiento se cumplieron 91 años 20 de julio- formó parte de esa gran pléyade de actores argentinos vinculados al corazón y sentimiento de la gente como un verdadero símbolo de identidad cultural de los barrios porteños. Si bien su emblemático personaje, Minguito Tinguitella, se apoderó del actor y lo hizo propio en cuerpo y espíritu, la trayectoria de Altavista ha tenido, desde que era adolescente, un paso fundamental en el camino por el cine argentino, así como también por el teatro y la televisión.

Juan Carlos se formó siendo apenas un adolescente en las huestes del Teatro Infantil Lavardén, en cuyas aulas tuvo la inmejorable oportunidad de compartir lecciones y enseñanzas junto a compañeras como Julia Sandoval, Beba Bidart y Beatriz Taibo. De esta manera, aquel chico fue forjando su escuela de interpretación en base a un estilo directo e intuitivo tan caro a los inolvidables actores de la época de oro del cine y el teatro argentino.

Debutó en la obra “Vivir con papá” y en cine tuvo su paso inicial en el recordado filme “Melodías de América”, en tanto luego se fueron dando participaciones que empezaron a evidenciar a un gran actor en formación, a través de filmes como “Madame Bovary” y “La última escuadrilla”. Por otra parte, tendría una valiosa participación en dos ciclos que marcaron profundamente la historia de la radiofonía argentina: “Los Pérez García” y “Pocholo, Pichuca y yo” (compartiendo cartel con Taibo) y de cuyas versiones en el cine, asimismo, también formó parte.

Con este cuadro de situación, la carrera de Altavista ha transitado por diferentes etapas y desde la adolescencia fue generando un camino que le aportó ineludible experiencia en el arte de la actuación. Así dadas las cosas y tal como lo admitió el querido actor, tuvo grandes maestros en el escenario como Luis Sandrini y Francisco Petrone, quienes lo ayudaron a comprender el compromiso del artista con su público.

Juan Carlos Altavista, el actor al que todos querían
En 1966, ganó un Martín Fierro como actor de reparto. (Foto: Diario Crónica)

 

Junto a Narciso Ibáñez Menta

Siendo muy joven, se presentarán a nivel teatral dos hitos fundamentales en los escenarios argentinos: nos estamos refiriendo a “Cuando en el cielo pasen lista”, la vida del famoso filántropo William Morris con la actuación principal de Narciso Ibáñez Menta y con quien protagonizaría, luego, en el teatro, la recordada obra “Sangre negra”, a la que también se sumaría otro inolvidable compañero de ruta: Marcos Zucker.

Cabe señalar que en el cine fue uno de los actores fetiches del realizador Enrique Carreras. En la película “Los muchachos de mi barrio” plasmó con su habitual creatividad el emblemático personaje de Fatiga que luego fue realizado, como se recordará, por José Marrone, en otro opus del séptimo arte: “La barra de la esquina”. Se acercó, en tanto, por primera vez a la televisión con el ciclo “Un mundo de juguete”, donde compartía rubro con su gran compañera de toda la vida, Beatriz Taibo, y también lo hizo en el ciclo “Estado civil, somos novios”, junto a Delma Ricci.

En cine, su aporte actoral lleva el registro de 51 filmes, varios de ellos con su inolvidable Mingo, en filmes como “Mingo y Aníbal en la mansión embrujada” y “Mingo y Aníbal contra los fantasmas”, producciones en la que compartió rubro con otro grande del universo del humor: Juan Carlos Calabró.

 

Juan Carlos Altavista, el actor al que todos querían
Con Juan Carlos Calabró, una dupla única. (Foto: Diario Crónica)

 

“El salame”

Sin embargo, en cine, uno de sus trabajos de corte costumbrista y garra dramática fue en el filme “El salame”, con guion de Norberto Aroldi y dirección de Fernando Siro. En ese filme corporizaba a un hombre sumiso e infeliz a quien, al ser confundido con un famoso asaltante de la época, la gente que lo despreciaba empieza a respetarlo. Con momentos muy felices de captaciones psicológicas y de pintura de ambiente, Altavista logró llevar a cabo uno de los grandes trabajos en materia cinematográfica.

Sin embargo, el gran capolavoro gran de toda su vida fue el incomparable Minguito Tinguitela y que, en definitiva, llegó a totalizar su carrera de actor, a punto tal que Altavista fue Mingo y Mingo se convirtió, inevitablemente, en Juan Carlos Altavista. ¿Cómo surgió? En definitiva, este personaje tenía raíces en el Felipe de otro grande: Luis Sandrini. Se hará presente en la vida del inolvidable intérprete a través de uno de sus trabajos, que llegó a plasmar en el ámbito radial. Y fue en el ciclo que había creado el recordado autor-guionista Juan Carlos Chiape, “Por las calles de Pompeya llora el tango y la Mireya”.

