Sacha Reeve, una mujer australiana de 25 años de edad, padecía una series de trastornos alimenticios que la llevaron a pesar cerca de 30 kilos.

Durante nueve años su ingesta diaria se redujo a un bowl pequeño de brócoli al vapor o verduras, un paquete de cigarrillos y media lata de gaseosa cola. Un total de menos de 150 calorías diarias.

Esta era Sacha Reeve cuando pesaba 30 kilogramos.

La joven afirma que comenzó a restringirse con las comidas en la escuela secundaria, donde ella tiraba sus almuerzos.

La internación

Estuvo durante más de una semana internada en un hospital para trastornos de la alimentación que solo tenía cuatro camas disponibles.

Su médico le tomó la presión arterial y la remitió a un especialista del corazón, la enviaron a la unidad de cuidados intensivos, donde le dijeron que su corazón estaba fallando.

"Me sentí gorda, me sentí fea, me sentí sin valor, me sentí atrapada y hay un significado más fuerte detrás de esas palabras en lugar de solo gordo", explicó Reeve sobre sus primeros síntomas de un severo cuadro de anorexia.

La joven estuvo internada durante varias semanas.

La recuperación fue larga para Sacha, que tuvo que ser tratada durante un año para trabajar en su peso y salud mental. No podía hablar, leer ni escribir, incluso tampoco lograba identificar los rostros de las personas que estaban con ella.

Su condición hizo que su "cerebro se apagara" y no podía reconocer las caras de nadie, ni hablar, leer ni escribir. Durante su peor momento se pesó y la balanza se clavó en 30 kilos y tuvo que ser internada de urgencia.

"Pensé y sentí que era un completo y absoluto desperdicio de espacio y que no valía nada en absoluto, así que le puse tanto valor a mi apariencia que cuando no era lo suficientemente buena sentí que había fallado por completo", agregó la australiana.

El camino a la recuperación

Anne, la madre de Reeve, se tomó un largo tiempo de vacaciones para cuidar de su hija cuando recibió el alta del hospital y ambas se quedaron juntas en casa con el compromiso de supervisar una dieta que la devolviera a su mejor estado físico.

"Por suerte, en este momento, mi madre tuvo un tiempo de descanso, así que pudo llevarme a casa y regresar a su casa para cuidarme durante unas semanas mientras esto pasaba", explicó la joven respecto de sus primeros pasos para recuperarse de la anorexia.

Sacha junto a su madre Anne.

Reeve logró lentamente mejorar su salud y alcanzar un peso saludable de 61 kilos y pasó de ser talla 4 a 10 dentro de la escala de talles en Australia.

"Comí mucho, descansé mucho, y poco a poco comencé a hablar nuevamente, reconociendo caras, entendiendo lo que otros decían", dijo sobre sus primeros pasos para volver a ser la personas que fue.

Así luce la australiana hoy en día.

Sacha ahora quiere crear conciencia sobre los trastornos alimentarios y los peligros que representan para la vida de las personas al compartir su historia con sus seguidores en Instagram.

"Ya no estoy meramente existiendo sino que estoy viviendo. Ahora puedo viajar sin tener miedo de que mi corazón me va a fallar en un avión. No me levanto por las mañanas con odio sobre mi y amo mi cuerpo tal como es", reconoció respecto de cómo le ganó la batalla a la anorexia.

Reeve concientiza a través de redes sociales.

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