En una época donde nuestro país recibió miles de inmigrantes de todas las latitudes del mundo, y su dedicación era exclusivamente para trabajar y progresar en este tierra, una figura de ascendencia italiana apareció desde las penumbras para dejar una marca trágica en la historia criminal argentina: se trata de Cayetano Santos Godino, más conocido como el "Petiso Orejudo", quien ha sido un asesino serial de niños y pirómano desde su temprana edad.

Nacido a finales de 1896 e hijo de inmigrantes italianos, la infancia de Godino transcurrió entre baldíos, cosechas, animales sueltos y calle de tierra en una ciudad de Buenos Aires que comenzaba a expandirse por el importante incremento poblacional.

Godino solía vivir y deambular por los conventillos de la zona (Archivo).

El niño también tuvo que vivir en un hogar plagado de alcoholismo por parte de un padre golpeador, que se desquitaba con él, su madre y hermanos, y esta situación tal vez sea el comienzo de un trastorno sufrido desde pequeño (casi muere de enteritis en sus primeros años), aunque nada justifica los cuatro homicidios, siete intentos de los mismos y el incendio de casi 10 edificios porteños que pesaron finalmente en su historial.

Mala semilla en la sociedad

Si bien sus padres lo inscribieron en varios colegios, Godino (quien poseía una particulares orejas, que luego fueron estudio de los peritos para saber si tenían algún vínculo con su mentalidad criminal) nunca tuvo interés por estudiar y casi siempre era expulsado de todas las instituciones por la mala conducta, Es por eso, que su vida la pasaba en la calles, conventillos y terrenos baldíos de la zona de Almagro y Parque Patricios, lugares donde comenzaron sus fechorías.

De pequeño comenzó con su fechorías (Archivo).

Con apenas 7 años de edad, su desprecio por la vida lo llevó a cometer un hecho que casi le cuesta la vida a un niño de dos años, llamado Miguel Depaola, a quien llevó engañado hasta un baldío del barrio, lo golpeó salvajemente y lo tiró a un lugar lleno de plantas con espinas. El destino salvó la vida de Depaola, porque un efectivo policial que pasaba por la zona, vio la situación y llevó a los niños a la comisaría donde tras varias horas fueron recogidos por sus padres.

En 1905, Godino atacó a Ana Neri (de un año y medio) llevándola a un terreno baldío y golpeándola en la cabeza con una piedra. Al igual que el caso anterior, un policía salvó la vida de la bebé y la "bestia asesina" fue puesta en libertad ese mismo día por ser menor.

Uno de los sitios donde mató a un niño (Archivo).

El 29 de marzo de 1906, el "Petiso Orejudo" ingresó en la historia de los criminales con su primer asesinato: con el mismo "modus operandi", tomó a María Rosa Face (3 años), la llevó a un baldío ubicado en la calle Río de Janeiro y la estranguló, aunque como aún no había logrado su cometido, la enterró viva con latas y otros elemenros encontrados en el descampado. Este homicidio nunca fue constatado por la policía, ya que fue confesado años más tarde por el criminal y en el lugar del hecho se había erigido un edificio, con lo cual el cuerpo de Face no se encontró.

Denuncia del padre

A todo esto, el comportamiento de Godino en su casa era espantoso. De hecho, su propio padre llegó a denunciarlo por "matar aves" y esconder sus cuerpos debajo de la almohada como un "trofeo de guerra", lo cual habla a las claras del desorden que tenía en su interior. En esta ocasión, Godino estuvo dos meses en la comisaría, salió de la misma y volvió a sus andanzas asesinas.

La ficha de Cayetano Santos Godino (Archivo).

En menos de una semana (septiembre de 1908), Godino ve frustrada dos veces sus ganas de matar niños, la primera cuando se llevó a Severino González Caló a una bodega ubicada frente al Colegio del Sagrado Corazón, e intentó ahogarlo en una pileta para caballos y lo tapó con maderas. Sin embargo, el dueño del establecimiento, Zacarìas Caviglia, salvó al pequeño pero no pudieron probar que Godino había sido el autor, ya que escapó.

Escasos días más tarde, en la calle Colombres al 600, quemó a Julio Botte (22 meses) con un cigarrillo en los párpados, pero la madre del menor lo descubrió y Godino volvió a escapar.

Uno de los artículos periodísticos de la época (Archivo).

Estos nuevos incidentes no hicieron más que hacer reaccionar nuevamente a sus padres (Fiore y Lucía Godino), quienes lo entregaron a la policía y el destino del "Petiso Orejudo" estuvo en el Instituto de Menores de Marcos Paz, sitio en el cual permaneció por tres años, aunque otra vez lo esperó la calle.

Con el inicio de 1912, su carrera criminal se potenció de la peor manera: fue el año en que más crímenes cometió. La estadía en Marcos Paz no pareció reformarlo sino todo lo contrario, lo convirtió en alguien más deleznable y macabro a la hora de ejecutar criaturas.