 

Tributo a su padre

Con el paso de los años, Mingo tuvo una enorme relevancia en el derrotero de Altavista, tal como venimos destacando, y Altavista fue enriqueciéndolo y poniéndole sello propio, desde la propia dinámica artística hasta el vestuario, puntualmente. Es que de alguna manera, Juan Carlos brindó a través de Mingo un emotivo tributo a la memoria de su padre: “Me puse ropas de mi viejo, su sombrero, su camisa, su saco, el echarpe, un cinto de cuero negro y le agregué zapatillas de paño, más un detalle para mí fundamental: el uso infaltable del escarbadientes”.

Otro detalle decisivo en su trayectoria está referido a la sociedad artística que plasmó junto al guionista Roberto Peregrino Salcedo, quien comprendió como nadie, y así lo llevó a escena, esas historias en las que Mingo desplegaba su enorme caudal de barrio, empedrado, solidaridad y afectos, postales de un Buenos Aires anclado en ese devenir y recorrido por los tiempos históricos.

Otro de los momentos más significativos de su trayectoria fue -de la mano de Gerardo Sofovich- su paso por la aún súper vigente “Polémica en el bar”, mesa en la que compartía humor, reflexiones y pintura de personajes junto a otros grandes capocómicos como Jorge Porcel, Javier Portales, Alberto Irízar, Vicente La Russa, Adolfo García Grau y el rey de la “sanata” (expresión en la que se quería decir un montón de cosas sin decir absolutamente nada), Fidel Pintos. En esas mesas, Altavista (perdón, Mingo) tenía unos impagables contrapuntos con el personaje que interpretaba Javier Portales, un tipo intelectual, que hacía gala de sus amplios conocimientos en el universo de la historia de las humanidades y del arte y que se contraponía, en consecuencia, con Tinguitela y con ese bagaje de hombre simple, sencillo y carente de conocimientos.

 

Radio Colonia

También para resaltar la otra gran sociedad artística de su carrera, en este caso con su gran amigo (y gran amigo, por otra parte, de este diario) Roberto González Rivero (Riverito), con quien trabajo en varios ciclos radiales. Quién suscribe estas líneas recuerda un afectuoso reportaje que se les realizó a ambos personajes en Radio El Mundo, cuando tenía su sede en la entonces calle Cangallo (hoy Perón), a corta distancia de Florida. Por otra parte, uno de esos trabajos compartidos entre Altavista y Rivero estuvo centrado en Radio Colonia (propiedad en ese entonces de Héctor Ricardo García, el fundador de Crónica), estudio que durante unos años estuvo ubicado en una oficina de la redacción del diario (piso quinto), en Azopardo y Garay, la aún hoy sede del diario. A modo de anécdota, Juan Carlos realizó una gran producción periodística en nuestro medio, ataviado con todas las pilchas del popular personaje.

Juan Carlos Altavista tuvo su propio ciclo en la pantalla de Canal 2 y mientras se encontraba grabando el citado ciclo “Vamos Mingo todavía”, el simulacro de un disparo asustó severamente al actor (padecía de problemas coronarios), por lo que debió ser trasladado inconsciente al Hospital Argerich, muriendo horas después aquel 20 de julio de 1989, a los 60 años. Sus restos fueron velados en la Asociación Argentina de Actores. El pueblo le agradeció, en ese último adiós, todo lo que Altavista, a través de su inolvidable Mingo, le había acercado a la gente durante muchos años: la posibilidad de entretenernos y disfrutar con ese personaje querible, sencillo y afectuoso al que íbamos a recordar de por vida.

 

La familia, su gran contención

 

Juan Carlos Altavista, el actor al que todos querían
Se casó con Raquel Álvarez, y tuvieron tres hijos. (Foto: Diario Crónica)

Juan Carlos Altavista estaba casado con Raquel Álvarez, actriz española que conoció en Canal 9, y fruto de esa unión nacieron Maribel (ex esposa de Miguel Ángel Rodríguez), Ana Clara y Juan Gabriel. La familia fue el universo del gran actor, allí encontró todo ese enorme caudal de amor y contención que lo ayudó a superar circunstancias y momentos de gran dificultad desde lo personal. Precisamente, Rodríguez, que se inició en las lides artísticas como productor de algunos de los programas de Marcelo Tinelli, interpretó el personaje de Mingo en varios momentos de su camino artístico, para brindarle de esa manera un más que merecido y respetuoso tributo.

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