Los "Barbudos Villanos" sólo tienen tatuado el valor de la solidaridad
Se trata de Bearded Villains, una ONG que es ejemplo a imitar. Crónica dialogó con integrantes de la organización dedicada a repartir alimentos, ropa y kits de higiene a personas en situación de calle. Conocé su historia.
Por Mariano Cerrato
@MarianoDCerrato
El espíritu de estos grandes hombres, de barbas largas y llenos de tatuajes, puede dar una idea equivocada de gente ruda que ellos intentan modificar. O en todo caso, les permite tener la excusa perfecta para cambiar este preconcepto con la realización de ayuda comunitaria a personas que viven en situación de calle, que incluye el reparto de alimentos, ropa y la entrega de kits de higiene, que reforzaron en pandemia.
Bearded Villains (en español "Barbudos Villanos") es una organización que nació en 2014 lejos de la Argentina, en la ciudad estadounidense de Los Ángeles, que se fue replicando en distintos países y que comenzó un año después en territorio nacional.
"Una vez por semana hacemos las recorridas. Cuando empezamos no teníamos la práctica. La ONG 'Unidos en el camino' nos mostró cómo se organizaban y se dividían ellos. Que se dividían para cocinar, hacían guisos, que otros preparaban las bandejas, los jugos y nos mostraban dónde hay más gente en situación de calle", explicó Mauro Ponti, presidente de la organización en la Argentina, en diálogo con Crónica.
Las tareas de Bearded Villains se organizan por grupos de "forma federal y en todo el país" compuesto por un total de 100 personas, que tienen como único requisito para unirse dejarse crecer al menos 4 centímetros de barba, y quienes por las noches hacen recorridas por distintos puntos de su zona de cercanía.
Tal es el caso de Fernando Rocco, integrante del club y organizador de los recorridos que se realizan en la Ciudad de Buenos Aires. Rocco explicó que al menos "una vez por semana" realizan esta tarea con "dos o tres autos" con los que van a diferentes puntos donde se encuentran personas en situación de calle, como "frente al Hospital Ramos Mejía o también en el barrio de Once".
"Nos juntamos en la casa de alguno de los integrantes y llevamos comida para esa misma noche y algo para que puedan comer de postre, además de alguna vianda para el día siguiente. También les dábamos ropa, que ahora no estamos repartiendo por los riesgos de la pandemia, y damos un kit de higiene", resaltó Fernando.
Al respecto, Rocco hizo hincapié en que "la entrega de alimentos es una excusa" para poder establecer también un vínculo con las personas, con quienes "café de por medio", charlan durante largo tiempo.
"Con la pandemia agregamos a los kits de higiene barbijos, máscaras y alcohol en gel. Pero lo que más se extraña es que ahora no les podemos dar abrazos. Ellos necesitan tener quienes los escuchen. Cuando te dicen 'qué rica que está la comida' te llena el alma", destacó emocionado el integrante de la organización.
Entre las personas que visitan, hay jóvenes con problemas de adicciones, familias que sufren violencia, entre otras problemáticas, que los obliga a "saber abordar" las situaciones.
En relación a la experiencia en los últimos meses de pandemia, Ponti señaló que durante los primeros meses de cuarentena se vieron obligados a parar con las recorridas por las restricciones de circulación, pero las ayudas fueron dirigidas a los integrantes del club con dificultades.
"Nosotros somos todos laburantes y más de uno la pasó mal, por lo que la ayuda que por ahí le dábamos antes a la gente en situación de calle tuvimos que dársela a la gente que no llegaba a fin de mes", finalizó.
Por M.C.