También pirómano

En enero de aquel año prendió fuego una bodega de la calle Corrientes y al ser detenido, dijo al comisario: "Me gusta ver trabajar a los bomberos, es lindo ver cómo caen en el fuego". Pocos días más tarde, la policía halló el cuerpo de Arturo Laurora (13) en una casa en alquiler de la calle Pavón. El mismo estaba golpeado, semidesnudo con un troza de cuerda atada al cuello, y con el sello de Godino.

Siguiendo con su pasión por el fuego, a comienzos de marzo, prendió fuego a Reyna Bonita Vainicoff, quien murió dos semanas más tarde en el Hospital de Niños por las quemaduras sufridas. Más tarde, se registraron tres siniestros (uno de ellos en la estación Vail de los tranvías Anglo-Argentina) pero fueron rápidamente controlados por los bomberos, además de masacrar a una yegua en una bodega de Paulino Gómez.

El 8 de noviembre de ese mismo año, llevó engañado a Roberto Russo (2) hasta un almacén donde iba a comprarle unos caramelos, lo ató y lo comenzó a ahorcar con una parte de cuerda de sus pantalones, aunque un peón lo descubrió y entregó a la policía, pero insólitamente fue liberado por "falta de mérito".

Más intentos para matar

Dos intentos de homicidio más se sumaron al lista de este "depredador de niños", uno de ellos tuvo como víctima a Carmen Ghittone (3), a quien llevó a un baldío de Deán Funes y Chiclana e intentó golpear, pero otro oficial de policía salvó a la niña y Godino escapó. El otro episodio tiene características similares al anterior, aunque la menor de cinco años (Catalina Naulener) intenta escapar, es golpeada por el "Petiso", pero es salvada por el dueño de una casa ubicada sobre la calle San Juan, aunque Godino volvió a escapar.

Para ese momento, los medios locales seguían con atención los horrendos crímenes de Godino pero la policía no ofrecía respuestas a la desesperada población, que temía por los niños, las presas predilectas de Cayetano.

Último crimen

El último crimen de Godino tuvo lugar el 3 de diciembre de 1912, cuando Gesualdo Giordano (3) salió de su casa para jugar con amigos, y tras divertirse sanamente, fueron captados por la presencia del asesino, quien con la promesa de comprar golosinas se llevó a Gesualdo hasta la Quinta Moreno (hoy Instituto Bernasconi). Allí comenzó a estrangularlo con el cordón de su pantalón, pero el pequeño luchaba por su vida.

Desesperado por no poder lograr su objetivo, Godino salió a la calle y se encontró con el padre de Gesualdo quien le preguntó por su hijo. Con una frialdad que helaba la sangre, Godino le dijo que fuera a la comisaría para hacer la denuncia mientras buscaba otro elemento para matar a la criatura. El criminal tuvo suerte y encontró un clavo de 10 centímetros que usando una piedra como martillo, clavó en la sien de la víctima.

Su mente enfermiza hizo que fuera al velatorio del niño para "ver si el clavo había quedado en la frente" y luego se fue del lugar. Esta maniobra había sido advertida por dos efectivos policiales (subcomisario Peire y principal Ricardo Bassetti), quienes decidieron allanar el domicilio de Godino (Urquiza al 1900), y hallaron un recorte de diario del crimen de Gesualdo y en sus pantalones, restos del piolín con el que mató al niño, por lo que fue detenido de inmediato.

Tras su detención, confesó cuatro crímenes y siete intentos de homicidio. Pero a finales de 1914, el juez en lo penal Ramos Mejía lo absolvió insólitamente por considerarlo penalmente irresponsable y fue internado en el hospicio de las Mercedes, donde atacó a dos pacientes y además intentó huir. Tras esta situación, el Ministerio Público trasladó a Godino a la Penitenciaría Nacional (ubicada en aquel momento en Coronel Díaz y Las Heras).

Santos Godino en su estadía en el penal de Ushuaia (Archivo).

En 1923 fue trasladado al penal de Ushuaia, donde médicos locales operaron sus orejas por creer que ahí nacía su maldad, aunque este tratamiento no tuvo resultados, ya que mató al gato que era la mascota de la cárcel y lo arrojó al fuego. Los reos lo golpearon tanto que estuvo tres semanas en la enfermería.

Ya en 1936 pidió su libertad pero la junta médica se la negó porque los estudios indicaban que "era un imbécil o un degenerado hereditario, perverso instintivo, extremadamente peligroso para quienes lo rodean".

La tumba de Cayetano Godino en Ushuaia (Archivo).

Sus días en la cárcel fueron sombríos, ya que no recibía cartas de nadie, ni visitas y era odiado por todos, aunque nunca tuvo remordimientos por lo que hizo. Murió el 15 de noviembre de 1944 aunque las circunstancias son una duda, ya que algunos sostienen que falleció producto de una hemorragia interna causada por un proceso ulceroso gastroduodenal, y otros sostienen que su deceso se produjo debido a las heridas recibidas por la palizas internas.

Lo cierto es que la cárcel fueguina fue cerrada en 1947 y al momento de sacar los cuerpos del cementerio del penal, los restos de Godino habían sido robados. Tal vez haya sido su peor castigo por tanto mal que hizo sobre la tierra.

POR G.A.

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