Lleva la solidaridad en la sangre

Entrevista exclusiva con el tatuador Diego Staropoli, un verdadero ejemplo que no solo ayuda a chicos del interior, apadrinando escuelas, sino también a mujeres que padecieron cáncer. Conocé su historia.

Por Marcelo Peralta Martínez
mperalta@cronica.com.ar

Desde hace 10 años apadrina cinco escuelas rurales y un hospital al cual le pudo llevar dos equipos modernos. Además, aprovecha su arte para ayudar a mujeres que padecieron cáncer de mama. Esta increíble historia empezó en una casa de tattoo y su protagonista es Diego Staropoli.

El local tiene 24 años, él 45, y hace 13 realiza una exposición de tatuajes por lo que recuerda que “en una de las primeras expo una chica que colaboraba con nosotros nos contó que apadrinaba una escuela de San Juan y nos pidió si le podíamos dar una mano juntando donaciones. Hasta ese momento estaba ajeno a todo, vivía en mi mundo. Ella me contó de qué se trataba y le propuse que la entrada, que en ese entonces valía 5 pesos, la íbamos a cobrar 6, así la diferencia era para la escuela e íbamos a comprar pintura y pintar nosotros, porque yo quería llevárselo personalmente”. Así emprendió el camino solidario, “sin saber cuál era el objetivo final. Fue un flash, llegamos y nos pegó una patada en el pecho. Ver la realidad de la gente, lo sufrida, y el patriotismo que hay”.

Ya de vuelta en Buenos Aires, “hablé con la Asociación de Padrinos de Escuelas Rurales y enganchamos una escuelita al norte de Santa Fe que hacía muchos años estaba sin padrino”. De inmediato, Diego se contactó con la directora y le propuso ser el padrino.

“Le dije que éramos tatuadores, que averigüe por Internet quiénes éramos. No quería caerle todo dibujado y que la gente entre en pánico”, narró.

De su debut como padrino recordó: “Nos recibieron bárbaro y rápidamente pasamos a tener dos escuelas en Santa Fe y apadrinar el hospital del pueblo, al que le pudimos comprar su primer ecógrafo. Y también le llevamos un equipo de rayos nuevo”.

No conforme con todo esto, “me propuse ayudar a una escuela de Salta pero en el viaje nos quedamos tirados y volviendo ayudamos a una escuela que vimos en el camino, la cual apadrinamos formalmente hace 6 o 7 años”.

Experiencia inolvidable

Además de llevarles cosas, “estamos con los chicos y cuando podemos los traemos a conocer Buenos Aires. En mayo vamos a tatuar a Jujuy, así traemos a la última escuela que nos falta. Es increíble, porque los chicos viven en los cerros y ni siquiera conocen el pueblo más cercano”.

Luego, indicó que por los tatuajes y los pelos largos “al principio la gente que no te conoce entra en pánico y después se terminan enamorando porque entienden que no tenemos ningún tipo de ideología política, ni religiosa. Vamos porque nos gusta, porque nos hace bien y ellos se enloquecen, son muy agradecidos, eso es lo importante”.

En total son casi 400 chicos los que tienen como padrino a Diego “y no te digo que conozco a todos, pero a casi todos. Este año, se reciben de maestros un chico y una chica que eran ahijados nuestros y cuando nosotros llegamos estaban en la primaria”.

BORRANDO CICATRICES, UN MIMO AL ALMA
TATÚA GRATIS, A QUIENES PADECIERON CÁNCER DE MAMA

Las mujeres que sufrieron cáncer de mama llevan una cicatriz que, ante el espejo, las hace sentirse diferentes. Ellas son verdaderas luchadoras. La vida las puso a prueba y con mucho valor lograron vencer y ganar la batalla.

Por eso, Diego no sólo realiza esta gran tarea de apadrinar escuelas rurales, sino que además se dedica desde “hace un año y medio a tatuar a mujeres que sufrieron de cáncer de mama, que pierden los pechos”, es decir, la areola mamaria, una de las secuelas que llevan quienes padecieron esta enfermedad y que debieron realizarse una mastectomía o que, por la ubicación del tumor, perdieron el pezón, tras luchar por su vida.

“Después de que le reconstruyen el pecho con silicona, le tatúo la areola mamaria, el pezón. Y lo hago gratis”.

Al día de hoy tatuó a más de 150 mujeres en donde la edad promedio es 40 años, al tiempo que Diego recuerda de esta experiencia que la reacción de esas mujeres cuando se ven al espejo “es muy emocionante, terminan llorando, te abrazan, te agradecen”. Y más tarde comentó que “les hicimos una fiesta homenaje a todas la mujeres que tatuamos el año pasado”.

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