Tras el final de la Segunda Guerra Mundial, la comunidad inglesa se aprestaba a recuperar su "vida normal", ya que la reconstrucción de una nación golpeada por el conflicto bélico, duró largo tiempo hasta lo que se conoce en la actualidad.

Mientras millones de británicos luchaban día a día para levantar al país, entre sus sombras apareció un personaje nefasto que fue llamado como "El asesino del baño de ácido", un sujeto que asesinó a varias personas para quedarse con su dinero y que utilizaba este fluído para deshacerse de los cuerpos de las víctimas.

El criminal en cuestión fue John George Haigh, quien nació en julio de 1909 en la ciudad británica de Stamford, y a pesar de provenir de un hogar ultra religioso y conservador por parte de sus padres (Alfred y Emily), ésto no impidió que abandonara la escuela a los 17 años y se casara a los 25 años con Betty Hammer.

Desde joven, un delincuente

Precisamente, en la década del 30 comenzó la carrera delictiva de Haigh, ya que al no querer "trabajar para nadie", comenzó con el negocio de la falsificación de documentos de rodados, situación que lo llevó a la cárcel por 15 meses en la prisión de Leeds Assizes en 1934.

Su personaje se encuentra en el Museo de Madame Tussauds (Archivo).

Como consecuencia de esto, su mujer e hija lo abandonaron y su ex esposa dió en adopción a la criatura. Tras tener un pequeña empresa de limpieza en seco con un amigo, la misma cerró por un accidente fatal de su socio, por lo que en 1936, Haigh se trasladó hacia la ciudad de Londres, donde trabajó como chofer de una acaudalada familia pero nunca pudo dejar de lado su amor por la estafa, y al ser descubierto en una serie de ilícitos con documentos, otra vez cayó en la cárcel en 1937 y condenado a cuatro años.

Varios artículos se escribieron sobre este criminal (Imagen ilustrativa).

Durante escasos años, Haigh se desempeñó como vendedor de una empresa en Crawley, aunque en 1944 cambió su vida para siempre. En aquel entonces, el delincuente se hacía pasar por un contador y conoció a William McSwan, su primera víctima, con quien se encontró en un bar de Kensington High Street para tomar unos tragos, luego fueron hasta un taller que Haigh tenía sobre la calle Gloucester y le aplastó el cráneo, para luego meter el cuerpo de la víctima en un barril llenó de ácido sulfúrico.

Los diarios británicos siguieron los casos (Archivo).

La idea de matar a McSwan estuvo siempre clara, le había dicho a los padres de la víctimas que su hijo estaba en Escocia y escribía en nombre de él para decir que "todo estaba bien", y cuando tuvo suficiente confianza con la pareja, los mató, sumergió sus cuerpos en el ácido y se atribuyó su nombre en 1945, con lo cual obtuvo el control legal de todas sus posesiones y se alzó con miles de libras esterlinas.

John Haigh: carrera de asesinatos

A partir de este momento, comenzó una serie de crímenes con la obsesión de quedarse con el dinero de las víctimas y "borrar" todo tipo de conexión entre los muertos y sus cuentas bancarias. Es por eso, que en 1947 conoció a una pareja de apellido Henderson y meses más tarde, los llevó a su taller, los mató a balazos e introdujo sus cuerpos en una barril con ácido, además de quedarse con dinero y objetos de valor de los occisos.

Algunas víctimas de John Haigh (Archivo).

Para el año 1948, Haigh vivía en el Onslow Court Hotel de la zona de Kensington, y allí conoció a Olivia Durand-Deacon, una acaudalada mujer que también habitaba el mismo lugar. Desafortunadamente, la rica mujer corrió la misma desgracia, ya que le mostró sus uñas postizas al criminal, quien le dijo que podría diseñar un producto similar pero con mejor calidad.

Otro de los libros que se escribieron sobre John Haigh (Imagen ilustrativa).

La víctima "picó el anzuelo" y lo acompañó hasta el "taller de la muerte", donde el asesino le disparó en la nuca a la víctima, y tras quitarle el abrigo de piel y sus joyas, sumergió el cuerpo en el ácido.

El taller donde John Haigh mató a sus víctimas (Archivo).

Como si nada hubiera pasado, Haigh volvió al hotel y cenó de manera abundante. Con el paso de las horas, los otros moradores le preguntaron sobre la señora Deacon, y al contestarle de manera negativa, la señora Lane dijo que acudiría a la policía para denunciar el hecho, situación que el cínico Haigh estuvo y de acuerdo y se ofreció a acompañarla.

Reino Unido estuvo conmocionado por los hechos (Archivo).

A llegar a la estación de policía de Chelsea, una mujer policía les tomó declaración a ambos, y la agente de orden sospechó de inmediato de Haigh, por lo que mandó a pedir informes a Scotland Yard, que en pocos días sacó a la luz los antecedentes penales de este sujeto, y la mira policial se posó sobre Haigh.

John Haigh se escondía en el Hotel Onslow (Archivo).

Un serie de investigaciones llevó a la policía británica a allanar el taller de Haigh, donde encontraron restos óseos humanos mezclados con ácido sulfúrico en estado viscoso, y a finales de febrero de 1949, el criminal terminó detenido.

Los investigadores hallaron muchas pruebas en el taller (archivo).

Como era de esperar, la prensa inglesa se hizo eco de "El asesino del baño de ácido" y el caso se volvió mediático, de hecho, los medios siguieron el juicio de manera minuciosa. Haigh terminó confesando los crímenes más las pericias policiales que fueron confirmando sus dichos, hicieron que el asesino serial reciba una condena social y judicial, a pesar de que los abogados defensores intentaron alegar que Haigh estaba loco y no debía ser condenado a muerte.

El juicio de John Haigh fue uno de los más mediáticos del Reino Unido (Archivo).

Sin embargo, la justicia británica halló culpable a John Haigh por seis crímenes, aunque el propio asesino había confesado 9, por lo que fue condenado a muerte, sentencia que se cumplió el 10 de agosto de 1949 en la prisión de Wandsworth donde fue ahorcado.

El documental dedicado al asesino serial (Imagen ilustrativa).

POR G.A.

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