Por Alicia Barrios
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El Vaticano no está envuelto en ningún escándalo. Se investiga a algunos dirigentes de la Santa Sede, sí, pero este es el estilo de Bergoglio, quien siempre auditó todo desde que era cardenal. Es de esas personas que hacen cálculos mentales con la velocidad de la Luz. Para él, es gravísimo que lo traicionen. En cristiano criollo, no permite “que le metan la mano en el bolsillo”.

En estos días se anunció que hay personas involucradas en una investigación por la supuesta compra de propiedades. Se trata de cinco funcionarios. Esto quiere decir que se desarrollaron anticuerpos que reaccionan como corresponde y el camino de las reformas de los organismos económico-financieros está bien dirigido. Funcionan. Nada para sorprenderse ni ocupar la portada de los medios como sucedió en las últimas horas.

Para quienes conocemos el paño, sabemos que en la víspera del Congreso de la Amazonia no van a cesar las operaciones en contra de Francisco. El cuidado de la Tierra, con la presencia de comunidades aborígenes y denuncias por la depredación del medio ambiente, tiene enemigos poderosos y voraces. Desde Donald Trump hasta Jair Bolsonaro, sólo por nombrar algunos referentes. No olvidemos los últimos incendios forestales de la selva amazónica, que es el pulmón del mundo, y la actitud de Bolsonaro haciéndose el distraído porque a él lo apoyan los terratenientes interesados en plantar soja en la zona. Son múltiples las presiones y campañas mediáticas en contra de Francisco; la de este sínodo en el que va a tocar intereses muy contaminados recién empieza. La historia se repite.

En el sínodo sobre los abusos, en febrero de este año, se trató de tapar el sol con las manos con un escandaloso libro que se llama “Sodoma”, de Frederik Martel, que abunda en “fake news” donde algunos argentinos, de cuyo nombre no quiero acordarme, también dejaron su falso testimonio. Son campañas sucias, mediáticas, que tienen como objetivo embarrar las denuncias de Su Santidad. Por lo general son financiadas por Estados Unidos o Alemania. No sólo en esos países, sino que cuentan con dinero suficiente para extenderlas por todo el mundo como un reguero de pólvora.

Bergoglio ni se inmuta. No es que no le teme a nada. El diablo para él es un tema serio. Tampoco se angustia cuando viaja. Eso sí, les tiene miedo a los mosquitos. Lo declaró él mismo. Usa un repelente que se vende en la farmacia que está dentro de la Ciudad del Vaticano, adonde los periodistas vamos corriendo a comprar y en el vuelo papal todos olemos igual.