Después de más de un mes de recorrido, centenares de latinos llegaron al lugar deseado: la frontera entre México y Estados Unidos. Allí, reclamarán asilo en territorio yanqui, pese a que hay varias barreras que los separan. Una, la física, instalada en el límite; la otra, aún peor, el desprecio de Donald Trump.

Centenares de personas, en su mayoría mujeres y niños, provenientes de países centroamericanos cruzaron México y llegaron ayer a Tijuana, en el extremo noroeste del país azteca, con la intención de seguir su camino rumbo al norte, en busca del asilo que les permita mejorar su calidad de vida, además de alejarse de la violencia y la pobreza de sus países de origen.

Del otro lado de la reja, otro numeroso grupo de extranjeros instalados en California los recibió con carteles en favor del libre tránsito entre países Sin embargo, sus deseos ya fueron desechados por Trump, quien criticó la marcha, conocida como "Vía Crucis", al afirmar que "se estaban volviendo más peligrosas", por lo que exigió al gobierno mexicano que las detuviera y las enviara de regreso a sus países.

Pese a todo, fiesta

Más allá de las dificultades, siempre tiene que triunfar el amor. Por eso, antes de llegar a la valla fronteriza, cuatro parejas decidieron casarse en el Parque de la Amistad, en Tijuana. Estas ceremonias fueron una forma de enfrentar uno de los mayores temores que tienen quienes pretenden cruzar a Estados Unidos, como es su separación por parte de las autoridades migratorias yanquis.

"Estamos peleando para que las parejas que tienen hijos sean reconocidos como una familia", explicó Emma Lozano, pastora de Familia Latina Unida, un grupo que lucha por los derechos de los migrantes. "El certificado matrimonial es un documento legal que prueba que son una familia. Ellos no pueden dividir a una familia", concluyó.

Sin embargo, para los centenares de personas que llegaron y los tantos que arribarán en los próximos días, la odisea en busca de una vida mejor recién comienza.